Archivo de Octubre, 2008

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29
Oct

‘¿Ángel o diablo?’ (1945)

¿Ángel o diablo?

Si hoy fuera el 5 de diciembre de 1945 y estuviésemos en la piel de Dana Andrews, seguramente estaríamos tomando un café bien caliente en el bar de Pop, que nos miraría desde la barra con su habitual cara de preocupación. A nuestra izquierda habría un hombre de mal carácter, un policía obligado a vivir en aquel pueblo de mala muerte para no agravar sus problemas de salud. Al fondo del bar, una jukebox repetiría la misma canción una y otra vez: Slowly, interpretada con voz de barítono por Dick Haymes sobre la música de David Raksin. Y, en cualquier momento, todavía despeinada por el último achuchón de su amante, Stella haría acto de presencia para dejarnos de piedra con su altiva sensualidad.

Tan acogedora resulta la escena que plasmó Otto Preminger en la gran pantalla, que es inevitable empezar esta crítica con ella. Hablamos de la película ¿Ángel o diablo?, un título menor dentro del cine negro americano -también dentro de la filmografía de Preminger- pero rodado con muchísima elegancia y varios puntos de acidez.

La historia arranca con la llegada de Eric Stanton (Dana Andrews) a un pequeño pueblo de la costa Oeste. Arruinado y sin trabajo, utiliza sus dotes de relaciones públicas para ayudar a una pareja de farsantes que engaña al público en una sesión de espiritismo. Cuando éstos se marchan, Stanton decide alargar su estancia en el pueblo. ¿El motivo? La boquita de piñón de Stella (Linda Darnell), camarera del bar de Pop, con la que inicia una relación muy pasional. Pero ella está harta de sus continuos amantes; quiere a alguien que la saque de aquel tugurio, casarse y formar una familia. Stanton pierde la cabeza al saber que, sin dinero, no podrá tenerla; por eso se casa con la hija del ex alcalde y pide un poco de tiempo a Stella.


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28
Oct

Henry Fonda vs. Charles Bronson: duelo a muerte con Morricone de fondo

La escena que hoy os ofrecemos es el punto culminante del western Hasta que llegó su hora (1968), dirigido por Sergio Leone. En ella, Henry Fonda y Charles Bronson dirimen sus diferencias a punta de pistola, con un flash-back explicativo que aclara todas las incógnitas surgidas durante las tres horas de metraje. Así que, si no habéis visto el film o pensáis hacerlo, quizá sería mejor no darle al “play”. Los demás, disfrutad de esta secuencia; no sólo a nivel visual, sino también con la banda sonora creada por Ennio Morricone, elegíaca y magnífica, un auténtico regalo para los oídos.

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27
Oct

‘Las vampiras’ de Jesús Franco, por primera vez en DVD sin censura

Las vampiras

El mercado de clásicos en DVD se toma un respiro antes de afrontar la campaña navideña. Casi no hay estrenos que comentar esta semana. Rescatamos, por lo que tiene de novedoso y bizarro, una película del ínclito Jesús Franco llamada Las vampiras. Rodada en 1971 con el título original de Vampiros lesbos, se estrenó dos años más tarde -sí, con el otro Franco de cuerpo… presente- pero sufrió un importante tijeretazo que eliminó las escenas más tórridas.

El guión lo escribió el propio Jess basándose en la novela de Bram Stoker y en colaboración con Jaime Chávarri, si bien éste niega haber tenido nada que ver. La protagonista, Linda Westinghouse (Ewa Strömberg) es una joven abogada americana que trabaja en un bufete de Estambul; su vida es apacible, pero por las noches tiene unos extraños sueños en los que es acosada sexualmente por una morenaza. Linda, guiada por del destino, acudirá a la costa de Turquía para encontrarse con su sueño: la condesa Nadine Carody, encarnada por la sevillana Soledad Miranda, que falleció poco después del rodaje en un accidente de tráfico.

No es necesario decir que el film tiene escenas lésbicas, fetichismo, desnudos integrales, striptease y litros y litros de sangre, como es habitual en las obras de Jesús Franco. Pero decíamos que esta edición en DVD tenía un elemento novedoso; y es que se han recuperado los 20 minutos de película que en su día fueron censurados. Además, incluye una presentación del propio Franco y un perfil biográfico de la malograda Soledad.

