Libros
ago
Gene Tierney sobre el papel
Me vais a perdonar los que suspiráis todo el año para que lleguen los calores estivales pero, después del chaparrón que ha caído esta tarde en Barcelona, la ciudad huele mejor y la noche es bastante más fresquita. Espero que sea el preludio del otoño, al que le queda menos de un mes para llegar.
El fresquito agiliza mis neuronas y me da energías para ponerme delante del ordenador a las tantas de la noche. Pero como andamos escasos de noticias sobre cine clásico, he decidido recordar la figura de una actriz etérea, de las que pocas veces se mencionan en los listados pero de la que hay abundante bibliografía. Y qué mejor que un libro para recrearse en el descenso de las temperaturas en esta noche de verano.
Ella se llamaba Gene Tierney, tenía raíces irlandesas y nació en el seno de una familia pudiente de Nueva York el 19 de noviembre de 1920. Era guapísima, eso salta a la vista. No fue una gran actriz, no tenía un registro demasiado amplio ni llegaba a la suela de los zapatos de Katharine Hepburn o Bette Davis, pero supo estar a la altura de peliculones como ‘Laura’ (1944), ‘Que el cielo la juzgue’ (1945) o ‘El fantasma y la señora Muir’ (1947).
Sobre Gene Tierney existen varios libros, ninguno de ellos editados en España. Yo conseguí hacerme con ellos poco a poco, esperando pacientemente a que cruzaran el charco tras ser enviados desde vaya usted a saber qué librería de viejo de Minnesota. El más importante e imprescindible es, sin duda, su autobiografía: ‘Self-portrait’ (1979). El libro arranca con un episodio tremendo, en el que Tierney narra su intento de suicidio, cuando se subió a la cornisa de un rascacielos; después alterna su relato de lucha contra la demencia y sus aventuras en Hollywood, tanto delante como detrás de las cámaras.
abr
Libros de cine clásico para este Sant Jordi 2011
Falta exactamente una semana para la Diada de Sant Jordi 2011, que en mi opinión es la verdadera fiesta nacional de Catalunya. Este año estamos de suerte porque cae en sábado; pero lo normal es que caiga en día laborable, y es una lástima. Las calles rebosan de gente comprando libros y rosas, y somos miles los que disfrutamos regalando ambas cosas (y recibiéndolas). Así que a ver si alguien propone que se convierta en día festivo. A mí, la verdad, no me importaría cambiarlo por el funesto 11 de septiembre. En fin, si vais a regalar un libro y no sabéis cuál, el cine clásico siempre es una opción. Aquí van algunas ideas:
‘Boris Karloff: el aristócrata del terror’ (Javier Cortijo. 264 páginas, 131 fotos en blanco y negro. Pliego central con 43 carteles en color. 20 euros. T&B Editores). ¿Cómo es que un hombre tan feo, que daba tanto miedo, que encarnó a monstruos de la talla de Frankenstein o la Momia, que se convirtió en un referente del cine de terror en los años 30… fue también un hombre admirado y querido por todo el mundo? Así era Boris Karloff: una bestia horripilante cuando se metía en faena, pero un pedazo de pan en cuanto salía por la puerta del estudio. Javier Cortijo repasa su biografía de manera bastante completa y, además, con un lujo de prólogo escrito por Sara Jane Karloff, hija de Boris. Muy recomendable.
‘El Cid: 50 aniversario’ (Víctor Matellano y Miguel Losada. 208 páginas y 108 fotos en blanco y negro. 17 euros. T&B Editores). En 2011 se cumple medio siglo del estreno de ‘El Cid’, una de las películas que más huella dejaron en España porque casi todo el rodaje tuvo lugar en la ancha Castilla. Bueno, por eso y porque el reparto estaba encabezado por dos gigantes de Hollywood como Charlton Heston y Sophia Loren; y porque el director, Anthony Mann, tampoco era manco. Los autores repasan en este libro el diario del rodaje, una historia plagada de anécdotas y dificultades, con testimonios curiosos como el de Sara Montiel. También se recogen las reacciones del público y de la prensa tras el estreno, así como un minucioso estudio de la banda sonora que compuso el maestro Miklos Rozsa.
mar
Llega a España ‘Grace Kelly’, de Donald Spoto
Aunque sólo sea por la cantidad de biografías que ha publicado (y vendido) en los últimos 35 años, el escritor y teólogo Donald Spoto se ha ganado con creces la etiqueta de “biógrafo de las estrellas de Hollywood”. Iconos del cine clásico como Ingrid Bergman, Marlene Dietrich, Laurence Olivier o James Dean han sido diseccionados por Spoto en obras tan voluminosas que difícilmente se adaptan a las socorridas ediciones de bolsillo.
