Western
Mar
Ciclo Cara de Poker: ‘El destino también juega’ (1966)
Si en el primer capítulo de nuestro ciclo describimos las angustiosas timbas de ‘El hombre del brazo de oro’, ahora nos centramos en una película que es una gran partida de poker del primer al último minuto. ‘El destino también juega’ fue dirigida por Fielder Cook en 1966 a partir de un guión de Sidney Carroll y contó con un extraordinario reparto en el que figuraban curtidos rostros del western como Jason Robards, Charles Bickford o Paul Ford, y dos estrellas de primer nivel como Joanne Woodward y Henry Fonda.
El ritmo inicial de la película es trepidante. Vemos a Charles Bickford vestido de enterrador, conduciendo una diligencia fúnebre a toda velocidad por las Grandes Llanuras. De vez en cuando se detiene para recoger a otro hombre, lo sube al carro y prosiguen la marcha. Así hasta llegar a Laredo, donde descubrimos qué tienen estos hombres en común: los cinco son unos artistas en jugar al poker en Texas. Se reúnen una vez al año para desplumarse los unos a los otros mientras los borrachos del bar mantienen el alma en vilo.
Dado que es un western con mucha comedia, los estereotipos de cada jugador son divertidos. Henry Drummond (Robards) es el favorito, seguro de sí mismo, enérgico y nervioso. Benson Tropp, el enterrador Bickford, proyecta una imagen lúgubre reforzada por su misoginia. Otto Habershaw (Kevin McCarthy) es un cínico guaperas que aparenta tener sentimientos. Dennis Wilcox (Robert Middleton) es un gordo bravucón que defiende las reglas del Viejo Oeste. Y Jesse Buford (John Qualen), un tímido jugador que no se fía ni de su sombra.
Feb
‘Johnny Guitar’ (1954)
Fue a principios de 1953 cuando Joan Crawford compró los derechos de la novela de Roy Chanslor ‘Johnny Guitar’. Sabía que en esas páginas había material de primera para rodar una película y que ella sería la protagonista perfecta. Con esta condición cedió los derechos a la Republic Pictures, que otorgó el papel de villana a Mercedes McCambridge; Crawford pataleó como protesta -ella prefería a la dócil Claire Trevor- pero tuvo que conformarse. Nicholas Ray fue elegido director y Sterling Hayden encarnó al hombre de la guitarra. El resultado fue un western atípico, con una trama tan enrevesada y oscura como la de un ‘film noir’ y algunas escenas y diálogos que son puro melodrama.
El excelente guión de Philip Yordan nos pone en situación con una larga y tensa primera secuencia en la que se van poniendo las cartas sobre la mesa, a menudo con insinuaciones y sutilezas muy bien trabajadas. Joan Crawford interpreta a Vienna, una mujer que, después de innumerables sacrificios -más adelante deja claro que ha tenido que abrir sus piernas a medio Far West para ganar el dinero que posee- ha conseguido abrir un casino en una zona desértica, a priori sin futuro alguno; pero Vienna sabe que en pocos meses llegará la vía del ferrocarril y que alrededor de su negocio florecerán miles de hogares. Mientras tanto, sus placeres son escuchar el sonido de la ruleta girando y olfatear los platos que prepara el viejo Tom (John Carradine) en la cocina.
Pero Vienna no es querida en estas tierras. Su presencia se ve como una amenaza para quienes ostentan el poder y, además, es acusada de colaborar con una banda que asalta diligencias cerca de la nueva ruta del ferrocarril. En su contra juega el hecho de que tuvo un romance con uno de los presuntos criminales, Dancin’ Kid (Scott Brady).
No hay pruebas concluyentes que la puedan enviar a la horca, pero tampoco tiene la seguridad de que no se las inventarán (¿otra alegoría de la caza de brujas?). Sabe que necesita protección y por eso se pone en contacto con un hombre recién salido de la cárcel, un tipo introvertido, de pocas palabras, alto como una torre y con una guitarra colgando de sus anchas espaldas. Aunque no lleva ningún arma, Vienna sabe de lo que es capaz. Ninguna mujer le ha conocido tan profundamente como ella.