Vía | ZonaDVD

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25
Oct

El histórico desnudo de Hedy Lamarr

Este fin de semana se ha estrenado Los años desnudos, donde Candela Peña, Mar Flores y Goya Toledo homenajean a las actrices españolas que rodaron las primeras cintas eróticas de la transición. Es una buena excusa para recordar al que está considerado primer desnudo integral de la historia del cine: el de Hedy Lamarr en Éxtasis (1933). Arriba tenéis el vídeo. De todas formas, habría que ser más precisos y decir que el de Lamarr fue el primer desnudo en un film comercial, puesto que la carne humana ya había sido expuesta en todo su esplendor en las cintas pornográficas de los años veinte (para más información, recomiendo el documental Golfos y picardías de antaño).

Éxtasis fue una coproducción austríaca y checa dirigida por Gustav Machatý. No hace falta decir que fue prohibida en Estados Unidos, donde ya se redactaba el código Hays, e incluso fue condenada por el papa Pío XII (suponemos que después de verla con detalle). La escena, como véis, es inocente como ella sola: Hedy se desnuda para tomar un baño en un lago y, de repente, su caballo se escapa. La chica sale del agua y se pone a correr por el bosque como Dios la trajo al mundo, persiguiendo al animal, que intercambia lametazos con una yegua en un rancho cercano.

Pero si véis la película completa, esta famosa escena queda en una anécdota. No es que haya más desnudos, pero sí más insinuaciones eróticas; por ejemplo, el modo en que Lamarr introduce su dedo lentamente en el anillo de recién casada. Además, el picarón de Machatý -que años antes había rodado un film más explícito de título Erotikon- recreó la escena del éxtasis de Lamarr con un sugerente cambio de planos centrados en el rostro de la mujer, entregada al placer de la carne, planos de los que se desprenden inteligencia y buen gusto.

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24
Oct

El crack del 29, según Groucho

Groucho Marx

No entiendo mucho de economía ni sé cómo funciona la bolsa; pero hoy todo Dios anda frenético con los números rojos y me temo que eso repercutirá también en quienes miramos al dinero de soslayo. El colmo es la coincidencia del 24 de octubre con aquel jueves negro de 1929. Groucho Marx fue uno de los muchos de estadounidenses que perdió miles de dólares en acciones, aunque su conocida tacañería y su cordura le evitaron caer en la bancarrota absoluta. Años después, en su libro Groucho y yo, recordó con fina ironía cómo fueron aquellos días. He aquí algunos párrafos; porque más vale prevenir…

“Hacia 1926 descubrí ser un negociante muy astuto. O al menos eso parecía, porque todo lo que compraba inmediatamente aumentaba de valor. ¿Asesor financiero? ¿Quién lo necesitaba? Podías cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto del tablero y tu acción empezaba a subir. Nunca obtuve beneficios. Era absurdo vender una acción cuando se sabía que dentro de un año doblaría o triplicaría su valor.”

“El mercado siguió subiendo y subiendo. El productor teatral Max Gordon me informaba cada día de cómo iban las acciones: siempre “arriba, arriba, arriba”. (…) Un día le pregunté: “Max, ¿cuánto tiempo durará esto?” Utilizando una frase de Al Jolson, Max repuso: “Hermano, ¡todavía no has visto nada!” (…) Pero el mientras el mercado seguía ascendiendo hacia el firmamento, empecé a sentirme cada vez más nervioso. El poco juicio que tenía me aconsejaba vender, pero al igual que el resto de primos, era avaricioso.  Entonces empecé a pasarme las mañanas en el despacho de un agente de Broadway, contemplando un gran mural lleno de signos ininteligibles. De vez en cuando el mercado flaqueaba, pero pronto se liberaba de la resistencia de los prudentes y los sensatos, y proseguía su inacabable ascensión.”


