Reportajes
Ago
El cine clásico en la televisión actual
Ver cine clásico en la televisión actual es como encontrarte un billete de 500 euros detrás del sofá. Hay que tener mucha fe para pensar que la caja tonta vaya a obsequiar a sus espectadores con imágenes en blanco y negro, con las estrellas del pasado, cuando pueden tener en primicia a la prima del ex novio de la princesa del pueblo (quien quiera que sea esa señora). Yo, la verdad, sólo enciendo la tele para los informativos, las retransmisiones deportivas y alguna que otra serie. Para las películas ya tengo Internet o mi colección de cine en DVD. Pero me gustaría hacer un repaso de los canales que emiten actualmente cine clásico en España, ya lo hagan por placer o por rellenar sus respectivas parrillas, puesto que dudo que ninguno de ellos lo haga para ganar audiencia.
La referencia, sin ninguna duda, es el Canal TCM que ofrecen las plataformas Digital+, Orange, Euskaltel, Telecable e Imagenio. Son 24 horas de cine clásico sin interrupción, centrado en las producciones estadounidenses de los años treinta, cuarenta, cincuenta y sesenta. Es un canal de pago y va incluido en los paquetes de cine de las distintas operadoras. Merece mucho la pena porque, además, incorpora la opción de ver las películas en versión original, aunque los subtítulos sólo están disponibles para los abonados de Digital+, Orange y Euskaltel. Para que os hagáis una idea del nivel que exhibe Canal TCM, esta semana se proyectan ‘Lo que el viento se llevó’, ‘La ventana indiscreta’, ‘Un perro andaluz’ o ‘Viridiana’. Hay varios pases de cada una para que podamos elegir el que mejor se adapte a nuestro horario.
Los que vivimos en Catalunya tenemos la opción del canal privado 8tv, propiedad del Grupo Godó (editor de ‘La Vanguardia’ y ‘Mundo Deportivo’). Es gratuito al cien por cien y de vez en cuando proyecta cine clásico en prime time, aunque normalmente lo utiliza para rellenar las horas muertas de su programación. Tampoco es prolija en peliculones, pero por ejemplo esta semana se atreve con ‘Los contrabandistas de Moonfleet’, ‘Grupo salvaje’ y ‘Una mujer bajo la influencia’.
Si no tenéis miedo a sufrir urticaria, el abominable canal Intereconomía TV también reserva tiempo para el cine clásico, sobre todo a la hora de la sobremesa. El problema es que es difícil encontrar algún sitio donde informen de la programación (ni siquiera aparece en su propio site), pero la ventaja es que se puede ver online. Ahora mismo, mientras escribo este post, están emitiendo la soporífera ‘Pandora y el holandés errante’, con Ava Gardner y James Mason. Eso sí, si sintonizáis este canal (aunque sea por error) y os sale cualquier otra cosa que no sea cine clásico, apagadlo inmediatamente o los daños cerebrales serán irreversibles.
Ago
Harpo Marx, silencioso ruido
Los periódicos españoles siguen dando espacio al cine clásico en sus suplementos veraniegos. A ver si cuando se vaya el calor siguen acordándose de él. En esta ocasión os traemos el extenso reportaje que Peio H. Riaño ha escrito en el diario ‘Público’ sobre Harpo Marx. Lo he leído con atención, porque Harpo es mi hermano Marx favorito, y tengo que reconocer que le hace bastante justicia. Básicamente es una recopilación de datos extraídos de la autobiografía ‘¡Harpo habla!’ que, según entiendo, va a reeditar Seix Barral el otoño próximo. Yo tengo por las estanterías la edición que sacó Montesinos en 2001. No sé si las historias de Harpo son tan divertidas como las de Groucho, pero seguramente sean más veraces. De todas ellas me quedaría con la tronchante visita a la Unión Soviética.
