Musical
May
‘Cantando bajo la lluvia’, nunca mejor dicho
Nada, parece que este año no hay manera de que llegue la primavera. A mí ya me va bien, porque no aguanto el calor y me gusta que llueva. Pero he de reconocer que echo un poco de menos el sol. En fin, ya llegará el día -y será dentro de poco- en el que guardemos el abrigo hasta el invierno y dejemos el paraguas en casa. Mientras tanto, en Plumas de Caballo vamos a tomarnos la situación con filosofía: recordando algunos de los números musicales de ‘Cantando bajo la lluvia’, una de esas películas que te provoca la sensación de asistir a uno de los momentos cumbres de la historia del séptimo arte.
Es curioso, pero la música de ‘Cantando bajo la lluvia’ no se llevó ni un Oscar. No entró en la lucha por la estatuilla a la Mejor Canción Original, supongo que porque la mayoría de temas -incluido el fantástico ‘Singin’ in the rain’, compuesto por Nacio Herb Brown en 1929- ya habían aparecido en otras películas (aquel año el Oscar fue para ‘Do not forsake me, oh my darlin’, el tema que fabricó Dimitri Tiomkin para ‘Solo ante el peligro’). Además, en la categoría de Mejor Banda Sonora, Lennie Hayton tuvo que conformarse con la nominación ya que el premio gordo fue para Alfred Newman por el biopic ‘Con una canción en mi corazón’.
Y, sin embargo, me juego un kilo de pan a que cualquiera de vosotros es capaz de tararear sin problemas las canciones principales de ‘Cantando bajo la lluvia’ antes que cualquiera de las otras películas mencionadas. Porque los clásicos auténticos se abren paso contra viento y marea, aunque los señores de la Academia de Hollywood se olviden de ellos (y eso que yo, normalmente, estoy de acuerdo con su criterio). Bueno, no os hago esperar más. Aseguraos de que fuera sigue lloviendo, acomodaros en la silla o en el sofá y disfrutad de estos clips que hemos seleccionado del que es -casi con toda seguridad- el mejor musical de todos los tiempos (lamento no poner los vídeos en el post, pero no es posible por motivos de copyright, así que os dejo los enlaces).
Feb
Kathryn Grayson ha muerto
Nueva estrella del cine clásico de la que nos tenemos que despedir: Kathryn Grayson. Ha fallecido a los 88 años en Los Ángeles por causas naturales, según informa la prensa estadounidense. Fue un rostro habitual en los musicales de la Metro en los años cuarenta y cincuenta. Es momento de que en Plumas de Caballo le rindamos un pequeño homenaje en forma de post.
El sueño de Zelma Kathryn Elisabeth Hedrick era ser cantante de ópera. Y la verdad es que tenía unas cuerdas vocales fabulosas. Por eso, cuando tenía 15 años, sus padres aceptaron mudarse con ella de Carolina del Norte a Los Ángeles, con la esperanza de hallar el camino al éxito. Pero es poco probable que Kathryn adivinara lo que iba a suceder: triunfaría, sí, pero no en los grandes teatros de ópera, sino en las pantallas de cine de Hollywood.
En 1941, un caza talentos de la Metro la escuchó por casualidad en la radio y se dijo que tenía una voz perfecta para el cine musical. Kathryn recibió una oferta para unirse a la productora de Louis B. Mayer y la aceptó de inmediato. El problema es que con esa firma perdió casi todas las opciones de dedicarse a la ópera; cuando le ofrecieron cantar en el Metropolitan, el señor Mayer en persona se lo prohibió para no dañar su imagen de actriz. El motivo puede parecer poco convincente, pero la verdad es que en aquella época eran los grandes estudios quienes tenían la sartén por el mango.
