Archivo de abril, 2009
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‘Incidente en Ox-Bow’ (1943)
La historia ha demostrado que las leyendas del Lejano Oeste son, casi siempre, falsas. Un mito que el cine se empeñó en expandir durante la primera mitad del siglo XX, creando un género que dio lugar a grandiosas películas, sin que por ello se cimenten en una base real. Basta con revisar las estadísticas de muerte por arma de fuego en la época de los cowboys para comprobar que el Oeste de los Estados Unidos no era tan salvaje como lo pintaban.
Lo que sí estaba más a la orden del día, tanto en las polvorientas calles de Texas como en el corazón de Nueva York, eran los linchamientos. Al hablar de Furia, de Fritz Lang, ya dijimos que entre 1887 y 1936 se produjeron seis mil ataques contra individuos que presuntamente habían cometido un crimen, de los cuales apenas 800 terminaron en juicios contra la vengativa multitud.
Este viejo problema del ojo por ojo motivó al escritor Walter Van Tilburg Clark a publicar una novela titulada Incidente en Ox-Bow. En ella, un grupo de violentos vecinos persigue a los supuestos ladrones de una partida de ganado que, en su huída, habrían asesinado al dueño de las reses. Coroneles resentidos por la reciente Guerra Civil, vaqueros desocupados, mujeres dominantes y hombres pusilánimes emprenden una caza suicida por las frías montañas de Nevada, hasta que topan con tres individuos a los que reconocen inmediatamente como los criminales. Cualquier indicio de culpabilidad, sea o no contrastado, es utilizado en su contra. La cuestión es sentir el placer de tomarse la justicia por su mano.
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¿Cuánto pagarías por el vestido de Gilda?
Forrest Ackerman, uno de los mayores especialistas de la ciencia ficción, murió el pasado mes de diciembre a los 92 años dejando como legado una colección impresionante de reliquias cinéfilas. Gran parte de esos recuerdos salen ahora a la venta a través de la casa de subastas Profiles in History, en un acto que tendrá lugar el próximo 30 de abril y que podrá seguirse a través de internet.
La joya de la corona de la colección de Ackerman es, sin duda, el vestido que llevó Rita Hayworth en Gilda. A pesar de la crisis económica mundial, los jefazos de la subasta aspiran a que alguien pague entre 30.000 y 50.000 dólares por esta auténtica pieza de museo, fetiche de quienes vivieron los tiempos de la censura. Un vestido palabra de honor totalmente negro, con un gran lazo a la altura de la cintura, que se complementaba con unos sensuales guantes del mismo color que, esperemos, también se hayan incluído en el lote.
Otra pieza interesante de la subasta será el traje que llevó Charlton Heston en El planeta de los simios, por el que no se descarta alcanzar la cifra de 60.000 dólares. Si estáis interesados, sabed que también podréis pujar por la máscara de El monstruo de la Laguna Negra, el cartel original de la película Frankenstein de 1931, una espada láser de La guerra de las galaxias y la pistola de Harrison Ford en Blade Runner. Y si queréis el lote completo, haced cuentas: ¿Tenéis tres millones de dólares escondidos bajo la cama?
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‘Dorothy Gale’, de Kansas a Manhattan
Supongo que todos los aquí presentes recordáis el final de El mago de Oz. Después de caminar varios kilómetros por el largo camino de baldosas amarillas, de hacerse amiga de un espantapájaros sin cerebro, un hombre de hojalata sin corazón y un león cobarde, de enfrentarse a la bruja del Oeste y descubrir al impostor Oz, resulta que lo único que tenía que hacer Dorothy para volver a su humilde morada de Kansas era golpear los talones de sus zapatos rojos. ¡Maldita sea!
En el hogar, Dorothy y su perrito Totó se reencuentran con sus seres queridos. Pero, ¿qué ocurrió luego? Alargando la ficción más allá de la película, ¿qué pasó con esta chiquilla de pómulos sonrosados y delantales a cuadros? ¿Estudió, se casó, tuvo hijos, le contó al psiquiatra su experiencia en el psicodélico mundo de Oz? Un grupo de guionistas de la NBC ha pensado en todas las respuestas y ha preparado una serie de televisión que verá la luz en los próximos meses. Se llamará, simplemente, Dorothy Gale.
Las primeras noticias de esta serie nos invitan a olvidar la magia del film de Judy Garland. Dorothy se ha hecho mayor, ha encontrado un trabajo en Manhattan -la nueva Ciudad Esmeralda- y la bruja mala no será otra que su propia jefa. Algo así como Sexo en Nueva York (ecs). El productor será Jason Katims, responsable de Friday Night Lives, pero la dirección podría recaer en Bridget Carpenter. Nada se sabe del casting, ni si habrá lugar para el espantapájaros, el hombre de hojalata y el león. Temblad.
