Mudo
May
Películas fantasmas (I): ‘Humor Risk’
El diario 20 minutos ha publicado esta semana un interesante reportaje sobre películas clásicas que nunca llegaron a realizarse. Y leyendo la nómina de directores, intérpretes y, sobre todo, la relación de historias que iban a contarnos, es una pena que no se llevaran a cabo. Si se me apareciera el genio de la lámpara y me dijera que podría convertir en realidad uno de esos films, me quedaría con el Napoleón que quiso rodar Stanley Kubrick en 1968, con más de 40.000 extras y con Jack Nicholson en la piel de emperador francés. Suena grandioso. Os dejo el enlace al artículo para que podáis escoger vuestra favorita.
Siendo fieles a las raíces de este blog, hemos de completar esa lista con dos obras inacabadas de los hermanos Marx. Dos películas que han pasado a la mitología de sus fans y de las que se conservan bocetos, fragmentos de guión e incluso algunas fotografías, pero ni un sólo centímetro de material filmado. Estamos hablando de Humor Risk y de Jirafas en ensalada de lomos de caballo, a la que ya nos referimos en un post sobre Salvador Dalí.
A principios de los años veinte, los Marx trabajaban a toda máquina en el teatro, pero cada vez estaba más claro que el cine iba a ser el maná de los espectáculos. Groucho y sus hermanos se pusieron en contacto con algunos estudios de Hollywood que se mostraron reacios a financiar sus locuras en versión celuloide. Así que fueron ellos mismos quienes pusieron la mayor parte del dinero que costaba rodar una película decente: 7.000 dólares. Un modesto grupo de productores, entre los que se hallaba el famoso guionista Jo Swerling, contribuyó a engordar el presupuesto.
Sep
‘Ríe, payaso, ríe’ (1928)
La primera vez que vi el póster de Ríe, payaso, ríe pensé que se trataba de una película de terror; supongo que influyeron tanto mi leve coulrofobia como el grotesco disfraz que llevaba Lon Chaney. Pero no es así. Ríe, payaso, ríe es un drama en el que se narra la triste paradoja del ‘clown’: incluso en sus peores momentos debe salir al escenario, realizar equilibrios imposibles, caerse de forma escandalosa y nunca, jamás, perder la sonrisa.
Chaney, famoso por sus siniestros pero entrañables personajes de El jorobado de Notre Dame (1923) y El fantasma de la ópera (1925), no tiene que ocultar esta vez ningún defecto físico a la sociedad. Peor aún: tiene que ocultar su tristeza. Hace años adoptó a una niña abandonada a la que bautizó como Simonetta. Ahora esa niña ha crecido y se ha convertido en la mujer de la que está enamorado. Y no es el único pretendiente: el conde Luigi Ravelli (Nils Asther) también va tras los pasos de Simonetta (Loretta Young). El payaso llora su desgracia en silencio, angustiado por un amor casi incestuoso del que no sabe si es correspondido y temeroso ante la posibilidad de que el joven Luigi hunda su vida para siempre.
Mientras tanto, el público le vitorea y le obliga a saludar una, dos, tres veces. “Ríe, payaso, ríe… Aunque tu corazón se rompa”.





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