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23
Oct

Go West

John WayneEl próximo 21 de noviembre se estrena Appaloosa, un western escrito, dirigido y protagonizado por ese ‘animal’ del cine llamado Ed Harris. Un título peculiar que ha provocado la extrañeza de un compañero de trabajo, el cual me ha preguntado de qué va la película. “Del Oeste”, he contestado, y al oir la palabra maldita ha resoplado, exclamando: “¿Pero eso no está pasado de moda?”.

Para ser sinceros, no es la primera vez que me encuentro con esta reacción y seguro que no será la última. Es más, yo mismo tenía ciertas reservas a la hora de enfrentarme al western, un género que a fuerza de escucharlo en boca de mis padres, de las parodias que ha sufrido en las últimas décadas, de las caricaturas que se han fabricado sobre John Wayne y compañía, incluso del (necesario) bombardeo de los grupos antirracistas contra el genocidio indio, se me había atragantado antes de conocerlo. Como todo en esta vida, es cuestión de quitarse los prejuicios y separar el grano de la paja. Porque el western no es un género plano con un molde que se usa película tras película; afortunadamente, genios como John Ford, Fred Zinnemann o Anthony Mann vieron más allá de la esquemática idea de indios (malos) y vaqueros (buenos) para crear grandiosas historias de amor, odio y redención. Algo que no sabía -y que ahora me avergüenza reconocer- es que también existen westerns… ¡sin indios! Algunos, como Solo ante el peligro o El tren de las 3:10, llegaron a causar preocupación en la paranoica América profunda por su mensaje supuestamente comunista. Otros supieron combinar el drama, la acción y la psicología de los personajes con guiones tejidos a conciencia. John Wayne, por cierto, encarnó a dos de los amantes más sufridos que ha parido el cine: el Ethan Edwards de Centauros del desierto y el Tom Doniphon de El hombre que mató a Liberty Valance.


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23
Oct

Todo empezó con un “no”

Queda menos de un mes para el estreno de Quantum of solace, la nueva película de James Bond, que será interpretado por segunda vez por Daniel Craig. Motivo más que suficiente para que la Fox haya tirado la casa por la ventana y saque a la venta todas, todas, todas las películas anteriores del agente 007 en un bonito estuche metálico que tiene un precio medio de 13 euros. Además, cada DVD incorpora trailers, documentales, comentarios de historiadores y otros extras que harán las delicias de los seguidores de Bond. Nosotros, tirando siempre hacia lo clásico, recordamos el trailer del film que inició la saga, allá por 1962: Dr. No, con Sean Connery enfundado en el smoking y Ursula Andress como la seductora Honey Ryder.

Vía | ZonaDVD

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21
Oct

Totó, la perra que se llamaba Terry

Judy Garland y Terry, alias Totó

Unamos las dos últimas entradas publicadas en Plumas de Caballo para hablar de un personaje importante de Furia y de su autobiografía. La curiosidad es que se trata de una perra: su nombre era Terry, pero todos la recordamos como Totó, fiel escudera de Dorothy en el mágico mundo de Oz. Junto a Lassie o Rin Tin Tin, Terry fue el canino más importante del Hollywood clásico. Nacida en el año 1933, debutó de inmediato en el cine con la romántica Ready for love y, a continuación, se convirtió en la mascota de Shirley Temple en Ojos cariñosos. Después, en 1936, fue pasto de las llamas al quedar atrapada en la celda que compartía con Spencer Tracy en la comentada Furia; una dolorosa pérdida para el protagonista y para los espectadores.

El cenit de la carrera cinematográfica de Terry llegó en 1939 con El mago de Oz. Fue la primera y única vez que apareció en los créditos y cobró un salario de 125 dólares por semana. Antes del rodaje, pasó dos semanas en casa de Judy Garland para estudiar su personaje; después tuvo un grave percance al romperse una pata, pero se recuperó a tiempo de terminar el film. Su propietario, un tal Carl Spitz, aún pudo sacarle partido en Mujeres o George Washington slept here antes de que Terry falleciera, por causas naturales, en 1944, a la edad de 11 años.