El mismo año que dio el salto al cine, Kathryn se casó con un actor bastante discreto llamado John Shelton, del que se divorciaría en 1946. Para entonces, Kathryn ya había rodado su primer gran éxito como actriz: el musical ‘Levando anclas’, donde compartió luminarias con dos pesos pesados del género como Frank Sinatra y Gene Kelly. En 1947 se casó por segunda y última vez, ahora con un barítono de clubes nocturnos -Johnny Johnston- con el que sólo duró cuatro años pero el cual le dio a su única hija.
Ene
‘El gran Ziegfeld’ (1936)
Hace solo unos días, cuando le dedicamos un post a Luise Rainer por su centenario, dijimos que en breve repasaríamos una de las dos películas que la llevaron al Oscar. La elegida es ‘El gran Ziegfeld’, un biopic pomposo, excesivo y recargado sobre uno de los productores más importantes de Broadway en los años diez y veinte del siglo pasado; un personaje que muy probablemente compartía los adjetivos con los que nos hemos referido a la película. Por su parte, Rainer interpretó a Anna Held, la mujer que impulsó la carrera de Ziegfeld con la fuerza de sus cuerdas vocales.
Rodar ‘El gran Ziegfeld’ costó muchísimo dinero; tanto que, la Universal, propietaria de los derechos, tuvo que vendérselos a la Metro-Goldwyn-Mayer al no poder hacer frente a los gastos. Se estima que el presupuesto final superó los dos millones de dólares, cantidad enorme para aquella época, prácticamente lo mismo que costó rodar ‘El mago de Oz’ tres años después. No hay duda de que gran parte del dinero fue a parar a los bolsillos del actor protagonista, William Powell, pero el mayor derroche se lo llevaron los números musicales con los que se abrillantó la película. Uno de ellos, ‘A pretty girl is like a melody’, costó 200.000 dólares, bastante más de lo que necesitaba el señor Ziegfeld para producir alguno de sus éxitos teatrales.
Florenz Ziegfeld -que se llamaba igual que su padre y por eso utilizaba el ‘Jr.’ al final de su nombre en los carteles que anunciaban los espectáculos- fue el típico empresario ‘yankee’: emprendedor, ambicioso, optimista por naturaleza, cien por cien pragmático, capaz de dejar los escrúpulos bajo la alfombra para recobrar el equilibrio de su imperio. Procedía de una familia alemana de buena reputación que se había instalado en Chicago hacia 1860; el padre fundó una prestigiosa escuela de música que aún hoy sigue abierta. Pero el joven Ziegfeld quería llegar a ser alguien importante de verdad, tener fama, dinero y mujeres. Y empezó su camino aprovechando la Exposición Universal que acogió Chicago en 1893. Allí presentó a Eugen Sandow, padre del culturismo moderno, como “el hombre más fuerte del mundo”.
Ago
Musicales en DVD para la vuelta a la rutina
Dicen que no hay nada mejor que un buen musical para levantar el ánimo (siempre que te guste este incomprendido género cinematográfico, claro). Y como suponemos que entre nuestros lectores el ánimo anda un poco bajo por la vuelta a la rutina diaria, hemos seleccionado dos musicales que se estrenan en DVD esta última semana de agosto para ayudarles a olvidar las vacaciones pasadas y para que empiecen a pensar en las próximas, que están a la vuelta de la esquina.
Los productores (1968), de Mel Brooks. Probablemente sea la mejor película del director neoyorquino, en dura pugna con El jovencito Frankenstein. Yo la descubrí hace unos años al ver en el cine el estupendo remake dirigido por Susan Stroman y producido por el propio Brooks. En la versión original son Zero Mostel y Gene Wilder quienes encarnan a los dos productores que pretenden forrarse organizando la peor obra de teatro de la historia. El film logró el Oscar al mejor guión original, mientras que Wilder fue nominado al mejor actor de reparto.
