Archivo de Julio, 2009
Jul
‘King Kong’ tendrá una precuela
Que levante la mano quien no haya visto King Kong, versión de 1933. Vale. Todos sabemos (o deberíamos saber) que este gorila era el rey de una isla perdida a la que llegaba un equipo de cine para rodar los exteriores de una película. La presencia de una hermosa rubia llamada Ann Darrow (Fay Wray) desataba las pasiones de Kong, que luego era drogado y transportado hasta Nueva York, donde le esperaba el trágico final del Empire State. “No fueron los aviones, fue la bella quien mató a la bestia.” Fin.
Lo que nunca nos ha enseñado el cine son los antecedentes de Kong. ¿Cómo llegó a la isla? ¿Por qué adquirió ese tamaño colosal? ¿Su presencia intimidatoria bastó para que los dinosaurios y otras especies prehistóricas del lugar se sometieran a su voluntad? En definitiva, hacía falta una precuela de King Kong y eso es lo que va a rodar la productora Spirit Pictures tras adquirir los derechos del cómic Kong: El rey de la isla Calavera (2005).
La historia ha recibido el visto bueno de los herederos de Merian C. Cooper, codirector del film original, y los productores quieren incorporar al proyecto al veterano Ray Harryhausen. Con 89 años a sus espaldas y una vida dedicada al séptimo arte, Harryhausen se hizo famoso por su maestría a la hora de utilizar la técnica del stop motion en películas como Furia de titanes (1981). Ahora la cosa iría más bien por las repulsivas técnicas informáticas de Robert Zemeckis. Ya os contaremos.
Vía | 20 minutos
Jul
‘Vértigo: De entre los muertos’ (1958)
En su día fue un fracaso comercial que Hitchcock achacó a James Stewart, al que consideraba demasiado mayor para su personaje, o a Kim Novak, un segundo plato del que nunca se sintió satisfecho (la primera elección, Vera Miles, se quedó embarazada en el momento más inoportuno). Actualmente, todavía hay muchos cinéfilos que cuestionan las supuestas virtudes de Vértigo: De entre los muertos, mientras los críticos modernos le dan el estatus de obra maestra, la sitúan al nivel de Psicosis y la emparejan con el cine de Godard y Truffaut.
Vértigo es una gran trampa en sí misma, y como tal hay que tomarla. Uno debe ponerse en la piel de Scottie Ferguson (James Stewart), el policía jubilado que no es capaz de subirse a una escalera tras sufrir una experiencia traumática durante una persecución por los tejados de San Francisco. Así es como debe entenderse la película: a través de los azules y asustados ojos de Stewart, confundiendo ficción y realidad. Hay que dejarse engañar por la luz irreal que envuelve a Madeleine (Kim Novak) y caer en la bruma del Golden Gate, en un estado soñoliento que se prolonga casi hasta el final. ¿Es pedir mucho, cuando supone un placer para los sentidos?
El vértigo del que habla Hitchcock en este film no es solamente el físico, el que pueda sentir Scottie colgado de una cañería a decenas de metros del suelo o subiendo a toda prisa al torreón de una iglesia. Es una sensación de mareo, de sentir que esto ya había ocurrido antes, pero siempre con el recuerdo manchado por el dolor. Hay escenas casi calcadas en varios momentos de la película, una y otra vez se vuelve a los mismos lugares, e incluso se ‘repiten’ personajes, para desconcierto del protagonista. Es una pesadilla que va dentro de otra y de otra, como grotescas muñecas rusas.