Esta productividad no le ha hecho impermeable a las críticas de otros biógrafos que dudan de la exhaustividad de sus investigaciones y que le acusan de llegar a conclusiones precipitadas (valgan como ejemplo los dardos que le lanza Patrick McGilligan en su biografía sobre Alfred Hitchcock); pero sí le ha hecho ganarse el estatus de biógrafo de cabecera para miles de cinéfilos estadounidenses.
El último icono que ha investigado Spoto ha sido Joan Crawford, pero la biografía que nos llega ahora a España es la de Grace Kelly, con dos años de comprensible retraso. Para escribirla, Spoto se ha servido de siete años de privilegiada amistad con la actriz, cuando ésta ya era esposa de Rainiero y princesa de Mónaco. Dice el autor que ha tardado 25 años en ponerse a redactar este libro cumpliendo los deseos de la princesa, que poco antes de su muerte, en 1982, le dijo que era demasiado joven como para ser protagonista de unas memorias. Y es cierto, porque tenía 52 años cuando falleció en un accidente de coche que todavía hoy suscita las más rocambolescas sospechas.
“Quiero dejar claro un tópico: Grace era mucho más que una cara bonita.” Elemental, querido Spoto. Por eso ganó el Oscar de ‘La angustia de vivir’. Por eso a uno le conquistan su volcánica actuación en ‘Mogambo’, sus trabajos para Hitchcock o su crucial intervención en ‘Solo ante el peligro’. Grace Kelly tuvo una carrera corta (diez películas en cinco años) pero dejó una huella imborrable en el séptimo arte, donde fue princesa antes de que Rainiero se la llevara para siempre. Y tengo que reconocer que me asalta un prejuicio antes de leer este libro: que Spoto habrá pasado de puntillas por la Grace actriz, para centrarse en la Grace de palacio. Ojalá me equivoque.
Vía | El Mundo
ago
Harpo Marx, silencioso ruido
Los periódicos españoles siguen dando espacio al cine clásico en sus suplementos veraniegos. A ver si cuando se vaya el calor siguen acordándose de él. En esta ocasión os traemos el extenso reportaje que Peio H. Riaño ha escrito en el diario ‘Público’ sobre Harpo Marx. Lo he leído con atención, porque Harpo es mi hermano Marx favorito, y tengo que reconocer que le hace bastante justicia. Básicamente es una recopilación de datos extraídos de la autobiografía ‘¡Harpo habla!’ que, según entiendo, va a reeditar Seix Barral el otoño próximo. Yo tengo por las estanterías la edición que sacó Montesinos en 2001. No sé si las historias de Harpo son tan divertidas como las de Groucho, pero seguramente sean más veraces. De todas ellas me quedaría con la tronchante visita a la Unión Soviética.
Hace unos años, un amigo -que ahora mismo está en Islandia- y yo entrevistamos a Félix Fanés, profesor de Historia del Arte y estudioso de la figura de Salvador Dalí (creo que por aquel entonces era el responsable del museo del pintor en Figueres). En la entrevista profundizamos sobre la relación entre Dalí y el cine de Hollywood, haciendo hincapié en la admiración que el pintor sentía hacia los hermanos Marx en general y hacia Harpo en particular. No recuerdo las palabras exactas del señor Fanés, pero vino a decirnos que, para Dalí, Harpo Marx era el paradigma del surrealismo, el alma pura de un niño atrapado en el cuerpo de un hombre y, sobre todo, un personaje incapaz de controlar sus instintos: se tiraba encima de la comida y las mujeres sin pensar en las consecuencias. Habría mucho que discutir aquí puesto que el comportamiento libertario de Harpo solía proceder de guiones que establecían un patrón de conducta ante la cámara; pero es cierto que la idea del personaje en sí -no de la persona- era para Dalí lo mismo que un trozo de queso para un ratón.
Siempre he admirado el cinismo y la ironía de Groucho, el falso encanto de Chico y la entereza con la que Zeppo asumía sus roles secundarios. Pero quien me robó hace tiempo el corazón cinematográfico fue Harpo; sí, por ser ese espíritu burlón, el tipo que hace todo lo que nosotros no podemos hacer porque nos regimos por las normas que nos impone la sociedad. Pero también por una razón mucho más sencilla: porque me hace reír. Uno de los mayores ataques de risa que he tenido nunca lo sufrí en una biblioteca mientras veía la escena de ‘Sopa de ganso’ que encabeza este post. Y es que el hombre que no podía hablar tenía una facilidad innata para emitir todo tipo de sonidos… en los peores momentos.
