Libros
jun
‘Heaven & Hell to play with’, todos los secretos del cazador
Gracias a Gloria, gran estudiosa de la vida y obra de Charles Laughton, me enteré de la existencia de Heaven & Hell to play with, un libro de Preston Neal Jones que explicaba todos los entresijos de La noche del cazador. Por supuesto no había forma de encontrarlo en España, así que tuve que esperar unas semanas para que cruzara el Atlántico y otras cuantas para poder leerlo; mis profes de Inglés estarían orgullosos. Pero el esfuerzo ha merecido la pena.
Jones escribió el libro en 2002 basándose en entrevistas realizadas al equipo técnico y artístico de la película, pero también ayudándose del material filmado que se quedó en la sala de montaje y que, hasta la fecha, sólo puede verse en la Universidad de California. Ocho horas de tomas, escenas eliminadas, variaciones de diálogos y anécdotas del reparto que podemos reproducir en nuestras cabezas durante 400 páginas, a la espera de que alguna distribuidora las incluya en una edición en DVD que sea como Dios manda (nunca mejor dicho).
Como es lógico, el hilo conductor del relato es Charles Laughton. Es digna de elogio la obstinación de este hombre por llevar adelante su proyecto y, de paso, es aún más digno resaltar la injusticia que se cometió al no dejar que nunca más pudiera dirigir una película. Porque si La noche del cazador ha pasado a la historia del cine y es considerada una obra de culto, es por la mirada de Laughton a través de la cámara. Un hombre de talento que, en contra de la leyenda popular, se portó muy bien con los niños protagonistas (aunque intuyo que la niña no era muy de su gusto) y se dejó aconsejar por fotógrafos, diseñadores de producción y músicos. En este sentido, había algo de inseguridad en el comportamiento de Laughton, y es normal si tenemos en cuenta que era su debut.
jun
Llegan las escandalosas y lascivas memorias de Errol Flynn
“Vivir he vivido muchísimo, como un glotón comiéndose el mundo, y no creo que sea egolatría sugerir que pocos de los que han vivido en este siglo han tragado más mundo que yo. En el mar, en su fondo, en el aire, en todas las partes de casi todas las tierras, yo no he ido en busca de fama o fortuna, sino de la vindicación del acto de vivir.”
Estas palabras fueron escritas por Errol Flynn en su autobiografía, Aventuras de un vividor, poco antes de morir de un ataque al corazón el 14 de octubre de 1959, con apenas 50 años. Ha tenido que pasar medio siglo para que esas apasionantes memorias lleguen a España, como casi siempre gracias al sello de TB Editores, que la incluye en su valioso catálogo Cinemitos por un precio de 24 euros.
Decir apasionante cuando nos referimos a una estrella del Hollywood clásico puede parecer un simple tópico, pero es que tratándose de Errol Flynn, está plenamente justificado. Nacido en la lejana Tasmania, se buscó la vida como boxeador, buscador de oro, militar y marino mercante, antes de entrar a formar parte de la fábrica de los sueños. Y cuando lo hizo, no se dejó domesticar en sus películas de aventuras, ni permitió que ningún doble se arriesgara por él en las escenas más peligrosas: “Maldita sea, me decía, no quiero ser un farsante.”
abr
‘Vincente Minnelli: Hollywood’s dark dreamer’
La editorial St. Martin’s Press acaba de publicar una nueva biografía sobre Vincente Minnelli, a cargo del crítico de cine y profesor de la Universidad de California Emanuel Levy. A lo largo de 448 páginas, se detalla la vida del director de algunos de los musicales más famosos del Hollywood clásico, como Cita en St. Louis (1944), Un americano en París (1951) o Gigi (1958), por el que consiguió su único Oscar.
