Suspense
nov
‘Con la muerte en los talones’, DVD especial 50 aniversario
El Teatro Chino de Hollywood acogió el pasado lunes una proyección especial y remasterizada del clásico de Alfred Hitchcock Con la muerte en los talones. No se trataba de un simple recuerdo, sino de celebrar el 50 aniversario de su estreno, que tuvo lugar en Los Ángeles el 17 de julio de 1959.
Los privilegiados que asistieron a este homenaje pudieron disfrutar, además, de la presencia de las dos únicas estrellas de la película que siguen con vida: Martin Landau y Eva Marie Saint. Ambos explicaron anécdotas del rodaje: Landau se sentía excluido por la poca atención que le prestaba ‘Hitch’ y Saint se sorprendió cuando el director ordenó que le trajeran una taza de porcelana para sustituir el vaso de papel en el que se estaba tomando el café.
En fin, coincidiendo con este medio siglo de vida, Warner Home Video ha editado un DVD especial de Con la muerte en los talones que recomendamos encarecidamente. No es muy caro (14,95 euros), sobre todo si tenemos en cuenta la cantidad de extras que trae. Tomad nota: el documental Un fuera de serie, sobre la figura de Cary Grant, producido por el canal TCM; tres documentales sobre Hitchcock, uno de los cuales muestra los entresijos del rodaje; y los habituales trailers, anuncios de televisión y galerías de imágenes.
La carátula del DVD es sencilla pero muy limpia y cuidada. En ella se recrea la escena más famosa de la película (y una de las más famosas y extraordinarias del séptimo arte): aquella en la que Cary Grant se baja del autobús en mitad del desierto para que, minutos después, una avioneta sobrevuele sobre su cabeza y le obligue a arrastrarse por el asfalto. De fondo, las caras de los presidentes Washington, Jefferson, Roosevelt y Lincoln esculpidas en el Monte Rushmore, donde ocurre el clímax de un film espectacular.
Vía | El Mundo
nov
‘La cabina’ (1972), en el recuerdo de José Luis López Vázquez
Este lunes hemos dicho adiós a uno de los grandes nombres del teatro y el cine español: José Luis López Vázquez. El actor ha fallecido en su casa de Madrid a la edad de 87 años, dejando un legado de 260 películas a sus espaldas y el reconocimiento unánime de la crítica y el público a su dilatada trayectoria. Para siempre quedará en el recuerdo su vocecilla insolente, su humanidad y sus saltitos por la pantalla. Frenético, veraz, entrañable, surrealista, cualquier adjetivo sería válido para rendirle un homenaje.
De entre las numerosas y grandes películas que protagonizó José Luis López Vázquez, vamos a quedarnos con el ‘corto’ que rodó a las órdenes de Antonio Mercero en 1972 y que fue emitido por Televisión Española: La cabina. La historia, escrita por el propio Mercero con la colaboración de José Luis Garci, es puro Kafka: un hombre absolutamente normal acompaña a su hijo al autobús y después se mete en una reluciente cabina de teléfono de color rojo para hacer una llamada. Entonces, la puerta se cierra sigilosamente y le deja encerrado. Y lo que al principio es un simple cabreo se torna angustia cuando el hombre ve que ni los vecinos, ni la policía, ni los bomberos son capaces de sacarle de allí.
No es de extrañar que un ‘corto’ como La cabina ganara varios premios, entre ellos el Emmy y el de Mejor Intérprete de Televisión para López Vázquez. Crea incertidumbre desde el principio, cuando los cuatro misteriosos operarios instalan el ataúd acristalado en mitad de la plaza, con rapidez y diligencia. Y poco a poco entendemos el drama del personaje, lo terrible de su situación, a la que contribuyen los histriónicos comportamientos de quienes le rodean. La música escogida también ayuda a crear un clima de tensión, de saber que aquello no puede acabar bien aunque debiera, porque, al fin y al cabo… ¡maldita sea, solo es un hombre encerrado en una cabina!
oct
‘Suspense’ (1961)
Esta noche es Halloween, así que vamos a haceros una pequeña recomendación por si os vais a quedar en casa viendo la tele en lugar de salir a la calle disfrazados; una gran película que dirigió Jack Clayton en 1961 bajo el título original de The innocents, basada en una novela de Henry James, con guión adaptado de Truman Capote y con la señora Deborah Kerr al frente del reparto. Por supuesto no es un film de terror al uso, sino más bien de intriga o de suspense, como le gustó decir al traductor español, y está lleno de sutilezas que sí, dan miedo, sobre todo cuando el puzzle encaja su última pieza.