La bruja novata (1971), de Robert Stevenson. Edición especial en DVD de este musical con cierto tufo a Mary Poppins ganador del Oscar a lo mejores efectos especiales. Angela Lansbury interpreta a Eglantine Price, una bruja que se ve obligada a cuidar a tres niños perdidos en el pueblo donde ella vive. Como le pasaba a Julie Andrews, la bruja novata lidiará con personajes de carne y hueso… y de dibujos animados. El completo DVD editado por Disney incluye varios documentales que desvelan todos los secretos del rodaje.
Vía | ZonaDVD
Mar
Elvis en DVD por triplicado
No nos engañemos: Elvis no fue el mejor actor del mundo. Es probable que ni siquiera fuera un actor decente. Y alguno lo rebajará hasta la mediocridad absoluta. Pero El Rey dejó un considerable legado cinematográfico para que sus fans se deleitaran agusto con su voz, su tupé y su pelvis de goma. Un total de 31 películas, de las cuales la Paramount ha editado tres en un pack de DVDs que se pone a la venta esta última semana de marzo. Precio: 13 euros, sin extras.
El barrio contra mí (1958), de Michael Curtiz. Sí, sí, Curtiz; el mismo de Casablanca, Ángeles con caras sucias y El capitán Blood, que al principio se mostró reticente pero después quedó tan entusiasmado con Elvis que aseguró que se convertiría en un actor maravilloso. Y no fue el único que ‘enamoró’ de él: Walter Matthau dijo que su compañero de reparto “era brillante, inteligente, elegante, refinado, tranquilo y sofisticado”. Ahí es nada. El propio Elvis afirmó que éste era uno de los films del que se sentía más satisfecho.
G. I. Blues (1960), de Norman Taurog. Elvis es Tulsa McLean, un soldado del ejército americano destinado en Alemania al que le encanta cantar y que sueña con tener su propio club nocturno. La banda sonora incluye diez temas pegadizos, entre ellos el que da título a la película, y fue nominada a los Grammy de 1961. Durante el rodaje de Café Europa, como se la conoce en Alemania o Italia, Elvis tuvo que aguantar la visita de las princesas de Dinamarca, Noruega y Suecia, del rey de Tailandia y de otras personalidades monárquicas que deseaban estrechar su mano (o algo más).
Amor en Hawaii (1961), también de Norman Taurog (ver vídeo). Una de las más populares y un éxito de taquilla espectacular, con una recaudación superior a los diez millones de dólares. De nuevo el ejército como telón de fondo: Chad Gates acaba de licenciarse y regresa a Hawaii, donde se peleará con su padre, que quiere meterle en una compañía de exportación de frutas. Sin embargo, Chad está más contento trabajando como guía turístico en la agencia de viajes de su novia. Dato entrañable: la madre de Elvis en esta película es Angela Lansbury.
Vía | ZonaDVD
Feb
‘Copacabana’ (1947)
El 9 de febrero se cumplen 100 años del nacimiento de Carmen Miranda. Exótica bailarina nacida en Portugal pero brasileña por los cuatro costados, se convirtió en una de las sensaciones de Nueva York en los años cuarenta y, por supuesto, Hollywood no desaprovechó la ocasión de contratarla. Así, Carmen meneó las caderas en una quincena de películas, muchas veces con una grotesca macedonia insertada en su cabeza. Murió pronto, a los 46 años, de un ataque al corazón; Brasil, conmocionado, decretó duelo nacional.
Copacabana es una de sus películas más famosas, sobre todo porque en ella compartió reparto con Groucho Marx. A priori, una mezcla disparatada. Groucho encarnaba a Lionel Q. Devereaux, un agente estafador que intenta conseguir trabajo para su novia en el Copacabana, un local nocturno muy concurrido de Manhattan. Por una serie de increíbles equívocos, la mujer se ve obligada a hacer dos actuaciones cada noche, una como la desinhibida latina Carmen Novarro y otra como la misteriosa Mademoiselle Fifí.