Y sí, existe un libro sobre esta famosa perra. Su título es I, Toto: The autobiography of Terry, the dog who was Toto, y fue idea de un cinéfilo llamado Willard Carroll en 2001. Escrito en primera persona, como si la autora fuera la propia Terry, narra las peripecias del rodaje de El mago de Oz y la carrera profesional del chucho, aportando datos sobre cómo eran los entrenamientos a los que se sometía para participar en una película y un centenar de fotografías exclusivas. ¿Se puede ser más freak? Advertimos: sí, se puede.

Vía | Ozmanía

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20
Oct

La disipada vida de Tony Curtis

Tony CurtisCasi 60 años lleva Tony Curtis haciendo cine: desde su debut en City across the river (1949) hasta la reciente David & Fatima (2008), ambas inéditas en España. En ese tiempo ha conseguido una nominación al Oscar (por Fugitivos, film de 1958 en el que compartió reparto con Sidney Poitier) y ha llevado la típica vida disipada que se espera de una estrella de Hollywood. Motivo más que suficiente para publicar su autobiografía: American Prince. Acaba de ponerse a la venta en Estados Unidos y, como es lógico, las primeras reseñas destacan las confesiones de Curtis acerca de sus líos amorosos. No en vano se ha casado seis veces, la primera con Janet Leigh, cuyo matrimonio duró 11 años y terminó en “fracaso” para un Curtis agobiado por la separación: “Las revistas de cine publicaban que salía con adolescentes y que mis hijas lloraban por ello, pero ¿no tenía derecho a buscar mi futuro y mi compañía de la manera que quisiera? ¿Por qué iba a quedarme sentado si el matrimonio no funcionaba?”, se pregunta el actor. Después de Janet Leigh vendrían Christine Kaufmann, Leslie Allen, Andrea Savio, Lisa Deutsch y su actual pareja, Jill Vandenberg, de la que no se separa desde 1998 (ella tiene 37 años, o sea, 46 menos que Curtis).

Pero aún hay otra mujer que, sin haber llegado a casarse con él, centra buena parte de esta autobiografía: Marilyn Monroe. Curtis explica que la conoció al llegar a Hollywood en 1948, y que le sorprendió su pureza y belleza plasmadas en “un pelo rojo recogido como la cola de un pony”. Ambos iniciaron un noviazgo que duró varios meses, pero sus respectivas carreras profesionales despegaron y eso les hizo separarse. No hace falta recordar que una década después, en 1959, compartirían reparto en Con faldas y a lo loco. Sin duda, una vida agitada la del señor Curtis, otro de los mitos vivientes de la época clásica.

Vía | Yahoo!

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19
Oct

‘Furia’ (1936)

Spencer Tracy

Obsesionado con la idea de poner el concepto de justicia contra la pared -como ya hiciera en M: el vampiro de Düsseldorf con el asesino pederasta interpretado por Peter Lorre- Fritz Lang inició su etapa americana con una película que cuestiona el papel de los inocentes ciudadanos ante delitos presuntamente evidentes. En Furia, Spencer Tracy da vida a Joe Wilson, un tipo honrado que regenta una gasolinera junto a sus hermanos con el objetivo de ganar dinero para casarse con su novia Katherine (Sylvia Sidney), que se ha marchado a la capital por motivos laborales. Tras un año de sacrificios, Joe reúne el dinero suficiente y emprende la marcha sin saber que no llegará a su destino; la policía le confunde con el secuestrador de una niña, le encarcela para dar ejemplo y el pueblo da rienda suelta a su locura quemando la cárcel. A ojos del mundo, Joe Wilson ha fallecido linchado por la multitud; pero la vida le dará la oportunidad de vengarse.

“La diferencia entre un asesino y un inocente es el control de nuestros impulsos”, afirma uno de los personajes de Furia; en otras palabras, para Fritz Lang todos somos asesinos en potencia. Un linchamiento público supone la excusa perfecta para liberar esos impulsos, porque escondemos nuestra cobardía entre la multitud protectora y anónima. Lang incluye en el film un dato escalofriante: entre 1887 y 1936 hubo más de seis mil linchamientos masivos en los Estados Unidos, de los cuales apenas 800 acabaron en juicio… A pesar de que la Constitución los prohibe y avisa de que los participantes pueden correr la misma suerte que el linchado.


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