El inicio de la película ya reclama toda nuestra atención. Antes incluso de que salga el logo de la Fox, se proyectan 45 segundos en negro acompañados por una melodía infantil que suena tenebrosa. Poco a poco el negro se va difuminando y aparecen los títulos de crédito, pero nuestros ojos se van a la izquierda de la pantalla, porque allí están las manos suplicantes de Mrs. Kerr, orando, rezando por los inocentes. Fundido en negro. Arranca la historia.
Nos trasladamos al despacho de un aristócrata inglés del siglo XIX que busca a una institutriz que se haga cargo de sus sobrinos huérfanos. Él está muy ocupado con la vida pública y no quiere saber nada de ellos. Los niños viven en el campo, en una impresionante mansión rodeada de bosque, con la única compañía de la criada, la cocinera y el jardinero. La señora Giddens (Kerr) se presenta como candidata para la oferta de trabajo y se hace con el puesto. Inmediatamente, se traslada a la mansión y conoce a los encantadores mocosos Flora y Miles (Pamela Franklin y Martin Stephens).
sep
Alfred Hitchcock presenta: ‘Angustia’ (1955)
Cuando uno llega a casa tarde, cena en un santiamén y sabe que le queda poco para meterse en la cama antes de que se le cierren los párpados (motivo por el que no puede ver una película de dos horas aunque fuera su deseo), una excelente solución es escoger al azar uno de los capítulos de la serie Alfred Hitchcock presenta. Son historias cortas, de unos 25 minutos, con las que el director inglés mantuvo en vilo a la audiencia durante siete temporadas (en España, si no estoy equivocado, aún vamos por la tercera).
Cada programa tiene la misma estructura. En primer lugar, Hitchcock hace un monólogo frente a la cámara, con su habitual mueca de despreocupación, e introduce la historia con unas gotas de sarcasmo inglés. Después vemos el capítulo en sí, que a veces está protagonizado por estrellas de la época como Walter Matthau, Charles Bronson, Claire Trevor, Peter Lorre, James Coburn o Steve McQueen. Y los últimos dos o tres minutos corresponden de nuevo a Hitchcock, que incide en la moraleja del cuento sin abandonar el humor negro.
Angustia (Breakdown es su título original) se emitió el 13 de noviembre de 1955. Fue el séptimo episodio de la primera temporada y tuvo como protagonista a Joseph Cotten. El guión corrió a cargo de un habitual como Francis M. Cockrell y un desconocido llamado Louis Pollock. Cotten interpretaba a William Callew, un hombre de negocios sin escrúpulos que sufre un accidente de coche en una zona rural en la que están construyendo una carretera. El choque le produce una parálisis total: no puede mover ni una pestaña, aunque su cerebro funciona y está consciente. Para no meterse en problemas, los obreros le dejan allí creyendo que está muerto, pero él ve y oye perfectamente.
jul
‘Vértigo: De entre los muertos’ (1958)
En su día fue un fracaso comercial que Hitchcock achacó a James Stewart, al que consideraba demasiado mayor para su personaje, o a Kim Novak, un segundo plato del que nunca se sintió satisfecho (la primera elección, Vera Miles, se quedó embarazada en el momento más inoportuno). Actualmente, todavía hay muchos cinéfilos que cuestionan las supuestas virtudes de Vértigo: De entre los muertos, mientras los críticos modernos le dan el estatus de obra maestra, la sitúan al nivel de Psicosis y la emparejan con el cine de Godard y Truffaut.
Vértigo es una gran trampa en sí misma, y como tal hay que tomarla. Uno debe ponerse en la piel de Scottie Ferguson (James Stewart), el policía jubilado que no es capaz de subirse a una escalera tras sufrir una experiencia traumática durante una persecución por los tejados de San Francisco. Así es como debe entenderse la película: a través de los azules y asustados ojos de Stewart, confundiendo ficción y realidad. Hay que dejarse engañar por la luz irreal que envuelve a Madeleine (Kim Novak) y caer en la bruma del Golden Gate, en un estado soñoliento que se prolonga casi hasta el final. ¿Es pedir mucho, cuando supone un placer para los sentidos?