Hace unos años, un amigo -que ahora mismo está en Islandia- y yo entrevistamos a Félix Fanés, profesor de Historia del Arte y estudioso de la figura de Salvador Dalí (creo que por aquel entonces era el responsable del museo del pintor en Figueres). En la entrevista profundizamos sobre la relación entre Dalí y el cine de Hollywood, haciendo hincapié en la admiración que el pintor sentía hacia los hermanos Marx en general y hacia Harpo en particular. No recuerdo las palabras exactas del señor Fanés, pero vino a decirnos que, para Dalí, Harpo Marx era el paradigma del surrealismo, el alma pura de un niño atrapado en el cuerpo de un hombre y, sobre todo, un personaje incapaz de controlar sus instintos: se tiraba encima de la comida y las mujeres sin pensar en las consecuencias. Habría mucho que discutir aquí puesto que el comportamiento libertario de Harpo solía proceder de guiones que establecían un patrón de conducta ante la cámara; pero es cierto que la idea del personaje en sí -no de la persona- era para Dalí lo mismo que un trozo de queso para un ratón.
Siempre he admirado el cinismo y la ironía de Groucho, el falso encanto de Chico y la entereza con la que Zeppo asumía sus roles secundarios. Pero quien me robó hace tiempo el corazón cinematográfico fue Harpo; sí, por ser ese espíritu burlón, el tipo que hace todo lo que nosotros no podemos hacer porque nos regimos por las normas que nos impone la sociedad. Pero también por una razón mucho más sencilla: porque me hace reír. Uno de los mayores ataques de risa que he tenido nunca lo sufrí en una biblioteca mientras veía la escena de ‘Sopa de ganso’ que encabeza este post. Y es que el hombre que no podía hablar tenía una facilidad innata para emitir todo tipo de sonidos… en los peores momentos.
Vía | Público
Jul
‘Psicosis’ y ‘Ben-Hur’, dicotomía cromática
Ya he perdido la cuenta de los reportajes, artículos de opinión, críticas y demás piezas periodísticas que se le han dedicado este año a ‘Psicosis’ y ‘Ben-Hur’ por el 50º aniversario de sus respectivos estrenos. En esta ocasión es el diario ‘El País’, a través de su suplemento veraniego ‘Tentaciones’, el que habla de estas dos películas clave del cine clásico, cada una a su estilo y prácticamente en polos opuestos en cuanto al diseño de producción se refiere.
El reportaje, firmado por Fátima Cruz, está salpicado por las breves intervenciones del director Vicente Aranda y del historiador Roman Gubern. Básicamente, pone el acento en el contraste cromático de ambas películas: mientras que ‘Psicosis’ era una pesadilla en blanco y negro, casi minimalista -la casa de Bates recuerda a los establos solitarios de ‘La noche del cazador’-, ‘Ben Hur’ es una aventura épica en un brillante Technicolor que pone a prueba la resistencia de nuestras retinas (es una broma, claro: si superamos las baldosas color amarillo canario de ‘El mago de Oz’, podemos hasta mirar directamente al sol).
Más contrastes: el presupuesto. ‘Psicosis’ se rodó con 800.000 dólares, ya que ninguna productora importante quiso hacerse cargo de una historia tan truculenta. En cambio, William Wyler disfrutó de los 15 millones de dólares que le otorgó la Metro-Goldwyn-Mayer para ‘Ben-Hur’, un dinero invertido en decorados colosales, trepidantes escenas de acción -¡esa carrera de cuadrigas!-, 50.000 extras y una estrella como Charlton Heston al frente del reparto. No es de extrañar que muchos fans de Wyler vieran en ‘Ben-Hur’ “una concesión a la comercialidad y una traición a su trayectoria”, como apunta Gubern.
Y un último contraste: lo más injusto de todo es que ‘Ben-Hur’ se hizo con 11 Oscars, mientras que ‘Psicosis’ perdió en las cuatro categorías a las que fue nominada (Hitchcock dobló la rodilla frente al Billy Wilder de ‘El apartamento’). Pero así es la Academia de Hollywood. Yo, aunque sean dos films antagónicos y que, por tanto, no pueden compararse, me llevaría ‘Psicosis’ a una isla desierta mucho antes que ‘Ben-Hur’. ¿Y vosotros?
Jun
Centenario de Paulette Goddard
“Los actores y actrices que dicen que nunca ven sus propias películas están diciendo tonterías. No hace falta ser Freud para saber que la persona más fascinante del mundo eres tú.”