Jul
El cine clásico entra en guerra a partir de agosto
Uno podía pensar que agosto sería un mes flojito por lo que se refiere a estrenos de cine clásico en DVD. Ya se sabe, la crisis, las vacaciones, las ganas de playa y Fernando Alonso rivalizan en estas fechas con el placer de sentarse frente a la pantalla (grande o pequeña) para ver alguna joya del séptimo arte. Bueno, pues no. La Warner nos lleva la contraria, de lo cual nos alegramos, sacando a la venta 14 (sí, catorce) películas clásicas de una tacada. Y todas con un denominador común: el género bélico. He aquí las más destacadas:
30 segundos sobre Tokyo (Mervyn Le Roy, 1944). Sólo tres años después del sorprendente ataque japonés sobre la base estadounidense de Pearl Harbor, durante la Segunda Guerra Mundial, se rodó esta película que explica cómo fue la respuesta yankee. Con guión del perseguido Dalton Trumbo y el protagonismo de Van Johnson, Robert Walker, Spencer Tracy y Robert Mitchum, el film obtuvo un Oscar a los mejores efectos especiales.
Fuego en la nieve (William A. Wellman, 1949). Recreación de la batalla de las Ardenas, en la ciudad de Bastogne, de nuevo desde la óptica de los Estados Unidos. Los miembros de una compañía de las Fuerzas Aéreas disfrutan de sus permisos navideños cuando reciben la orden de regresar al frente para contrarrestar el inesperado ataque alemán. La protagonizaron Van Johnson, John Hodiak, Ricardo Montalbán y George Murphy, y ganó dos Oscars en las categorías de mejor fotografía y mejor guión original.
Jul
Los trucos de ‘La fiera de mi niña’
¿Quién dijo que en el cine clásico se notan demasiado los efectos especiales? Para demostrar que no es así, al menos no siempre, os ofrecemos este montaje de la comedia de Howard Hawks La fiera de mi niña, rodada en una fecha tan lejana como 1938. Como sabréis, Cary Grant y Katharine Hepburn debían lidiar con un leopardo que causaba bastantes problemas y está claro que no podían arriesgar sus estupendos cuerpos ante las garras de un animal como éste. Así que Vernon L. Walker, uno de los especialistas de la RKO, hizo gala de su inteligencia para montar los planos de manera que fueran creíbles para el espectador. Y el resultado fue excelente. Comprobadlo.
Vía | Crónicas de Cine
Jul
‘Un lugar en el sol’ (1951)
En 2005, Woody Allen dirigió una de las mejores películas de su extensa filmografía: Match Point. Aquella reflexión sobre las pasiones subterráneas, el bien y el mal, los deberes sociales y la hipocresía de la justicia, mereció sin duda la nominación al Oscar al mejor guión original, aupada por una sensual Scarlett Johansson (en su segunda mejor interpretación tras Lost in translation) y por los fragmentos de ópera de los que se nutría la banda sonora.
Anoche vi Un lugar en el sol por primera vez y la mayor parte del tiempo me recordó a Match Point. La situación, los personajes, el desarrollo de la trama… Con algunos matices, creo que la película de George Stevens tiene muchos puntos en común con la de Woody Allen. Sin embargo, Stevens se basó en la novela de Theodore Dreiser An American tragedy, que ya había sido llevada a la gran panatalla por Josef von Sternbeg en 1931.
Como ocurría en Match Point con Jonathan Rhys Meyers, el protagonista de Un lugar en el sol es un joven apuesto e introvertido que por cuestiones familiares entra a formar parte de la burguesía. Se trata de George Eastman (Montgomery Clift), sobrino del dueño de una multimillonaria marca de bañadores que causan furor en Estados Unidos. Eastman dejará de lado a su religiosa madre para escapar de la pobreza y ascender poco a poco en la compañía de su tío.
Al cabo de unos meses, Eastman inicia una relación con Alice (Shelley Winters), una humilde obrera de su mismo departamento que apenas tiene dinero para pagar el alquiler de su habitación. Su amor es clandestino porque las relaciones entre empleados están prohibidas, pero todo marcha bien hasta que aparece Angela Vickers (Elizabeth Taylor), una bella muchacha de clase alta, amiga de los Eastman, que roba el corazón de George. Y éste, en lugar de cortar por lo sano, alarga la mentira hasta que sucede lo inevitable: cuando quiere desprenderse de Alice, ésta le comunica que está embarazada.
