Libros
Ago
Harpo Marx, silencioso ruido
Los periódicos españoles siguen dando espacio al cine clásico en sus suplementos veraniegos. A ver si cuando se vaya el calor siguen acordándose de él. En esta ocasión os traemos el extenso reportaje que Peio H. Riaño ha escrito en el diario ‘Público’ sobre Harpo Marx. Lo he leído con atención, porque Harpo es mi hermano Marx favorito, y tengo que reconocer que le hace bastante justicia. Básicamente es una recopilación de datos extraídos de la autobiografía ‘¡Harpo habla!’ que, según entiendo, va a reeditar Seix Barral el otoño próximo. Yo tengo por las estanterías la edición que sacó Montesinos en 2001. No sé si las historias de Harpo son tan divertidas como las de Groucho, pero seguramente sean más veraces. De todas ellas me quedaría con la tronchante visita a la Unión Soviética.
Hace unos años, un amigo -que ahora mismo está en Islandia- y yo entrevistamos a Félix Fanés, profesor de Historia del Arte y estudioso de la figura de Salvador Dalí (creo que por aquel entonces era el responsable del museo del pintor en Figueres). En la entrevista profundizamos sobre la relación entre Dalí y el cine de Hollywood, haciendo hincapié en la admiración que el pintor sentía hacia los hermanos Marx en general y hacia Harpo en particular. No recuerdo las palabras exactas del señor Fanés, pero vino a decirnos que, para Dalí, Harpo Marx era el paradigma del surrealismo, el alma pura de un niño atrapado en el cuerpo de un hombre y, sobre todo, un personaje incapaz de controlar sus instintos: se tiraba encima de la comida y las mujeres sin pensar en las consecuencias. Habría mucho que discutir aquí puesto que el comportamiento libertario de Harpo solía proceder de guiones que establecían un patrón de conducta ante la cámara; pero es cierto que la idea del personaje en sí -no de la persona- era para Dalí lo mismo que un trozo de queso para un ratón.
Siempre he admirado el cinismo y la ironía de Groucho, el falso encanto de Chico y la entereza con la que Zeppo asumía sus roles secundarios. Pero quien me robó hace tiempo el corazón cinematográfico fue Harpo; sí, por ser ese espíritu burlón, el tipo que hace todo lo que nosotros no podemos hacer porque nos regimos por las normas que nos impone la sociedad. Pero también por una razón mucho más sencilla: porque me hace reír. Uno de los mayores ataques de risa que he tenido nunca lo sufrí en una biblioteca mientras veía la escena de ‘Sopa de ganso’ que encabeza este post. Y es que el hombre que no podía hablar tenía una facilidad innata para emitir todo tipo de sonidos… en los peores momentos.
Vía | Público
Ene
‘El grupo salvaje de Hollywood. Dioses y monstruos’
Poco antes de Navidad me enteré de que Juan Tejero había publicado un nuevo libro de cine clásico a través de su sello particular, T&B Editores. El señor Tejero es un referente para cualquier aficionado a la edad dorada del séptimo arte, como demuestran sus estudios sobre Grace Kelly, Audrey Hepburn o John Wayne. Por aquí tengo el enciclopédico homenaje que le dedicó al Duque con motivo de su centenario, un exhaustivo repaso a su vida personal y a sus películas que viene acompañado de cientos de fotografías. Dos tomos de 500 páginas cada uno que no tienen desperdicio. Brutales.
Tejero regresa ahora con ‘El grupo salvaje de Hollywood. Dioses y monstruos’, una obra en la que retrata con bastante ironía a los actores y actrices que escandalizaron al público por cuestiones diversas fuera de la gran pantalla y que, por supuesto, alimentaron de necesario morbo sus respectivas leyendas. De momento solo se ha publicado la primera parte, que tiene 575 páginas y 688 fotos en color y blanco y negro. El otro día lo tuve en mis manos por primera vez y salí de la tienda triste por no poder llevármelo. 35 euros tienen la culpa. Claro que, como los libros de Wayne, el precio tiene pinta de estar justificado.