El pasado jueves se cumplieron 100 años del nacimiento de Paulette Goddard, una actriz que ha quedado irremediablemente unida para siempre al nombre de Charles Chaplin. No en vano estuvo casada con él seis años, durante los cuales coprotagonizó ‘Tiempos modernos’ (1936) y ‘El gran dictador’ (1940). Pero Goddard tuvo otra vida antes y después de Chaplin; una vida larga e interesante que vamos a repasar en este reportaje especial de Plumas de Caballo.
Pauline Marion Goddard Levy nació el 3 de junio de 1910 en uno de los ramales cercanos a la vía del ferrocarril de Long Island, Nueva York. Su padre era judío -como atestigua el apellido Levy-, mientras que su madre era una episcopaliana de ascendencia inglesa. Pauline fue hija única y debutó muy pronto en el mundo de la interpretación, ya que sólo tenía 13 años cuando fue contratada para las ‘Ziegfeld Follies’. Era una niña bonita, morena, que dejaba entrever que tendría una espléndida figura en su futuro cuerpo de mujer. De ello se aprovechó un rico empresario llamado Edgar James, que la cortejó y la llevó al altar a la tierna edad de los 16 años. El matrimonio estaba condenado al fracaso y en 1931 se formalizó el divorcio.
Fue entonces cuando Pauline -que en breve cambiaría su nombre a Paulette- se trasladó a Hollywood para probar suerte en el cine. Pero en Los Ángeles las chicas jóvenes, guapas y morenas estaban a la orden del día, así que durante tres años malgastó el tiempo haciendo de extra en comedias como ‘Torero a la fuerza’ (Leo McCarey, 1932), protagonizada por Eddie Cantor. Aunque Paulette estaba contratada por los estudios de Hal Roach, su desesperación por conseguir mejores papeles la llevó a decidirse a invertir el dinero que había ganado en el divorcio. Pero un hombre se dio cuenta de que la estaban engañando: un hombre que la convenció para que rescindiera su contracto con Roach y se mudara a su casa de Beverly Hills. Su nombre -seguro que lo habéis adivinado- era Charles Chaplin.
May
Fumar sí es sexy: cinco actrices clásicas lo confirman
Hoy se celebra el Día Mundial Sin Tabaco, una loable iniciativa que pretende mantener viva la lucha contra esa mortal adicción. Las mujeres están siendo las grandes protagonistas de la jornada ya que, según los datos de la Organización Mundial de la Salud, el tabaco mata cada año a más de un millón y medio (de las cuales una tercera parte son fumadoras pasivas). No seré yo quien defienda esta maldita droga; es más, aplaudiré con las orejas el día en que prohíban fumar definitivamente en todos los espacios públicos y en los bares y restaurantes. Pero con este post quiero rebatir el lema de la campaña: “Fumar no es sexy.” Entiendo el objetivo de la frase, pero tengo que reconocer que, para mí, fumar sí es sexy. Lo digo solamente como espectador del cine y de la vida real. Ni fumo, ni me gusta que me tiren el humo a la cara, como me ocurre muchas veces. Pero la imagen en sí de una chica sujetando un cigarro con la comisura de los labios me resulta atractiva. Y en el cine clásico tenemos montones de ejemplos. Así que dedico este post a todas aquellas actrices que supieron camelar al tío bueno de turno hipotecando sus pulmones.
1. Marlene Dietrich (1901-1992): ¿La reina de las actrices fumadoras? Tal vez. Marlene supo sostener como nadie los cigarrillos entre sus dedos índice y corazón, con esas uñas largas que eran uno de sus pocos distintivos de feminidad. Sin duda el tabaco también influyó en el tono grave de su voz, aunque tuvo una vida larga y plena: murió con 90 años. ‘El ángel azul’ (1930), ‘Marruecos’ (1930), ‘Ángel’ (1937) o ‘Sed de mal’ (1958) son algunos de los films en los que podemos verla dándole a la nicotina.