Vía | Público
ene
‘El grupo salvaje de Hollywood. Dioses y monstruos’
Poco antes de Navidad me enteré de que Juan Tejero había publicado un nuevo libro de cine clásico a través de su sello particular, T&B Editores. El señor Tejero es un referente para cualquier aficionado a la edad dorada del séptimo arte, como demuestran sus estudios sobre Grace Kelly, Audrey Hepburn o John Wayne. Por aquí tengo el enciclopédico homenaje que le dedicó al Duque con motivo de su centenario, un exhaustivo repaso a su vida personal y a sus películas que viene acompañado de cientos de fotografías. Dos tomos de 500 páginas cada uno que no tienen desperdicio. Brutales.
Tejero regresa ahora con ‘El grupo salvaje de Hollywood. Dioses y monstruos’, una obra en la que retrata con bastante ironía a los actores y actrices que escandalizaron al público por cuestiones diversas fuera de la gran pantalla y que, por supuesto, alimentaron de necesario morbo sus respectivas leyendas. De momento solo se ha publicado la primera parte, que tiene 575 páginas y 688 fotos en color y blanco y negro. El otro día lo tuve en mis manos por primera vez y salí de la tienda triste por no poder llevármelo. 35 euros tienen la culpa. Claro que, como los libros de Wayne, el precio tiene pinta de estar justificado.
Las primeras estrellas descarriadas analizadas por Tejero son ‘Fatty’ Roscoe Arbuckle, la familia Barrymore al completo, Tallulah Bankhead, Marlene Dietrich, Errol Flynn, Robert Mitchum, Elizabeth Taylor y Steve McQueen. A cada uno de ellos le dedica un titular llamativo, muy acorde con sus escándalos, que lógicamente están relacionados con el sexo, el alcohol y las drogas. Además, hay un capítulo reservado para Hedda Hopper y Louella Parsons, las viperinas cronistas de todos estos ‘affairs’, y otro para la mítica revista ‘Confidential’, que vendió la mugre de Hollywood a sus ávidos lectores durante 25 años.
En fin, que ‘El grupo salvaje de Hollywood. Dioses y monstruos’ parece ser un ‘Hollywood Babilonia’ a lo bestia, mejor documentado (al menos con mayor objetividad) e ilustrado. Si alguien ha podido hacerse con él, que lo confirme, lo desmienta o calle para siempre. Y estaremos atentos a la publicación del segundo volumen. A ver si mientras tanto nos hacen una rebajilla…
nov
Paul Newman no era perfecto, y qué
Hace poco más de un año que Paul Newman dejó este mundo. Como se suele decir, fue la crónica de una muerte anunciada, porque el cáncer que padecía ya le había puesto fecha de caducidad hacía tiempo. Ahora llega a España su primera gran biografía publicada ‘post mortem’, bajo el sello de la editorial Lumen. Pero no seáis malpensados: su autor, el crítico de cine Shawn Levy, empezó a redactarla hace más de cuatro años, periodo en el que se ha entrevistado con medio centenar de personas que estuvieron cerca del mito. Así que, si el deceso le proporciona unos ingresos extra, a Shawn que le registren.
Lo habitual para vender estos libros es destacar sus pasajes más sórdidos y la verdad es que, incluso alguien tan modélico dentro y fuera de la pantalla como Newman, los tiene. Y leemos que su idílico matrimonio con Joanne Woodward estuvo a punto de romperse durante el rodaje de Dos hombres y un destino, cuando Paul echó una canita al aire con la periodista Nancy Bacon, que le acusó de borracho e impotente. O que estaba tan enganchado a la cerveza que iba a trabajar con un abrebotellas colgado del cuello. O que su comportamiento como padre dejó mucho que desear e influyó en la muerte de su hijo Scott en 1978.
Pero la labor de Levy no ha consistido en destruir la reputación de una de las gandes leyendas del séptimo arte. El autor también afirma que Newman “encarna el siglo estadounidense y resume los mejores rasgos nacionales en un envoltorio práctico y atractivo”. En este sentido, Levy destaca la lealtad de Paul al ejército durante la Segunda Guerra Mundial, su implicación en el movimiento por la igualdad de los derechos sociales, sus dotes empresariales, sus obras de caridad y, por supuesto, su formación en el Actor’s Studio y el tremendo magnetismo que desprendía desde la gran pantalla.