Nov
‘Tierras lejanas’ (1954)
Seattle, 1896. El vaquero Jeff Webster (James Stewart) llega a la ciudad después de conducir un rebaño de tercas reses por medio país. La justicia le pisa los talones; se le acusa de matar a otros dos vaqueros que quisieron huir antes de lo previsto sin darle nada a cambio. Ayudado por el viejo Tatum (Walter Brennan), Webster mete a los animales en el barco que zarpa hacia Dawson, en la fría Alaska, y sube a bordo en el preciso momento en el que iban a echarle el guante. Al llegar a Dawson, el forajido se verá acosado por la fiebre del oro, por dos mujeres de carácter opuesto (Ruth Roman y Corinne Calvet) y por el sheriff Gannon (John McIntire), que no descansará hasta llevarlo a la horca.
Esta es, a grandes rasgos, la sinopsis de Tierras lejanas, la cuarta de las cinco películas del Oeste que James Stewart rodó a las órdenes de Anthony Mann, antes de que su relación se rompiera por culpa de La última bala. Estamos ante un western sólido, cuyo interés va ‘in crescendo’ con el paso de los minutos: lo que empieza siendo un mero relato costumbrista sobre la búsqueda del oro termina como un violento juego del gato y el ratón en el que Stewart expone abiertamente su pellejo. En este sentido, la construcción de su personaje es de ‘chapeau’. Una vez más, Mann obliga a Stewart a encarnar a un hombre de oscuro pasado, introvertido, de corazón impuro. Sabemos que es el ‘bueno’ de la película pero aún así nos resistimos a abrazarlo. Nada que ver con el caballero sin espada de Capra.
Mencionábamos también la presencia de dos mujeres de corte totalmente distinto. Ruth Roman interpreta a la altiva dueña de los ’saloons’ de Dawson, Ronda Castle, una mujer ambiciosa que impone sus reglas en un mundo masculino y que halla en el vaquero Webster a la horma de su zapato. En el otro lado del ring, la aniñada Corinne Calvet -aparenta 18 años pero casi rozaba la treintena- en el papel de Renee Vallon, experta buscadora de oro, altruista e ingenua, cuyo amor pueril choca una y otra vez con los desaires del protagonista.
Oct
BSO: ‘The green leaves of summer’, Tarantino se acuerda del Álamo
Por fin, después de varias semanas de espera, este sábado tuve el tiempo necesario para ir al cine a ver Malditos bastardos. Ya iba avisado de que Quentin Tarantino había vuelto a hacer gala de su pasión por el cine clásico, tanto por las referencias a las obras nazis de Riefenstahl y Goebbels como por sus habituales guiños a Sergio Leone. Así que fue un placer sentarse en la butaca y comprobar que la película empezaba con créditos al estilo western: letras de ’saloon’ amarillas sobre fondo negro acompañadas por el tema que os traigo aquí, The green leaves of summer. Una canción llena de nostalgia que Dimitri Tiomkin compuso para El Álamo en 1960 y que fue nominada al Oscar. En la continuación del post encontrareis la letra.
Jul
‘La última bala’ (1957)
La fructífera relación entre el director Anthony Mann y el actor James Stewart se truncó de golpe en 1957 por culpa de esta película: La última bala. En teoría iba a ser el sexto western del binomio, pero en el último instante Mann se quitó de enmedio alegando que el guión era muy flojo y que no entusiasmaría al público. Además, estaba en contra de la elección de Audie Murphy para uno de los papeles protagonistas, el del Niño de Utica. Así que la Universal se vio obligado a sustituirle por el desconocido James Neilson.
Tampoco Stewart se mostró especialmente interesado en el film. Si aceptó la oferta fue porque su personaje, el solitario buscavidas Grant McLaine, le iba a permitir demostrar sus aptitudes para tocar el acordeón. Y ni de eso pudo fardar, ya que en el montaje final, un acordeonista profesional dobló su interpretación. Para colmo de males, las críticas fueron decepcionantes y la recaudación de taquilla, insuficiente. Un fracaso mayúsculo que hizo que Stewart se enemistara con Mann para siempre, molesto porque el director se hubiera bajado del carro.
¿Tan mala era La última bala? Una vez vista, queda claro que no está entre los mejores westerns de Stewart y que su sola presencia no iba a servir para levantar una historia sin nervio, poco original y con personajes estereotipados, por mucho empeño que pusiera al acordeón. La elección de Neilson como director, falto de talento y experiencia, fue la estocada para un film cuyo principal reclamo era la espectacularidad visual que ofrecía un nuevo invento llamado Technirama.