Jul
Fallece Brenda Joyce, la segunda Jane de Tarzán Weissmuller
Con casi tres semanas de retraso, nos enteramos de la muerte de Brenda Joyce, una actriz totalmente desconocida hasta para el más cerebrito de los cinéfilos (¿o no?) pero que rodó 26 películas en los años cuarenta y que tiene una bonita curiosidad en su biografía: fue la mujer que reemplazó a Maureen O’Sullivan en el papel de Jane, la amiga de Tarzán.
Brenda, cuyo nombre real era Betty Leabo, compartió reparto con Johnny Weissmuller en las cuatro primeras películas de Tarzán, mientras que en la quinta, Tarzán y la fuente mágica (1949) tuvo que conformarse con Lex Barker. Ese año fue precisamente el de su retirada. Entonces Brenda pasó al ostracismo, alejada de los focos y llevó una vida normal y corriente.
Poco más se puede rescatar de su carrera, si exceptuamos un par de colaboraciones con Lon Chaney Jr. y otra con el dúo Abbott y Costello en El pequeño fenómeno (1946). Lo cierto es que siempre estuvo relegada a producciones de serie B y que las películas en las que ejerció de protagonista fueron vistas por muy pocos espectadores, hasta el punto de que algunas ni siquiera se han editado en vídeo o DVD.
Según un amigo suyo, David Ragan, la actriz nunca estuvo demasiado orgullosa de su contribución al séptimo arte, ni siquiera cuando hizo de Jane. En cambio, dedicó bastantes años de su vida a ayudar a los inmigrantes que llegaban a Estados Unidos sin trabajo ni techo bajo el que cobijarse. El propio Ragan ha dicho que Brenda padecía demencia senil desde hacía una década y que la causa directa de su muerte ha sido una neumonía. En febrero había cumplido 92 años.
Vía | The New York Times
Jul
‘Las estrellas de Hollywood por Peter Bogdanovich’
Peter Bogdanovich es un actor, guionista, productor y director de cine que rozó el Oscar en 1971 con La última película, un drama basado en la novela de Larry McMurtry que protagonizaron Timothy Bottoms, Jeff Bridges, Cybill Shepherd, Ben Johnson, Cloris Leachman y Ellen Burstyn. En otras ocasiones ha tenido la fortuna de dirigir a Barbra Streisand (¿Qué me pasa, doctor?, 1972), Audrey Hepburn y Ben Gazzara (Todos rieron, 1981) o Carol Burnett y Michael Caine (¡Qué ruina de función!, 1992). Recientemente le hemos visto encarnar al doctor Elliot Kupferberg en 15 episodios de Los Soprano.
Pero, además, Peter Bogdanovich es un mitómano… Y un cotilla. Nacido en 1939, llegó a Hollywood justo cuando el sistema de estudios empezaba a resquebrajarse. Asistió al relevo que las hornadas del Actor’s Studio dieron a los intépretes clásicos y se entrevistó y forjó amistades con unos y con otros. Como si de un fan cualquiera se tratara, recopiló autógrafos, fotos, grabaciones, charlas a la hora del té y copas a altas horas de la noche. Y de vez en cuando nos obsequia con esas experiencias a través de libros y documentales. De ahí lo de cotilla… Pero bendito cotilla.
Las estrellas de Hollywood por Peter Bogdanovich ofrece una visión amable, sesgada y a menudo presuntuosa sobre los contactos que el director mantuvo con actores y actrices del periodo clásico, desde Lillian Gish hasta John Wayne, pasando por Jack Lemmon, Dean Martin, Sal Mineo o Marilyn Monroe. Bogdanovich no duda en tirarse flores de vez en cuando y nos pone los dientes largos cada dos párrafos. Pero es eso lo que esperamos encontrar: detalles íntimos de las estrellas que, sin caer en el mal gusto, nos ayuden a comprender que eran de carne y hueso. Y es eso lo que hace al libro tan adictivo.