May
Píldoras de cine clásico (I)
Como últimamente no hay demasiadas noticias de actualidad de cine clásico -y no es ningún anacronismo- ni tampoco tengo tiempo de ver o revisar películas para escribir críticas -siempre lo hago, para tener la memoria fresca cuando me pongo delante del ordenador- este lunes voy a optar por la opción de las píldoras: breves apuntes sobre cositas interesantes que he leído tanto en la red como en otros medios y que también a vosotros os pueden interesar. ¡Al menos eso espero!
1. Estoy leyendo ‘La tienda’, de Stephen King. Y me está gustando mucho. King es un escritor de talento, aunque lo tachen de comercial desde algunos círculos puristas, como si vender libros estuviera reñido con la calidad. Pues bien, en uno de los capítulos de ‘La tienda’ me he encontrado con que varios personajes aluden a una película clásica que se emite un domingo por la tarde en las televisiones de Castle Rock: ‘La hora final’. Ya os hablé de ella en el antiguo Plumas. Gregory Peck, Ava Gardner, Fred Astaire y Anthony Perkins se enfrentan a la aniquilación de la humanidad tras un desastre nuclear. Curioso y notable film que recuperaremos algún día.
2. Nu, haciendo honor al nombre de su blog, no para quieta (cosa que le agradezco) y me envía un divertido reportaje de la web Cineol.net titulado: ‘10 actores escogidos por un ciego’. Es decir, monumentales errores de casting que han pasado a la historia oscura del séptimo arte. Entre ellos aparecen dos de películas clásicas: Mickey Rooney en ‘Desayuno con diamantes’, donde encarna a un japonés sin gracia y totalmente fuera de lugar; y John Wayne en ‘El conquistador de Mongolia’, uno de los peores trabajos de El Duque, en un rodaje marcado por las pruebas nucleares que se realizaron a escasos kilómetros de distancia y que provocaron que parte del equipo enfermara de cáncer.
3. Por último, os recomiendo el reportaje sobre las diez mejores bandas sonoras de Elmer Bernstein que ha escrito Jesús León en Blogdecine.com; cada una con su respectivo vídeo o audio para que, además de leer sobre ellas, podamos escucharlas. ‘El hombre del brazo de oro’, ‘Los diez mandamientos’, ‘Los siete magníficos’, ‘La gran evasión’, ‘Matar a un ruiseñor’… Son tantas y tantas las excelentes partituras que nos dejó Bernstein que se perdona la ausencia de la única que le hizo ganar el Oscar: ‘Millie, una chica moderna’ (1967).
May
‘Cantando bajo la lluvia’, nunca mejor dicho
Nada, parece que este año no hay manera de que llegue la primavera. A mí ya me va bien, porque no aguanto el calor y me gusta que llueva. Pero he de reconocer que echo un poco de menos el sol. En fin, ya llegará el día -y será dentro de poco- en el que guardemos el abrigo hasta el invierno y dejemos el paraguas en casa. Mientras tanto, en Plumas de Caballo vamos a tomarnos la situación con filosofía: recordando algunos de los números musicales de ‘Cantando bajo la lluvia’, una de esas películas que te provoca la sensación de asistir a uno de los momentos cumbres de la historia del séptimo arte.
Es curioso, pero la música de ‘Cantando bajo la lluvia’ no se llevó ni un Oscar. No entró en la lucha por la estatuilla a la Mejor Canción Original, supongo que porque la mayoría de temas -incluido el fantástico ‘Singin’ in the rain’, compuesto por Nacio Herb Brown en 1929- ya habían aparecido en otras películas (aquel año el Oscar fue para ‘Do not forsake me, oh my darlin’, el tema que fabricó Dimitri Tiomkin para ‘Solo ante el peligro’). Además, en la categoría de Mejor Banda Sonora, Lennie Hayton tuvo que conformarse con la nominación ya que el premio gordo fue para Alfred Newman por el biopic ‘Con una canción en mi corazón’.