Paul Newman: la biografía ya se puede comprar on line en la web oficial de Lumen. Se vende en un único formato de tapa dura con sobrecubierta, con 592 páginas de contenido y un precio de 23,90 euros más gastos de envío. A ver si lo veo en alguna tienda y os confirmo si sale más a cuenta comprarlo por internet o ‘in situ’.
Vía | El País (gracias, Nu)
oct
‘La censura cinematográfica en España’, nuevo libro de Alberto Gil
Si ayer hablábamos de Fraga, hoy lo hacemos de su primo hermano, el Generalísimo, y de algo que los dos pusieron en práctica con alegría: la censura. Pero, para no enervarnos más de la cuenta, nos lo tomaremos con humor, siguiendo el ejemplo de Alberto Gil en su libro La censura cinematográfica en España, que acaba lanzar Ediciones B. Se trata de un repaso exhaustivo a las películas que fueron vetadas parcial o totalmente por el franquismo.
Los comentarios de los censores no tienen desperdicio. Ellos mismos quedan en ridículo, pero lo fuerte es que sus decisiones iban a misa, sobre todo si Franco desaprobaba determinadas escenas con un repentino carraspeo (similar al que emitían nuestros padres cuando el anuncio de Fa se colaba entre los dibujos animados).
Ejemplo: Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961), fue calificada de “absolutamente amoral”, con escenas “de crudo realismo, una de ellas pornográfica”. Yo aún le doy vueltas a cuál se refiere; porque lo más ‘porno’ que veo es el torso de George Peppard, y ya me contareis. ¿Qué habría dicho el censor si hubiera sabido que la película es mucho más ‘light’ que el libro original de Truman Capote?
Definitivamente, la censura era y es una enfermedad. Cómo explicar si no que Tarzán fuera considerado un héroe gay que desviaba “la atención de los hombres a la sexualidad femenina, dañando psíquicamente a los adolescentes poco diferenciados”. O que Drácula era una obra “para deficientes mentales”. Y eso sin contar los films censurados por atentar contra la doctrina católica, como La hora final (Stanley Kramer, 1959): “Los personajes, al saber que van a morir por causas irremediables (…) deciden suicidarse colectivamente sin entrar en condiciones morales o religiosas y entregándose a la borrachera y al amor libre en vez de rezar y encomendar sus almas a Dios.” Ahí queda eso.
Lo triste del caso es que hoy en día la censura sigue existiendo. Para muestra, un botón.
Vía | Público (gracias, Nu)
oct
Apuntes clásicos: Polanski, Flynn y Monroe
Hay varios temas candentes relacionados con el cine clásico, pero como ninguno de ellos da para un post muy elaborado -las cosas como son- os los ofrecemos a continuación en formato breve. Eso sí, nuestros tres protagonistas no son cualquiera…
- Ya hace más de dos semanas que encarcelaron a Roman Polanski, al que un tribunal suizo ha negado la libertad condicional que pedía su abogado. No es que estemos desconectados del caso, pero tampoco queremos caer en el juego de los grandes medios, a los que de repente les interesa muchísimo la vida y milagros del director de La semilla del diablo. Pero, en fin, algo tenemos que decir. Lo primero es que nos alegra que, aunque sea tarde, Polanski vaya a ser juzgado por lo que hizo. Y lo segundo es que, según cuentan sus allegados, está acabando en la cárcel su nueva película: El fantasma (en la que hay un papel reservado para el gran Eli Wallach). Y de esto también nos alegramos, porque entendemos que hay que separar sus pecados personales de su excelente trayectoria profesional, cosa que algunos no quieren entender.
- Este miércoles 15 de octubre se cumplieron 50 años de la muerte de Errol Flynn, el truhán indomable, como titula el reportaje de Fran Casillas para El Mundo. Gran excusa para repasar su ajetreada biografía, a la que ya nos referimos en junio con motivo del centenario de su nacimiento. Cualquiera que haya visto sus películas le recordará inmerso en alguna aventura épica, con una espada en la mano, saltando de aquí para allá, poniendo en jaque a sus enemigos y llevándose a la cama a cualquier chica interesante que se cruce en su camino (delante y detrás de las cámaras). Murió en una situación bastante precaria, en Canadá. Sólo tenía 50 años cuando fue víctima de un ataque al corazón.