El vértigo del que habla Hitchcock en este film no es solamente el físico, el que pueda sentir Scottie colgado de una cañería a decenas de metros del suelo o subiendo a toda prisa al torreón de una iglesia. Es una sensación de mareo, de sentir que esto ya había ocurrido antes, pero siempre con el recuerdo manchado por el dolor. Hay escenas casi calcadas en varios momentos de la película, una y otra vez se vuelve a los mismos lugares, e incluso se ‘repiten’ personajes, para desconcierto del protagonista. Es una pesadilla que va dentro de otra y de otra, como grotescas muñecas rusas.
mar
‘Un secreto de mujer’ (1949)
Nicholas Ray fue uno de los directores que estuvieron en la nómina de la RKO desde finales de los años cuarenta. Sus títulos más emblemáticos aún estaban por llegar, pero ya en la productora de Howard Hugues rodó buenas películas. No fue el caso de Un secreto de mujer, a la que dedicamos la siguiente crítica.
Las protagonistas son Marian (Maureen O’Hara) y Susan (Gloria Grahame). La primera fue una cantante de voz extraordinaria que contrajo laringitis durante una de sus actuaciones y jamás volvió a recuperarse. Para superar el trance, aceptó pulir el diamante en bruto que era la joven Susan, hasta convertirla en la famosa Estrellita. El acompañante de ambas es un cínico pianista llamado Luke Jordan (Melvyn Douglas). Sinopsis que, de lejos, muy de lejos, recuerda a la Eva que aún estaba por desnudarse.
En la primera escena del film, Susan llega disgustada tras una rutinaria actuación radiofónica, se pelea con Marian y se encierra en su habitación. A los pocos minutos, Marian entra en el cuarto y cierra la puerta. Nicholas Ray no deja que veamos nada más. Volvemos al comedor, donde la criada limpia el polvo con total despreocupación. Silencio absoluto. Y de repente, un disparo. La criada sube las escaleras, abre la puerta y ve a Susan tendida en el suelo, con una bala cerca del corazón. Marian ya está llamando a la policía para confesarse. Pero Luke, que llega poco después, está convencido de su inocencia.
oct
‘Blow-up’ y el debate sobre la realidad
Aunque no es, ni mucho menos, una de mis películas favoritas, el Blow-up (1966) de Michelangelo Antonioni tiene una escena final que te hace reflexionar. Os invito a verla y a filosofar un poco acerca de conceptos como: realidad, fantasía, imaginación, vacío. En esta secuencia, David Hemmings es el espectador del partido de tenis ficticio que disputan un par de mimos. De repente, la pelota imaginaria sale de la pista. Hemmings va a buscarla. Y entonces, ocurre algo. Si no queréis tragaros el film completo (la verdad, es un tostón), al menos echad un vistazo a estos cuatro minutos mágicos.
oct
‘Las diabólicas’ (1955)
Las diabólicas es una película francesa estrenada en 1955 que toma su base de la novela Celle qui n’était plus, escrita por Pierre Boileau y Thomas Narcejac. El director, Henri-Georges Clouzot, compró los derechos unas horas antes de que Alfred Hitchcock se hiciera con ellos (para consuelo del maestro del suspense, Boileau y Narcejac escribirían tres años después cierta novela titulada De entre los muertos, material de primera calidad para el rodaje de Vértigo).
¿Quiénes son las diabólicas? Pues dos profesoras de un internado que están hasta las narices de ser humilladas por el director del centro, Michel Delassalle (Paul Meurisse). Una de ellas es su propia esposa, Christina (Véra Clouzot, a la sazón mujer de Henri-Georges) y la otra, su nueva amante, Nicole (Simone Signoret). En lugar de enfrentarse por la situación, las mujeres se solidarizan ante las palizas de Delassalle y trazan un plan para asesinarle. Nicole es la más decidida a acabar con él, pero Christina mantiene reticencias; es de las que, encima, pretende dar otra oportunidad a su marido. En fin; el plan se lleva a cabo y arrojan el cadáver a la piscina del internado con el objetivo de simular un suicidio. La sorpresa mayúscula es que, al retirar el agua de la piscina, el cuerpo de Delassalle ha desaparecido. Cómo, cuándo y por qué, es algo que las diabólicas no aciertan a comprender.






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