Las primeras estrellas descarriadas analizadas por Tejero son ‘Fatty’ Roscoe Arbuckle, la familia Barrymore al completo, Tallulah Bankhead, Marlene Dietrich, Errol Flynn, Robert Mitchum, Elizabeth Taylor y Steve McQueen. A cada uno de ellos le dedica un titular llamativo, muy acorde con sus escándalos, que lógicamente están relacionados con el sexo, el alcohol y las drogas. Además, hay un capítulo reservado para Hedda Hopper y Louella Parsons, las viperinas cronistas de todos estos ‘affairs’, y otro para la mítica revista ‘Confidential’, que vendió la mugre de Hollywood a sus ávidos lectores durante 25 años.
En fin, que ‘El grupo salvaje de Hollywood. Dioses y monstruos’ parece ser un ‘Hollywood Babilonia’ a lo bestia, mejor documentado (al menos con mayor objetividad) e ilustrado. Si alguien ha podido hacerse con él, que lo confirme, lo desmienta o calle para siempre. Y estaremos atentos a la publicación del segundo volumen. A ver si mientras tanto nos hacen una rebajilla…
Nov
Paul Newman no era perfecto, y qué
Hace poco más de un año que Paul Newman dejó este mundo. Como se suele decir, fue la crónica de una muerte anunciada, porque el cáncer que padecía ya le había puesto fecha de caducidad hacía tiempo. Ahora llega a España su primera gran biografía publicada ‘post mortem’, bajo el sello de la editorial Lumen. Pero no seáis malpensados: su autor, el crítico de cine Shawn Levy, empezó a redactarla hace más de cuatro años, periodo en el que se ha entrevistado con medio centenar de personas que estuvieron cerca del mito. Así que, si el deceso le proporciona unos ingresos extra, a Shawn que le registren.
Lo habitual para vender estos libros es destacar sus pasajes más sórdidos y la verdad es que, incluso alguien tan modélico dentro y fuera de la pantalla como Newman, los tiene. Y leemos que su idílico matrimonio con Joanne Woodward estuvo a punto de romperse durante el rodaje de Dos hombres y un destino, cuando Paul echó una canita al aire con la periodista Nancy Bacon, que le acusó de borracho e impotente. O que estaba tan enganchado a la cerveza que iba a trabajar con un abrebotellas colgado del cuello. O que su comportamiento como padre dejó mucho que desear e influyó en la muerte de su hijo Scott en 1978.
Pero la labor de Levy no ha consistido en destruir la reputación de una de las gandes leyendas del séptimo arte. El autor también afirma que Newman “encarna el siglo estadounidense y resume los mejores rasgos nacionales en un envoltorio práctico y atractivo”. En este sentido, Levy destaca la lealtad de Paul al ejército durante la Segunda Guerra Mundial, su implicación en el movimiento por la igualdad de los derechos sociales, sus dotes empresariales, sus obras de caridad y, por supuesto, su formación en el Actor’s Studio y el tremendo magnetismo que desprendía desde la gran pantalla.
Paul Newman: la biografía ya se puede comprar on line en la web oficial de Lumen. Se vende en un único formato de tapa dura con sobrecubierta, con 592 páginas de contenido y un precio de 23,90 euros más gastos de envío. A ver si lo veo en alguna tienda y os confirmo si sale más a cuenta comprarlo por internet o ‘in situ’.
Vía | El País (gracias, Nu)
Oct
‘La censura cinematográfica en España’, nuevo libro de Alberto Gil
Si ayer hablábamos de Fraga, hoy lo hacemos de su primo hermano, el Generalísimo, y de algo que los dos pusieron en práctica con alegría: la censura. Pero, para no enervarnos más de la cuenta, nos lo tomaremos con humor, siguiendo el ejemplo de Alberto Gil en su libro La censura cinematográfica en España, que acaba lanzar Ediciones B. Se trata de un repaso exhaustivo a las películas que fueron vetadas parcial o totalmente por el franquismo.
Los comentarios de los censores no tienen desperdicio. Ellos mismos quedan en ridículo, pero lo fuerte es que sus decisiones iban a misa, sobre todo si Franco desaprobaba determinadas escenas con un repentino carraspeo (similar al que emitían nuestros padres cuando el anuncio de Fa se colaba entre los dibujos animados).