Vía | ¡Vaya tele! (gracias, Nu)
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‘Horizontes de grandeza’ (1958)
Horizontes de grandeza fue uno de los pocos westerns que dirigió William Wyler en toda su carrera. Y como indican tanto su título español como el original -The big country-, lo rodó a lo grande:, con estrellas de primer nivel en el reparto, vistas espectaculares de la desértica Arizona, música épica y un alto componente dramático extraído de la novela de Donald Hamilton.
Como haría poco después en Matar a un ruiseñor, Gregory Peck encarna a un personaje pacifista por naturaleza. En esta ocasión es Jim McKay, un marinero que quiere asentarse definitivamente en tierra y formar una familia con la que vivir el resto de sus días. Siguiendo la pista de una chica con la que tuvo una aventura en Baltimore, Jim llega hasta un pequeño pueblo rural del Oeste para casarse con ella, Patricia Terrill (Carroll Baker).
La llegada de Jim es acogida de buen grado tanto por Julie como por su padre, el major Henry Terrill (Charles Bickford). Sin embargo, el forastero no sabe que su nueva familia está enfrentada a muerte con otra que vive exiliada a pocas millas de allí, comandada por el orondo Rufus Hannassey (Burl Ives) y su hijo Buck (Chuck Connors). Los Terrill presentan a los Hannassey como unos violentos vecinos a los que se debe exterminar, pero Jim se dará cuenta de que las razones de ambos bandos son estúpidas y será cada vez más reticente a casarse con la belicosa Patricia.
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No es broma: Cruise y Travolta serán ‘Dos hombres y un destino’
La noticia del día llega desde Inglaterra y no es precisamente buena. El Daily Express publica que Tom Cruise quiere llevar a cabo su propia misión imposible y, sin tiempo para asustarnos, nos topamos con la fatídica palabra ‘remake’ acompañada del nombre de la película ‘afortunada’: Dos hombres y un destino. No, aún no podemos asustarnos del todo; falta añadir que John Travolta sería su compañero de reparto. Y ahora sí, ya tenemos vía libre para tirarnos de los pelos.
Al parecer, Cruise llevaba mucho tiempo detrás de Paul Newman para que éste le autorizara a copiar su film de 1969. El gran ‘ojos azules’ habría dado el visto bueno semanas antes de morir y Cruise no ha perdido el tiempo; quiere producir el remake a través de la United Artists y ya se está entrevistando con algunos guionistas. “Es una cuestión de amor para Tom. Vio la película con ocho años y le marcó para toda su vida”, aseguran desde el entorno de la estrella de Valkiria.
Pero el papel que quiere hacer Tom no es el de Newman, sino el de Robert Redford, alias Sundance Kid. El de Butch Cassidy iría a parar a su amigo cienciólogo Travolta, que también está entusiasmado, hasta el punto de estar dispuesto a rebajar su sueldo habitual para garantizar la viabilidad del proyecto. Cruise y Travolta, Travolta y Cruise: Dos hombres y un destino. ¿Alguien más siente escalofríos?
Vía | Europa Press
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‘Tourneur Essential’
La Semana Santa sólo trae una novedad destacable en el mercado de clásicos en DVD, pero la verdad es que merece la pena. Se trata del pack Tourneur Essential, editado por Manga Films, que incluye cinco de las mejores obras del director parisino. Los que aún no hayan descubierto a este genio, aquí tienen una oportunidad inmejorable. Y los que lo conozcan pero no tengan ninguna de sus excelentes películas, que no se lo piensen dos veces; son 30 euros que merece la pena gastar. Echad un vistazo:
La mujer pantera (1942), con Simone Simon en el papel de Irena Dubrovna, una joven serbia residente en Nueva York que arrastra consigo una maldición relacionada con el mundo felino y que traerá de cabeza a su novio de turno. Funcionó bien en taquilla y reveló a Tourneur como un maestro del suspense, del terror implícito y la sutileza. Hasta los ademanes de Simon son de pantera.
Yo anduve con un zombie (1943), con Frances Dee, James Ellison y Tom Conway. Otra historia de terror, pero esta vez ubicada en una isla caribeña donde los nativos entonan inquietantes calypsos y profesan una religión poco convencional para los colonos. En este contexto, una enfermera canadiense recibe el encargo de velar por la salud de una mujer que lleva mucho tiempo sumida en un trance del que parece no poder despertar.