Minnelli nació el 28 de febrero de 1903 en Chicago, en el seno de una familia de artistas ambulantes que se dedicaban a hacer giras por el Medio Oeste americano. Levy, autor de varios libros de cine y de una biografía sobre el director George Cukor, relata la llegada de Vincente (nacido Lester Anthony) a Los Ángeles; su afán perfeccionista, su carácter tímido y reservado, su ambigüedad sexual y, por supuesto, su sonado matrimonio con Judy Garland, que le convertiría en padre de Liza Minnelli.
Levy ha llegado mucho más lejos que otros biógrafos a la hora de recopilar información inédita, ya que ha tenido acceso a los archivos personales de Lee Anderson, la cuarta y última esposa del director. Sin embargo, el crítico Dana Stevens cree que Levy satura al lector con tantos datos: “La tarea del biógrafo es encontrar un equilibrio entre lo incisivo y lo minucioso, donde Levy se equivoca, con la paradójica consecuencia de que los lectores aprenderán más de lo que siempre quisieron saber sobre la vida de Vincente Minnelli, pero no lo suficiente acerca de él.”
Esperemos que no tarden demasiado en traducirlo al castellano y exportarlo a España, para que podamos dar nuestra propia opinión. Y esperemos también que rebajen su precio, porque en Estados Unidos cuesta casi 38 dólares.
Vía | The New York Times
abr
‘Al este del edén’ (1955)
Tenía pendiente ver Al este del edén, la película dirigida por Elia Kazan que supuso la irrupción de James Dean en el cine a raíz de su estreno, el 10 de abril de 1955. Pero antes de lanzarme a por el DVD, quería leer la novela original de John Steinbeck. Y desde las primeras páginas comprobé que aquella historia era demasiado grande para ser llevada con éxito a la gran pantalla. Era imposible abarcarlo todo y por eso me ha parecido buena la solución de Kazan y sus guionistas (de hecho, le pareció buena al propio Steinbeck, así que no tengo derecho a quejarme).
La novela arranca en el valle de Salinas, California, y además de ser una preciosa descripción del lugar, también es una rigurosa narración sobre el proceso de expansión de los americanos hacia el inhóspito territorio del Oeste, con la ironía y autocrítica que Steinbeck ya plasmó en Las uvas de la ira. A finales del siglo XVIII, dos familias conviven en un paraíso rodeado de soledad: los Hamilton y los Trask. Tras varios episodios violentos, cómicos y dramáticos, y algunas reflexiones filosóficas sobre el sentido de la vida y el papel de las religiones, la acción se traslada a la capital.
Es aquí, en la ciudad de Salinas, donde se sitúa la película de Kazan. Por tanto, es lógico que uno se decepcione al ver que han mutilado la primera mitad del libro. Pero, pensandolo fríamente, habría sido un proyecto demasiado arriesgado y desde luego inabordable en una sola película. Así que la solución del director turco me parece acertada: centrarse en la etapa urbanita de los Trask y dar pequeñas pinceladas del pasado que los lectores comprenderán mejor que nadie, pero que cualquier otro espectador podrá seguir sin problema. Al fin y al cabo, una adaptación es eso, una adaptación; las copias literales suelen salir malparadas.
mar
‘Ava Gardner, una diosa con pies de barro’
Lee Server es uno de los biógrafos más importantes del cine clásico. Algún día hablaremos con detalle de su extraordinario relato sobre Robert Mitchum, elegido mejor libro del año por Los Angeles Times en 2001. Cinco años después, Server publicó la biografía de otra estrella de Hollywood que respondía a los cánones de rebeldía, libertad y escándalo; una actriz cuyo nombre de tres letras doblaba las rodillas de los más machos.
Me gustó más la biografía de Mitchum que Ava Gardner, una diosa con pies de barro, pero quizá influya que también me gustan más las películas de él que las de ella. Sin embargo, Server vuelve a realizar un trabajo excelente al documentar todo el proceso que convirtió a Ava en objeto de adoración.