Ejemplo: Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961), fue calificada de “absolutamente amoral”, con escenas “de crudo realismo, una de ellas pornográfica”. Yo aún le doy vueltas a cuál se refiere; porque lo más ‘porno’ que veo es el torso de George Peppard, y ya me contareis. ¿Qué habría dicho el censor si hubiera sabido que la película es mucho más ‘light’ que el libro original de Truman Capote?
Definitivamente, la censura era y es una enfermedad. Cómo explicar si no que Tarzán fuera considerado un héroe gay que desviaba “la atención de los hombres a la sexualidad femenina, dañando psíquicamente a los adolescentes poco diferenciados”. O que Drácula era una obra “para deficientes mentales”. Y eso sin contar los films censurados por atentar contra la doctrina católica, como La hora final (Stanley Kramer, 1959): “Los personajes, al saber que van a morir por causas irremediables (…) deciden suicidarse colectivamente sin entrar en condiciones morales o religiosas y entregándose a la borrachera y al amor libre en vez de rezar y encomendar sus almas a Dios.” Ahí queda eso.
Lo triste del caso es que hoy en día la censura sigue existiendo. Para muestra, un botón.
Vía | Público (gracias, Nu)
Oct
Apuntes clásicos: Polanski, Flynn y Monroe
Hay varios temas candentes relacionados con el cine clásico, pero como ninguno de ellos da para un post muy elaborado -las cosas como son- os los ofrecemos a continuación en formato breve. Eso sí, nuestros tres protagonistas no son cualquiera…
- Ya hace más de dos semanas que encarcelaron a Roman Polanski, al que un tribunal suizo ha negado la libertad condicional que pedía su abogado. No es que estemos desconectados del caso, pero tampoco queremos caer en el juego de los grandes medios, a los que de repente les interesa muchísimo la vida y milagros del director de La semilla del diablo. Pero, en fin, algo tenemos que decir. Lo primero es que nos alegra que, aunque sea tarde, Polanski vaya a ser juzgado por lo que hizo. Y lo segundo es que, según cuentan sus allegados, está acabando en la cárcel su nueva película: El fantasma (en la que hay un papel reservado para el gran Eli Wallach). Y de esto también nos alegramos, porque entendemos que hay que separar sus pecados personales de su excelente trayectoria profesional, cosa que algunos no quieren entender.
- Este miércoles 15 de octubre se cumplieron 50 años de la muerte de Errol Flynn, el truhán indomable, como titula el reportaje de Fran Casillas para El Mundo. Gran excusa para repasar su ajetreada biografía, a la que ya nos referimos en junio con motivo del centenario de su nacimiento. Cualquiera que haya visto sus películas le recordará inmerso en alguna aventura épica, con una espada en la mano, saltando de aquí para allá, poniendo en jaque a sus enemigos y llevándose a la cama a cualquier chica interesante que se cruce en su camino (delante y detrás de las cámaras). Murió en una situación bastante precaria, en Canadá. Sólo tenía 50 años cuando fue víctima de un ataque al corazón.
- Para acabar, volvemos a hablar del dichoso nicho superior al que ocupa Marilyn Monroe en el Westwood Village Memorial Park de Los Ángeles. La viuda Poncher quiere sacar de allí a su marido cueste lo que cueste, y tras un primer fiasco de subasta (un japonés se rajó después de ofrecer 4,6 millones de dólares), ya se puede pujar de nuevo en eBay por el privilegio de dormir eternamente sobre la ambición rubia. Esta vez, para evitar problemas, se pide un adelanto del cinco por ciento. La subasta termina el 29 de octubre. ¿A cuánto ascenderá esta vez?
Oct
Libro: ‘Fotorretórica de Hollywood: El manuscrito perdido’
Desde la perspectiva que dan los años, hoy podemos ver claramente cómo empezó a entrar en crisis el sistema de estudios de Hollywood. Fue a finales de los cincuenta cuando importantes actores y directores dieron un paso al frente para deshacerse de la tiranía de las grandes productoras, que insistían en tratarles como la mercancía de una cadena de montaje. Estas estrellas rebeldes seguían el camino abierto muchos años atrás por Charles Chaplin o Cary Grant y mantuvieron el pulso hasta sus últimas consecuencias.