Y, sin embargo, me juego un kilo de pan a que cualquiera de vosotros es capaz de tararear sin problemas las canciones principales de ‘Cantando bajo la lluvia’ antes que cualquiera de las otras películas mencionadas. Porque los clásicos auténticos se abren paso contra viento y marea, aunque los señores de la Academia de Hollywood se olviden de ellos (y eso que yo, normalmente, estoy de acuerdo con su criterio). Bueno, no os hago esperar más. Aseguraos de que fuera sigue lloviendo, acomodaros en la silla o en el sofá y disfrutad de estos clips que hemos seleccionado del que es -casi con toda seguridad- el mejor musical de todos los tiempos (lamento no poner los vídeos en el post, pero no es posible por motivos de copyright, así que os dejo los enlaces).
Abr
Peg Entwistle: salto al vacío desde el letrero de Hollywood
Por una vez Hugh Hefner no ha salido a la palestra para hablar de sus nuevas adquisiciones para la mansión Playboy, sino para anunciar que, gracias a una donación de 900.000 dólares, se ha convertido en el principal baluarte para salvar los terrenos en los que se encuentra el letrero de Hollywood. Hasta el año 2002, la colina Cahuenga pertenecía a ¡Howard Hugues!, pero desde entonces estaba en poder de un grupo de inversores de Chicago que quería construir una urbanización de viviendas de lujo. Hacían falta 12,5 millones de dólares para impedirlo y finalmente se han conseguido; no sólo gracias a Hefner, sino también a ilustres del cine como Steven Spielberg, Tom Hanks o Arnold Schwarzenegger.
Siempre que sale alguna noticia relacionada con el cartel de Hollywood (hasta mediados de los cuarenta: Hollywoodland) me acuerdo de la historia de Peg Entwistle. La triste historia de Peg Entwistle, habría que decir. El 16 de septiembre de 1932, esta actriz rubia de ojos azules se arrojó al vacío desde la letra H: unos treinta metros de caída libre. Murió en el acto, pero pasaron dos días hasta que fue encontrada. En la base de la letra H dejó sus escasas pertenencias junto a una nota que decía lo siguiente: “Me temo que soy una cobarde. Lo siento. Si hubiera hecho esto antes, me habría ahorrado mucho sufrimiento.”
Reconozco que me encanta esta historia por lo que tiene de simbólica. Peg pudo matarse de muchas maneras, como habían hecho o harían después muchas otras actrices de Hollywood; sin embargo, eligió una de las más rebuscadas: escalar en plena noche hasta lo alto del dichoso letrero y utilizarlo como trampolín hacia la muerte, cuando en realidad debía haber significado su trampolín al éxito. Los más aprensivos -y también los más sensacionalistas- dicen que su espíritu vaga por la colina cual fantasma de casa encantada.
Leer más
Abr
La ducha de Janet Leigh en ‘Psicosis’
Desde que arrancó 2010 se suceden los reportajes que conmemoran el 50 aniversario del estreno de ‘Psicosis’. Una efeméride importante, sin duda, pero si me permitís ser puntilloso añadiré que la premiere de la película se celebró en Nueva York el 16 de junio de 1960 y el primer país que se decidió a estrenarla -Reino Unido- no lo hizo hasta el 4 de agosto. Es decir, que técnicamente aún no se ha cumplido medio siglo desde que ‘Psicosis’ llegó a las carteleras. Pero como estamos hablando de una de las películas que cambiaron la historia del cine y de la que se pueden sacar múltiples lecturas, se entiende y hasta se agradece que haya reportajes -como el de Stephen Robb para la BBC- sobre su escena más célebre: la de la fatídica ducha de Janet Leigh (alias Marion Crane).
La escena se rodó entre el 17 de diciembre y el 23 de diciembre de 1959 sin la presencia de Anthony Perkins, que ensayaba un musical en Broadway. Son sólo 45 segundos, pero Hitchcock necesitó 70 tiros de cámara y más de 90 empalmes para montarla. Poca cosa si tenemos en cuenta la repercusión que tuvo tanto en el público como en las posteriores generaciones de cineastas. El título del libro de David Thomson me parece muy acertado: ‘El momento Psicosis. Cómo Alfred Hitchcock enseñó a Estados Unidos a amar el asesinato.’ Y a rodarlo, añadiría yo. Lo hizo en blanco y negro y quiso hacerlo sin música… hasta que escuchó el escalofriante tema que Bernard Herrmann había compuesto para él.