May
‘El correo del infierno’ (1951)
No es Henry Hathaway el primer director que te viene a la cabeza cuando piensas en los westerns del cine clásico. Más allá de Valor de ley, que reportó el Oscar a John Wayne, el resto de su filmografía permanece en un segundo plano. Aquí tenemos un buen ejemplo: El correo del infierno. Una película sobria, llevada a cabo con los recursos justos y algunos atropellos en el guión, pero con la mano firme de quien demuestra llevar el cine en la sangre.
Toda la acción de El correo del infierno se desarrolla en una sola localización: una posta del correo que enlaza las ciudades de San Luis y San Francisco. Allí, en mitad de la nada, las diligencias cambian las mulas y los viajeros estiran las piernas y sacian su apetito. Un lugar desértico que es terreno abonado para los delincuentes. Tom Owens (Tyrone Power) se encarga de proteger a una viajera que se ha quedado en tierra (Susan Hayward) cuando corre la noticia de que unos asesinos andan por allí. Pero Tom es un joven torpe y cobarde, incapaz de dominar el rudo carácter de la mujer… Y tampoco es demasiado útil cuando los asesinos se presentan en la posta.
Aunque la historia empieza con el típico humor del Oeste al estilo John Ford, a los pocos minutos se suceden escenas realmente duras y violentas. Hathaway supo sacar partido de la excelente fotografía de Milton R. Krasner para que la soledad del lugar fuera una metáfora del estado en el que se encuentran los protagonistas, a los cuales hay que sumar, para mayor dramatismo, la presencia de una niña que apenas sabe andar. Y aunque Tyrone Power siempre me ha dado algo de tirria, reconozco que cuadra con el papel, con esa cara de héroe frustrado, un querer y no poder.
Abr
‘Incidente en Ox-Bow’ (1943)
La historia ha demostrado que las leyendas del Lejano Oeste son, casi siempre, falsas. Un mito que el cine se empeñó en expandir durante la primera mitad del siglo XX, creando un género que dio lugar a grandiosas películas, sin que por ello se cimenten en una base real. Basta con revisar las estadísticas de muerte por arma de fuego en la época de los cowboys para comprobar que el Oeste de los Estados Unidos no era tan salvaje como lo pintaban.
Lo que sí estaba más a la orden del día, tanto en las polvorientas calles de Texas como en el corazón de Nueva York, eran los linchamientos. Al hablar de Furia, de Fritz Lang, ya dijimos que entre 1887 y 1936 se produjeron seis mil ataques contra individuos que presuntamente habían cometido un crimen, de los cuales apenas 800 terminaron en juicios contra la vengativa multitud.
Este viejo problema del ojo por ojo motivó al escritor Walter Van Tilburg Clark a publicar una novela titulada Incidente en Ox-Bow. En ella, un grupo de violentos vecinos persigue a los supuestos ladrones de una partida de ganado que, en su huída, habrían asesinado al dueño de las reses. Coroneles resentidos por la reciente Guerra Civil, vaqueros desocupados, mujeres dominantes y hombres pusilánimes emprenden una caza suicida por las frías montañas de Nevada, hasta que topan con tres individuos a los que reconocen inmediatamente como los criminales. Cualquier indicio de culpabilidad, sea o no contrastado, es utilizado en su contra. La cuestión es sentir el placer de tomarse la justicia por su mano.
Abr
‘Horizontes de grandeza’ (1958)
Horizontes de grandeza fue uno de los pocos westerns que dirigió William Wyler en toda su carrera. Y como indican tanto su título español como el original -The big country-, lo rodó a lo grande:, con estrellas de primer nivel en el reparto, vistas espectaculares de la desértica Arizona, música épica y un alto componente dramático extraído de la novela de Donald Hamilton.
Como haría poco después en Matar a un ruiseñor, Gregory Peck encarna a un personaje pacifista por naturaleza. En esta ocasión es Jim McKay, un marinero que quiere asentarse definitivamente en tierra y formar una familia con la que vivir el resto de sus días. Siguiendo la pista de una chica con la que tuvo una aventura en Baltimore, Jim llega hasta un pequeño pueblo rural del Oeste para casarse con ella, Patricia Terrill (Carroll Baker).