Apoyado en los testimonios de excompañeros de clase, vecinos y familiares, la narración consigue situarnos en los polvorientos campos de Carolina del Norte donde Ava creció, corriendo descalza por los caminos y cincelando su carácter indomable. De ahí pasamos a una simple fotografía en un escaparate, al distraído hombre que la vio allí y se dijo que esa chica merecía una oportunidad en el cine, a la inseguridad de los comienzos y a su boda con un chico tan feo como simpático: Mickey Rooney.
mar
Fallece el compositor Maurice Jarre
El compositor francés Maurice Jarre ha fallecido esta madrugada en Los Ángeles a los 84 años, víctima de un cáncer. Autor de unas 150 bandas sonoras, fue nominado al Oscar en nueve ocasiones y lo ganó en tres, por Lawrence de Arabia (1962), Doctor Zhivago (1965) y Pasaje a la India (1984). Trabajó para grandes directores de la historia del cine como Alfred Hitchcock, Luchino Visconti, John Huston, William Wyler y David Lean, e hizo innumerables piezas para obras de teatro, ballet y televisión.
Una de sus últimas apariciones públicas tuvo lugar el pasado mes de febrero en el Festival Internacional de Berlín, cuyo director, Dieter Kosslick, calificó a Jarre como uno de esos compositores que no se quedan “a la sombra de los grandes directores y actores del cine”. A nivel personal, Maurice estuvo casado cuatro veces, tiene su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y un hijo, Jean-Michel, que se hizo famoso por ser uno de los pioneros de la música electrónica.
Vía | BBC News
mar
Mae West quería ir a la cárcel
El 19 de abril de 1927, Mae West fue arrestada por exhibicionismo público. La provocativa actriz neoyorquina fue acusada de “corromper la moral de la juventud” y se le impuso una condena de diez días de cárcel, de los que sólo cumplió ocho por buen comportamiento. En ese periodo cenó con el director de la prisión y su esposa y declaró a la prensa que seguía llevando ropa interior de seda, así que todos tranquilos.
Pero hay una duda que ha permanecido siempre en el aire: una estrella de Broadway como West, ¿por qué no pagó la multa y regresó a casa taconeando a paso ligero? La biógrafa Charlotte Chandler arroja luz al respecto en un libro que acaba de publicarse bajo el título de She always knew how. Y el motivo es que Mae realmente quería pasar un tiempo entre rejas para saber qué se sentía; una especie de trabajo de campo. Por lo tanto, su fechoría habría sido premeditada.
Chandler cita a West en estos términos: “Me dijeron que si pagaba la fianza podría salir de la cárcel, pero decidí que sería más interesante cumplir la condena. Siempre me fascinaron las prisiones y las instituciones psiquiátricas… ¡No iba a privarme de la experiencia! Fueron diez días muy valiosos, me los tomé como unas vacaciones de trabajo.”
Pasado el incidente, regresó al teatro; y pocos años después dio el salto al cine para poner en aprietos a un tal Cary Grant. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
Vía | IMDb
feb
‘El cine negro: Pesadillas verdaderas y falsas’, de Noël Simsolo
Uno de los géneros que más obras ha dado a la literatura cinematográfica es ‘le film noir’, como lo bautizaron los franceses. Raro es el año que no aparece algún tomo de tamaño enciclopédico tratando de explicar qué se entiende por cine negro, sus características básicas, actores, actrices y directores representativos, películas clave y legados culturales.
Sólo por esa capacidad para escapar de cualquier definición rígida, es un término fascinante; aunque seamos capaces de reconocer una obra de cine negro, puede que nos falten palabras para explicar por qué la reconocemos. Es casi un estado de ánimo. Pero hay autores que insisten en darnos su versión del tema, lo cual se agradece. Cuantos más puntos de vista, mejor. Y eso hizo el director e historiador de cine Noël Simsolo en El cine negro: Pesadillas verdaderas y falsas (Alianza Editorial, 2007).