Jul
Estrenos en DVD: Fratelli d’Italia
Nos permitimos la licencia de titular el post de los estrenos de cine clásico en DVD con el primer verso del himno nacional italiano porque desde el país transalpino nos llegan las propuestas más interesantes de la semana. Hablamos de dos packs muy diferentes, uno centrado en el director Dario Argento y otro compuesto por cuatro obras maestras del cine ‘azzurro’, algunas de las cuales llevan la firma de Vittorio de Sica y Luchino Visconti.
Dario Argento (Roma, 1940) es un director controvertido. Popularizó el género giallo inspirándose en Mario Bava y tomando apuntes de Fellini, Antonioni y Hitchcock. Desde sus inicios, no tuvo ningún reparo a la hora de contratar a psicópatas para que torturaran a hermosas jóvenes, para saciar el morbo de nuestros ojos. Sin embargo, todo el mundo coincide que fue de más a menos y que está acabando su carrera siendo una caricatura de sí mismo.
El pack Argento Essential, editado por Manga Films y Vértice Cine (34,95 €) incluye los cinco films más destacados del cineasta, empezando por su aplaudido debut con El pájaro de las plumas de cristal (1970) y siguiendo con El gato de las nueve colas, Suspiria, Phenomena y su particular versión sangrienta de El fantasma de la ópera. Echamos de menos Rojo oscuro y, por supuesto, la ración de extras que no vemos por ninguna parte.
Jul
Besos de película
No sé a cuento de qué, pero el crítico con mayor capacidad de adjetivación de la prensa española, Carlos Boyero, publica hoy en El País un artículo sobre la historia de los besos en el cine y los métodos que utilizaban los directores para mostrar la pasión de dos amantes esquivando la censura reinante. La verdad es que los ejemplos escogidos por Boyero son perfectos (no podían faltar el de George Peppard y Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes o el de Deborah Kerr y Burt Lancaster en De aquí a la eternidad). También toca la fibra al acordarse de ese impagable momento en el que Dorothy Jordan acaricia la ropa de su cuñado (o sea, John Wayne) en Centauros del desierto. Total, que os invitamos a leer el artículo y a que comentéis cuáles son vuestros besos cinéfilos favoritos.
Vía | El País (gracias, Nu!)
Jul
‘La última bala’ (1957)
La fructífera relación entre el director Anthony Mann y el actor James Stewart se truncó de golpe en 1957 por culpa de esta película: La última bala. En teoría iba a ser el sexto western del binomio, pero en el último instante Mann se quitó de enmedio alegando que el guión era muy flojo y que no entusiasmaría al público. Además, estaba en contra de la elección de Audie Murphy para uno de los papeles protagonistas, el del Niño de Utica. Así que la Universal se vio obligado a sustituirle por el desconocido James Neilson.
Tampoco Stewart se mostró especialmente interesado en el film. Si aceptó la oferta fue porque su personaje, el solitario buscavidas Grant McLaine, le iba a permitir demostrar sus aptitudes para tocar el acordeón. Y ni de eso pudo fardar, ya que en el montaje final, un acordeonista profesional dobló su interpretación. Para colmo de males, las críticas fueron decepcionantes y la recaudación de taquilla, insuficiente. Un fracaso mayúsculo que hizo que Stewart se enemistara con Mann para siempre, molesto porque el director se hubiera bajado del carro.
¿Tan mala era La última bala? Una vez vista, queda claro que no está entre los mejores westerns de Stewart y que su sola presencia no iba a servir para levantar una historia sin nervio, poco original y con personajes estereotipados, por mucho empeño que pusiera al acordeón. La elección de Neilson como director, falto de talento y experiencia, fue la estocada para un film cuyo principal reclamo era la espectacularidad visual que ofrecía un nuevo invento llamado Technirama.








(3 votos, Promedio: 4.33 de 5) 