No estoy seguro de que a partir de entonces las películas de Hollywood fueran mejores, pero sí que fueron diferentes. Y lo mismo pensó el fotógrafo Barry Feinstein en 1964, cuando se le ocurrió la brillante idea de plasmar el fin del cine clásico -tal como lo entendemos en este blog- a través de la imagen. Tomó fotos que reflejaban la decadencia de Hollywood y le pidió a su amigo Bob Dylan que redactara pequeños textos para acompañarlas. En este post tenemos un ejemplo: el inconfundible rostro de Marlene Dietrich durante el funeral de Gary Cooper.
Sin embargo, el proyecto cayó en saco roto y ha permanecido en el ostracismo durante más de 40 años. ¿La razón? El miedo de los autores a que los estudios se sintieran agraviados y presentaran demandas millonarias, aunque solo fuera por despecho. Así que hemos tenido que esperar hasta 2008 -hasta 2009 en España- para poder disfrutar de las fotos de Feinstein y de los poemas de Dylan. Démosle las gracias a la editorial Global Rhytm, distribuidora en nuestro país de Fotorretórica de Hollywood: El manuscrito perdido. A quien le interese, que vaya preparando unos 30 euros. Pero seguro que estarán bien invertidos.
Jul
‘Las estrellas de Hollywood por Peter Bogdanovich’
Peter Bogdanovich es un actor, guionista, productor y director de cine que rozó el Oscar en 1971 con La última película, un drama basado en la novela de Larry McMurtry que protagonizaron Timothy Bottoms, Jeff Bridges, Cybill Shepherd, Ben Johnson, Cloris Leachman y Ellen Burstyn. En otras ocasiones ha tenido la fortuna de dirigir a Barbra Streisand (¿Qué me pasa, doctor?, 1972), Audrey Hepburn y Ben Gazzara (Todos rieron, 1981) o Carol Burnett y Michael Caine (¡Qué ruina de función!, 1992). Recientemente le hemos visto encarnar al doctor Elliot Kupferberg en 15 episodios de Los Soprano.
Pero, además, Peter Bogdanovich es un mitómano… Y un cotilla. Nacido en 1939, llegó a Hollywood justo cuando el sistema de estudios empezaba a resquebrajarse. Asistió al relevo que las hornadas del Actor’s Studio dieron a los intépretes clásicos y se entrevistó y forjó amistades con unos y con otros. Como si de un fan cualquiera se tratara, recopiló autógrafos, fotos, grabaciones, charlas a la hora del té y copas a altas horas de la noche. Y de vez en cuando nos obsequia con esas experiencias a través de libros y documentales. De ahí lo de cotilla… Pero bendito cotilla.
Las estrellas de Hollywood por Peter Bogdanovich ofrece una visión amable, sesgada y a menudo presuntuosa sobre los contactos que el director mantuvo con actores y actrices del periodo clásico, desde Lillian Gish hasta John Wayne, pasando por Jack Lemmon, Dean Martin, Sal Mineo o Marilyn Monroe. Bogdanovich no duda en tirarse flores de vez en cuando y nos pone los dientes largos cada dos párrafos. Pero es eso lo que esperamos encontrar: detalles íntimos de las estrellas que, sin caer en el mal gusto, nos ayuden a comprender que eran de carne y hueso. Y es eso lo que hace al libro tan adictivo.
Jun
‘Heaven & Hell to play with’, todos los secretos del cazador
Gracias a Gloria, gran estudiosa de la vida y obra de Charles Laughton, me enteré de la existencia de Heaven & Hell to play with, un libro de Preston Neal Jones que explicaba todos los entresijos de La noche del cazador. Por supuesto no había forma de encontrarlo en España, así que tuve que esperar unas semanas para que cruzara el Atlántico y otras cuantas para poder leerlo; mis profes de Inglés estarían orgullosos. Pero el esfuerzo ha merecido la pena.
Jones escribió el libro en 2002 basándose en entrevistas realizadas al equipo técnico y artístico de la película, pero también ayudándose del material filmado que se quedó en la sala de montaje y que, hasta la fecha, sólo puede verse en la Universidad de California. Ocho horas de tomas, escenas eliminadas, variaciones de diálogos y anécdotas del reparto que podemos reproducir en nuestras cabezas durante 400 páginas, a la espera de que alguna distribuidora las incluya en una edición en DVD que sea como Dios manda (nunca mejor dicho).