Días de gloria (1945), la película que supuso el debut en el cine de Gregory Peck y Alan Reed. Nominada al Oscar en la categoría de mejores efectos especiales, situaba a Peck como líder de un destacamento del ejército soviético que lucha contra los ataques nazis. Por supuesto, Hollywood tenía en mente que la Segunda Guerra Mundial aún estaba en marcha durante el rodaje.
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La segunda revolución 3D
“La revolución del 3D no es un acto defensivo contra la piratería; es una oportunidad. Percibimos lo que nos rodea en tres dimensiones. Si una película transmite eso, la experiencia de ir al cine será más intensa, emocional y compleja. No entiendo por qué no vamos a utilizarlo.”
Este fin de semana se ha estrenado Monstruos contra alienígenas, la primera película del siglo XXI que apuesta sin tapujos por las tres dimensiones como reclamo para llenar las salas de cine. Puede que, como dice Jeffrey Katzenberg, director ejecutivo de DreamWorks, no se trate de un plan para salvar al cine ante el auge de la piratería o de las posibilidades (legales) que ofrece internet. Puede que sólo sea un experimento más para dotar a las películas de un realismo extraordinario. Pero en el fondo estamos hablando de lo mismo: innovar para que siga mereciendo la pena pagar 7 euros y pico en la taquilla y soportar las hordas de espectadores maleducados, frente a la comodidad del sofá doméstico.
El cine ya ha vivido varias revoluciones a lo largo de su historia. El sonido fue, probablemente, la más traumática tanto para las productoras como para las exhibidoras, y eso sin hablar del shock que supuso para actores, directores y espectadores (ver Cantando bajo la lluvia). Eso fue a finales de los años veinte. En los cincuenta, empezó a darse carpetazo a otro debate que se arrastraba desde hacía más de una década: la implantación del color y la marginación del blanco y negro a los films que lo utilizaban por mera cuestión estética.
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Michael Caine quiso ser Bogart en ‘El hombre que pudo reinar’
Todas las estrellas de cine tienen sus propios ídolos, salvo casos de egocentrismo agudo, que también los hay, como en todas las profesiones. En este sentido, Michael Caine siempre ha declarado su amor por Humphrey Bogart, el hombre en quien se inspiró para formarse como actor. Y al hilo de esto, el propio Caine acaba de explicar una anécdota.
Corría el año 1975 y el aclamado director John Huston estaba buscando a dos buenos intérpretes para su épica historia de El hombre que pudo reinar. Uno de los elegidos fue Sean Connery. Para el otro, se citó con Caine en París; pero no le hizo falta ser muy convincente. Lo primero que dijo Huston fue: “Bueno, la verdad es que esta película estaba pensada para Clark Gable y Humphrey Bogart, pero ambos pasaron de mí.”
No tuvo que decir nada más. De inmediato, Caine abrió sus ojos azules y exclamó: “Yo lo haré.” Fue una especie de tributo a su “héroe” Bogart, “un personaje fantástico” que sin embargo no le reportó premio alguno, pues de las cuatro nominaciones al Oscar que obtuvo la película, ninguna se destinó al apartado interpretativo.
Vía | IMDb
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El museo de Walt Disney abrirá sus puertas en octubre
El Presidio, una antigua base militar ubicada en la ciudad de San Francisco, acogerá a partir de octubre el Walt Disney Family Museum, una enorme colección de recuerdos, objetos personales y documentos audiovisuales del primer gran maestro de la animación. Desde hace varios meses se viene trabajando en la rehabilitación del edificio, que espera acoger la visita de unas 350.000 personas cada año. O sea, un montón de millones de dólares en potencia.
Al frente de la dirección del museo se encuentra un exsubdirector de la Universidad de Harvard llamado Richard Benefield, que fue respaldado por los descendientes del tío Walt. Parece que Benefield se ha tomado el trabajo en serio; ya advirtió desde un principio que en habría cosas que podrían disgustar a los familiares y quizá también a los visitantes. Un museo debe ser riguroso, así que nada de perpetuar la leyenda de que Disney yace en un ataúd de hielo, porque en realidad fue incinerado horas después de su muerte. Y los Reyes son los padres.
Las salas del Walt Disney Family Museum estarán ordenadas cronológicamente y recorrerán la vida del oscarizado dibujante. Se han aprovechado todos los recursos tecnológicos posibles, incluyendo la instalación de 215 monitores y una sala de proyección con capacidad para 120 personas. La idea es que la gente no pueda ver toda la colección en un solo día y vuelva a pasar por caja (no lo han dicho con estas palabras, pero se entiende).
¿Habrá Mickeys, Donalds y Blancanieves, como en los parques temáticos de Orlando y París? ¿Y sonreirán las personitas que vayan dentro del disfraz? Eso, me temo, jamás lo sabremos.
Vía | The New York Times




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