Como casi todo el mundo -supongo- yo también vi antes la escena de la ducha que la película entera. Es inevitable, siempre acaba saliendo por la tele, a veces para ilustrar temas que nada tienen que ver con el cine. Por no hablar de la banda sonora de Herrmann, repetida hasta la saciedad (que levante la mano quien no haya entonado el “ñi, ñi, ñi” haciendo el gesto de clavar el cuchillo -imaginario- en el cuerpo de nuestra víctima). Lo que más me sorprendió es que la escena tenía lugar a mitad de película, experimentando lo que comenta el curador del Instituto del Cine Británico, Michael Brooke: “El asesinato de un personaje principal casi en la tercera parte de la trama provoca un auténtico shock y una sensación absoluta de desorientación.” Vamos, que me quedé con la boca abierta. Incluso jugué a ser más retorcido que Hitchcock y barajé la posibilidad de que, en realidad, Janet Leigh no hubiera muerto. Y, sin embargo, mientras ella se doblaba en una postura grotesca, su sangre se escurría por las cañerías del motel Bates…
Os invito a leer el reportaje completo. Merece mucho la pena.
Mar
Ciclo Cara de Poker: ‘El golpe’ (1973)
Cumplimos ya nuestro cuarto capítulo dedicado a las partidas de poker más interesantes del cine clásico en Plumas de Caballo y no podíamos dejar pasar más tiempo para referirnos a ese peliculón llamado ‘El golpe’ (1973). Imposible resistirse al atractivo que desprenden tanto el guión de David S. Ward como la dirección de George Roy Hill y, por supuesto, la pareja formada por Paul Newman y Robert Redford. Una exquisitez se mire por donde se mire, con un diseño de producción magnífico y unas interpretaciones magistrales. A muchos directores del cine actual se les debería caer la cara de vergüenza.
Aunque la secuencia más importante de ‘El golpe’ tiene lugar en un local clandestino de Chicago en 1936, donde los dos apuestos timadores se van a cobrar una justa venganza con muchos ceros a la derecha, nosotros vamos a quedarnos con la escena de la partida de texas holdem poker que se desarrolla en un vagón de tren y en la que Paul Newman se come la pantalla.
El objetivo es empezar a desplumar -y, por tanto, herir en su orgullo- al mafioso Doyle Lonnegan (Robert Shaw), el cual pretende arrasar en esa timba y cambiar todas sus fichas y las de los demás jugadores por miles de dólares antes de llegar a la estación de Chicago. Pero un oportuno soborno permite a Henry Gondorff colarse en el vagón y retarlo. El recién llegado no es otro que un Paul Newman muy divertido, aparentemente borracho, agarrado a una botella y con ganas de marcha.
Ya en las primeras rondas consigue sacar de quicio a Lonnegan, que quiere rehacerse a toda costa y acaba apostando una cantidad enorme para recuperar todo lo perdido de una sola vez. Para que no falle nada, Lonnegan impone su propia baraja, con cartas marcadas. Pero Henry, en un alarde de previsión, ya sabía que su rival hacía trampas… y qué tipo de trampas. Así que le contrarresta con la misma moneda: cuando la cámara nos enseña que lleva el mejor juego de poker y una mano mejor que la de Lonnegan, no podemos sino rendirnos a sus encantos.
La escena -como toda la película, de una precisión extrema, con idas y venidas de compinches que giran la tuerca del guión una y otra vez- termina justo cuando el tren llega a Chicago. Y se redondea con la intervención de Johnny Hooker (Robert Redford), que nos deja atónitos cuando se vende a Lonnegan para traicionar a Henry. Pero no os engañéis. Nada es lo que parece en el mejor golpe de la historia del cine, avalado por 7 Oscars (entre ellos: Mejor Dirección, Mejor Guión Original, Mejor Película y Mejor Banda Sonora). Si aún no la habéis visto, ¿a qué estáis esperando?




(6 votos, Promedio: 4.83 de 5) 