Como es lógico, el hilo conductor del relato es Charles Laughton. Es digna de elogio la obstinación de este hombre por llevar adelante su proyecto y, de paso, es aún más digno resaltar la injusticia que se cometió al no dejar que nunca más pudiera dirigir una película. Porque si La noche del cazador ha pasado a la historia del cine y es considerada una obra de culto, es por la mirada de Laughton a través de la cámara. Un hombre de talento que, en contra de la leyenda popular, se portó muy bien con los niños protagonistas (aunque intuyo que la niña no era muy de su gusto) y se dejó aconsejar por fotógrafos, diseñadores de producción y músicos. En este sentido, había algo de inseguridad en el comportamiento de Laughton, y es normal si tenemos en cuenta que era su debut.
Jun
Llegan las escandalosas y lascivas memorias de Errol Flynn
“Vivir he vivido muchísimo, como un glotón comiéndose el mundo, y no creo que sea egolatría sugerir que pocos de los que han vivido en este siglo han tragado más mundo que yo. En el mar, en su fondo, en el aire, en todas las partes de casi todas las tierras, yo no he ido en busca de fama o fortuna, sino de la vindicación del acto de vivir.”
Estas palabras fueron escritas por Errol Flynn en su autobiografía, Aventuras de un vividor, poco antes de morir de un ataque al corazón el 14 de octubre de 1959, con apenas 50 años. Ha tenido que pasar medio siglo para que esas apasionantes memorias lleguen a España, como casi siempre gracias al sello de TB Editores, que la incluye en su valioso catálogo Cinemitos por un precio de 24 euros.
Decir apasionante cuando nos referimos a una estrella del Hollywood clásico puede parecer un simple tópico, pero es que tratándose de Errol Flynn, está plenamente justificado. Nacido en la lejana Tasmania, se buscó la vida como boxeador, buscador de oro, militar y marino mercante, antes de entrar a formar parte de la fábrica de los sueños. Y cuando lo hizo, no se dejó domesticar en sus películas de aventuras, ni permitió que ningún doble se arriesgara por él en las escenas más peligrosas: “Maldita sea, me decía, no quiero ser un farsante.”
Abr
‘Vincente Minnelli: Hollywood’s dark dreamer’
La editorial St. Martin’s Press acaba de publicar una nueva biografía sobre Vincente Minnelli, a cargo del crítico de cine y profesor de la Universidad de California Emanuel Levy. A lo largo de 448 páginas, se detalla la vida del director de algunos de los musicales más famosos del Hollywood clásico, como Cita en St. Louis (1944), Un americano en París (1951) o Gigi (1958), por el que consiguió su único Oscar.
Minnelli nació el 28 de febrero de 1903 en Chicago, en el seno de una familia de artistas ambulantes que se dedicaban a hacer giras por el Medio Oeste americano. Levy, autor de varios libros de cine y de una biografía sobre el director George Cukor, relata la llegada de Vincente (nacido Lester Anthony) a Los Ángeles; su afán perfeccionista, su carácter tímido y reservado, su ambigüedad sexual y, por supuesto, su sonado matrimonio con Judy Garland, que le convertiría en padre de Liza Minnelli.
Levy ha llegado mucho más lejos que otros biógrafos a la hora de recopilar información inédita, ya que ha tenido acceso a los archivos personales de Lee Anderson, la cuarta y última esposa del director. Sin embargo, el crítico Dana Stevens cree que Levy satura al lector con tantos datos: “La tarea del biógrafo es encontrar un equilibrio entre lo incisivo y lo minucioso, donde Levy se equivoca, con la paradójica consecuencia de que los lectores aprenderán más de lo que siempre quisieron saber sobre la vida de Vincente Minnelli, pero no lo suficiente acerca de él.”
Esperemos que no tarden demasiado en traducirlo al castellano y exportarlo a España, para que podamos dar nuestra propia opinión. Y esperemos también que rebajen su precio, porque en Estados Unidos cuesta casi 38 dólares.
Vía | The New York Times




