El libro, que supera las 400 páginas y presenta un diseño exquisito, a la altura de su contenido, arranca con un prólogo en el que se aglutinan varias definiciones. Para empezar, Simsolo niega la mayor y asegura que “el cine negro no es un género específico, como lo son el western o la comedia musical, ni un movimiento artístico, como el neorrealismo italiano o la Nouvelle Vague francesa; de hecho, no desarrolla ninguna plataforma teórica”. Entonces, ¿qué se supone que es? Algo que provoca “una singular sensación de malestar”, responde.
feb
15 autores inventan ‘Otro final’
El final es un momento crucial en cualquier película, al menos para decidir si la historia nos ha convencido o no. De nada valen unas intervenciones prodigiosas si vemos venir el final desde el principio. Claro que, a veces, aun sabiendo lo que ocurrirá, nos dejamos seducir por el dulce o amargo final que nos han preparado los guionistas. ¿Y quién no ha pensado alguna vez que su final habría sido más acertado? ¿Por qué no terminar esa comedia romántica con una muerte trágica, o dejar que el villano se salga con la suya?
Conocer Otro final es lo que nos propone la editorial 451. Quince autores de reconocido prestigio han escogido quince películas clásicas, de esas que todos almacenamos en nuestra memoria colectiva, y les han cambiado el final. De esta manera, tenemos otra visión de lo que les podría haber ocurrido a Ingrid Bergman y Humphrey Bogart en Casablanca, de las fantásticas aventuras de Peter Pan o del triángulo amoroso que protagonizaron Grace Kelly, Ava Gardner y Clark Gable en la jungla de Mogambo.
Entre los autores se encuentran Augusto M. Torres, Eduardo Mendicutti o Vicente Molina Foix. El requisito fundamental era que todos los escritores fueran de calidad, con una obra atractiva y “aficionados al cine”, en palabras del coordinador del libro, Manuel Hidalgo. Cada uno de ellos ha reescrito el final de estas quince películas con total libertad. Para saber el resultado, basta con acercarse a la librería: Otro final está ya a la venta por unos 24 euros. Eso sí, ¡imprescindible haber visto antes las películas originales!
Vía | El Mundo
ene
El hoyuelo de Cary Grant
Marilyn Monroe es recordada por su cabello rubio platino; Robert Mitchum, por su cara de hurón y sus ojos soñolientos; James Stewart, por sus hombros caídos y su delgadez; Humphrey Bogart, por su inconfundible ceceo; Marlene Dietrich, por su voz de barítono… Muchas leyendas de Hollywood tenían rasgos físicos que quedaron ineludiblemente unidos a sus personajes.
En el caso de Cary Grant, dicen que lo que confería atractivo a su rostro era el protuberante hoyuelo de su barbilla. Hasta aquí, perfecto. Pero un día, leyendo la reciente biografía del escritor Marc Eliot, me topé con una descripción cuando menos extravagante de esa parte del cuerpo a la que prestamos tan poca atención. Cito:
“…la imagen física de Cary Grant parecía incluso más perfecta en la gran pantalla que en los escenarios. Sobre todo en sus primeras películas, la cámara enseguida descubrió y magnificó la perfección de sus rasgos, los preciosos ojos oscuros y penetrantes bajo las espesas cejas negras, la atractiva nariz, la piel tersa, el cabello azabache, siempre bien cortado y peinado, y la llamativa hendidura en la barbilla, cuyas dos porciones lisas y redondeadas recordaban el trasero desnudo de una mujer arrodillada en actitud de súplica sexual ante la efigie divina de su rostro.” (Eliot, Marc: Cary Grant. La biografía. Págs. 90-91. Editorial Lumen, 2007).
¿Qué más se puede añadir? Sí, lo habéis adivinado, he pasado tiempo (no diré cuanto) mirando esta foto de Cary Grant, del derecho y del revés, volteando la pantalla, haciendo el pino y entornando los ojos, incluso todo a la vez, pero no he sido capaz de ver con tanta nitidez como Eliot a esa mujer postrada ante los ojos del actor. Pero como de pequeño se me daba tan mal ver las tres dimensiones, igual vosotros tenéis más suerte…
PD. Sí, he encontré la cita :D





