La llegada de Jim es acogida de buen grado tanto por Julie como por su padre, el major Henry Terrill (Charles Bickford). Sin embargo, el forastero no sabe que su nueva familia está enfrentada a muerte con otra que vive exiliada a pocas millas de allí, comandada por el orondo Rufus Hannassey (Burl Ives) y su hijo Buck (Chuck Connors). Los Terrill presentan a los Hannassey como unos violentos vecinos a los que se debe exterminar, pero Jim se dará cuenta de que las razones de ambos bandos son estúpidas y será cada vez más reticente a casarse con la belicosa Patricia.
Mar
Los hermanos Coen proyectan hacer un remake de ‘Valor de ley’
Los hermanos Coen tampoco escapan a la fiebre de los remakes. Según informa la revista Variety, su próximo proyecto será versionar el western Valor de ley (1969), que sin ser de los mejores de John Wayne, sí fue el único que otorgó el Oscar al actor estadounidense. Seguro que algo tuvieron que ver su parche en el ojo y su buen trabajo, pero también el hecho de que los años iban pasando y la Academia no quería que Wayne se retirara sin una estatuilla a la que sacar brillo.
Valor de ley trata sobre un sheriff tuerto que ayuda a una chica de 14 años de lo más rebelde a atrapar y ajusticiar a los asesinos de su padre. Todo ello a partir de un relato escrito por Charles Portis. En esta ocasión los Coen cambiarían el punto de vista de la historia y lo centrarían en la adolescente que fue encarnada por Kim Darby. Recordemos además que esta película contaba con dos secundarios de nivel: Robert Duvall y Dennis Hopper. Dirigió Henry Hathaway.
Como es habitual, serán los propios Coen quienes escribirán el guión, toda vez que ya han finalizado el rodaje de la comedia A serious man, que se estrenará el próximo otoño. Hombre, aunque no deje de ser un remake (o una segunda adaptación de una novela, para ser exactos), uno se queda más tranquilo sabiendo que son los Coen y no Michael Bay quien está detrás de las cámaras. Además, el enfoque seguro que tendrá su sello personal. Y de paso, a ver si ayudan a revitalizar el western, siguiendo el camino de El tren de las 3:10 y Appaloosa.
Vía | 20 minutos (gracias, Nu)
Mar
Viaja más allá del Missouri en DVD
La frontera es uno de los conceptos históricos de los Estados Unidos. Durante el siglo XIX significó una especie de barrera móvil que los americanos empujaban desde el este para llevarla lo más cerca posible del Pacífico. Las barreras naturales que encontraban por el camino y las encarnizadas luchas con los indios (genocidio, hablando en plata) dieron a la frontera un aura místico que perduró varias generaciones y que, por supuesto, ha sido plasmada en el cine en infinitas ocasiones.
De eso trata el estreno en DVD más destacado de la semana en curso: Más allá del Missouri (1951). Clark Gable encarna a Flint Mitchell, un aventurero que se adentra en los inexplorados territorios de Idaho y Montana y es capturado por los indios Pies Negros, capitaneados por Ironshirt (Ricardo Montalbán). La única posibilidad de supervivencia para Mitchell es casarse con Kamiah (María Elena Marqués), la hija del jefe de la tribu. Y hasta aquí podemos leer.
Sin duda es la presencia de Clark Gable lo que da algo de interés a un western de segunda categoría que fue dirigido por William A. Wellman por imposición del propio actor, al que le había gustado mucho Fuego en la nieve. El rodaje fue muy accidentado. Ricardo Montalbán se fracturó la columna y fue intervenido durante nueve horas y media; pudo seguir trabajando, pero le quedaron secuelas de por vida. Además, el hecho de rodar en Technicolor provocó la incomodidad del equipo técnico y de las pobres mulas que debían cargar con las pesadas cámaras.
En definitiva, un DVD apto sólo para incondicionales del western, de Gable o de Montalbán, al menos hasta que la Warner rebaje el precio (15 euros por unidad y ni un triste contenido extra). Del mismo nivel son otros títulos de estreno en formato doméstico como Dallas, ciudad fronteriza (1950), La última cacería (1956) o Una trompeta lejana (1964).
Vía | ZonaDVD






