Poco se puede destacar de esta comedia de enredos dirigida por Alfred E. Green, más que algún chiste por encima de la media protagonizado por Groucho, que luce bigote natural por primera vez en su carrera. Carmen Miranda llama la atención más por su histriónico atuendo que por lo pegadizo de sus ritmos, y ya puede cantar Tico tico no fubá a velocidad de vértigo, que la cosa no da para mucho. Claro que al menos resulta entretenida, lo que no puede decirse de la tórtola Anne (Gloria Jean) ni del empalagoso tenor Andy Russell.
Ene
Susanna Foster, a todo color en ‘El fantasma de la ópera’
Esta semana ha fallecido Susanna Foster, una de las soprano que aparecieron en la gran pantalla cuando todavía se llevaban los gorgoritos, a principios de los años cuarenta. Sú unico papel destacado fue el de Christine Dubois en la primera versión en color de El fantasma de la ópera. Obtuvo el trabajo después de que lo hubiera rechazado Deanna Durbin. Por cierto que, el 21 de mayo de 1943, la oficina Hays censuró el film por “un número inaceptable de planos centrados en los pechos de Christine”. El estreno tuvo lugar en agosto del mismo año, pero nunca quedó claro si se había recortado el material ‘indecente’.
Por lo demás, la carrera de Susanna Foster es un pie de página en la historia del cine. No rodó nada importante, aunque compartió algún plano con Boris Karloff y fue compañera de clase de Mickey Rooney y Judy Garland. Su última película data de 1945; después se limitó a participar en operetas, hasta que se cansó de la rutina del espectáculo, se divorció de Wilbur Evans y fue de trabajo en trabajo para mantener a sus dos hijos. En los ochenta empeoró su situación y llegó a vivir en un coche. También padeció graves problemas de salud que arrastró hasta su muerte.
Creo que esta frase resume perfectamente la vida de Susanna Foster: “Nunca fui ambiciosa. Al menos no de la despiadada manera que se requiere para alcanzar el éxito. La verdad es que odiaba mi carrera y todo lo que ello conllevaba.” Son sus propias palabras. Duras, pero sinceras. Nosotros nos quedamos con el clímax de El fantasma de la ópera que podéis ver en el vídeo de este post. Además, os recomendamos el blog que le ha dedicado su hijo Michael.
Vía | IMDb
Ene
‘Una cara con ángel’ (1957)
Al caminar por el pasillo del Louvre que desemboca en la escalinata de la Victoria de Samotracia, es inevitable acordarse de Audrey Hepburn con su vestido rojo, alzando un velo del mismo color que le ayuda a imitar la forma de la escultura griega. Es una de las escenas más famosas de Una cara con ángel (mejor en inglés: Funny face), musical dirigido por Stanley Donen en 1957 que contó con Fred Astaire como pareja de baile para Audrey.
La historia de esta película se asemeja al cuento de la Cenicienta. Audrey encarna a Jo Stockton, una hermosa pero tímida bibliotecaria cuyo sueño es conocer la vida bohemia de París. En su camino se cruza el fotógrafo Dick Avery (Astaire), que la convence para que haga de modelo en la revista para la que trabaja. A regañadientes, Jo acepta la proposición y viaja a la capital francesa junto a Dick y Maggie Prescott (Kay Thompson), la enérgica dueña de dicha revista.
Además de la comentada escena de la Victoria de Samotracia, Una cara con ángel tiene varios momentos mágicos. Por ejemplo, cuando Jo entona la triste How long has this been going on? y hace volar una pamela de colores que contrasta con el gris de la biblioteca; o la primera vez que se palpa el enamoramiento de Dick hacia ella, en el laboratorio fotográfico, cuando le canta I love your funny face. Los números musicales son, en general, magníficos; propios de una mente hábil como la de Donen, aunque abuse de la tarjeta postal en la por otro lado pegadiza Bonjour París o sea pelín empalagoso con el It’s wonderful que cierra el film.




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