- Para acabar, volvemos a hablar del dichoso nicho superior al que ocupa Marilyn Monroe en el Westwood Village Memorial Park de Los Ángeles. La viuda Poncher quiere sacar de allí a su marido cueste lo que cueste, y tras un primer fiasco de subasta (un japonés se rajó después de ofrecer 4,6 millones de dólares), ya se puede pujar de nuevo en eBay por el privilegio de dormir eternamente sobre la ambición rubia. Esta vez, para evitar problemas, se pide un adelanto del cinco por ciento. La subasta termina el 29 de octubre. ¿A cuánto ascenderá esta vez?
oct
Libro: ‘Fotorretórica de Hollywood: El manuscrito perdido’
Desde la perspectiva que dan los años, hoy podemos ver claramente cómo empezó a entrar en crisis el sistema de estudios de Hollywood. Fue a finales de los cincuenta cuando importantes actores y directores dieron un paso al frente para deshacerse de la tiranía de las grandes productoras, que insistían en tratarles como la mercancía de una cadena de montaje. Estas estrellas rebeldes seguían el camino abierto muchos años atrás por Charles Chaplin o Cary Grant y mantuvieron el pulso hasta sus últimas consecuencias.
No estoy seguro de que a partir de entonces las películas de Hollywood fueran mejores, pero sí que fueron diferentes. Y lo mismo pensó el fotógrafo Barry Feinstein en 1964, cuando se le ocurrió la brillante idea de plasmar el fin del cine clásico -tal como lo entendemos en este blog- a través de la imagen. Tomó fotos que reflejaban la decadencia de Hollywood y le pidió a su amigo Bob Dylan que redactara pequeños textos para acompañarlas. En este post tenemos un ejemplo: el inconfundible rostro de Marlene Dietrich durante el funeral de Gary Cooper.
Sin embargo, el proyecto cayó en saco roto y ha permanecido en el ostracismo durante más de 40 años. ¿La razón? El miedo de los autores a que los estudios se sintieran agraviados y presentaran demandas millonarias, aunque solo fuera por despecho. Así que hemos tenido que esperar hasta 2008 -hasta 2009 en España- para poder disfrutar de las fotos de Feinstein y de los poemas de Dylan. Démosle las gracias a la editorial Global Rhytm, distribuidora en nuestro país de Fotorretórica de Hollywood: El manuscrito perdido. A quien le interese, que vaya preparando unos 30 euros. Pero seguro que estarán bien invertidos.
jul
‘Las estrellas de Hollywood por Peter Bogdanovich’
Peter Bogdanovich es un actor, guionista, productor y director de cine que rozó el Oscar en 1971 con La última película, un drama basado en la novela de Larry McMurtry que protagonizaron Timothy Bottoms, Jeff Bridges, Cybill Shepherd, Ben Johnson, Cloris Leachman y Ellen Burstyn. En otras ocasiones ha tenido la fortuna de dirigir a Barbra Streisand (¿Qué me pasa, doctor?, 1972), Audrey Hepburn y Ben Gazzara (Todos rieron, 1981) o Carol Burnett y Michael Caine (¡Qué ruina de función!, 1992). Recientemente le hemos visto encarnar al doctor Elliot Kupferberg en 15 episodios de Los Soprano.
Pero, además, Peter Bogdanovich es un mitómano… Y un cotilla. Nacido en 1939, llegó a Hollywood justo cuando el sistema de estudios empezaba a resquebrajarse. Asistió al relevo que las hornadas del Actor’s Studio dieron a los intépretes clásicos y se entrevistó y forjó amistades con unos y con otros. Como si de un fan cualquiera se tratara, recopiló autógrafos, fotos, grabaciones, charlas a la hora del té y copas a altas horas de la noche. Y de vez en cuando nos obsequia con esas experiencias a través de libros y documentales. De ahí lo de cotilla… Pero bendito cotilla.
Las estrellas de Hollywood por Peter Bogdanovich ofrece una visión amable, sesgada y a menudo presuntuosa sobre los contactos que el director mantuvo con actores y actrices del periodo clásico, desde Lillian Gish hasta John Wayne, pasando por Jack Lemmon, Dean Martin, Sal Mineo o Marilyn Monroe. Bogdanovich no duda en tirarse flores de vez en cuando y nos pone los dientes largos cada dos párrafos. Pero es eso lo que esperamos encontrar: detalles íntimos de las estrellas que, sin caer en el mal gusto, nos ayuden a comprender que eran de carne y hueso. Y es eso lo que hace al libro tan adictivo.





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