Reportajes
ago
Franco, ese cinéfilo
El diario ‘El País’ publica este domingo un curioso reportaje sobre una de las pasiones escondidas de Francisco Franco: el cine. Al parecer, el dictador veía un mínimo de dos películas por semana en su residencia de El Pardo (todas las semanas del año, excepto en agosto). De hecho, sus acólitos le preparaban programas de mano como los que se repartían en los cines: “6 de enero de 1946. ‘Noticiario español’ 157-B. ‘Imágenes’ núm. 53. Descanso. ‘El sargento inmortal’, de John Stahl, con Henry Fonda y Maureen O’Hara.” Desde esa fecha tuvieron lugar más de 2.000 pases privados que se prolongaron hasta octubre de 1975, un mes antes de su feliz muerte.
Cuenta Josep Maria Caparrós, catedrático de Historia del Cine, que tres cuartas partes de las sesiones incluyen películas estadounidenses (unas 1.500), mientras que las restantes son españolas. El cine europeo es estadísticamente residual en el archivo de Franco, si bien hay excepciones del calibre de ‘Las noches de Cabiria’ (Federico Fellini, 1957); ‘El manantial de la doncella’ (Ingmar Bergman, 1960); o ‘El gatopardo’ (Luchino Visconti, 1963). Por géneros, abundan las comedias, los westerns y las aventuras. Apenas hay musicales.
Franco veía las películas dobladas al español, lo cual no habla muy bien de su condición de cinéfilo, pero supongo que el hombre tenía que ser consecuente con sus ideales Grandes, Únicos y Libres. Adoraba los dibujos animados, y por eso organizaba sesiones especiales cuando sus hijos y nietos cumplían años; Walt Disney le llegó a enviar una copia dedicada de ‘La Cenicienta’. Y, atención, porque en El Pardo también se proyectaban películas que habían sido censuradas para el españolito de a pie, léase ‘Casablanca’ (Michael Curtiz, 1942) o ‘Cristóbal Colón’ (Fredric March, 1949). Entre los films que le cabrearon profundamente se encuentran ‘Viridiana’ (Luis Buñuel, 1961) y ‘El verdugo’ (Luis García Berlanga, 1963).
En fin, como digo, un reportaje bastante interesante. A uno se le ponen los pelos de punta al comprobar que un tipo tan aborrecible como Franco tuviera gustos cinéfilos parecidos, pero qué le vamos a hacer. Hasta me gustaría tener una sala de proyección como la que tenía él…
Vía | El País
jul
Centenario de Ginger Rogers
Como diría Hitchcock: “Yo confieso”. Confieso que no sé casi nada de esta actriz y bailarina del cine clásico llamada Virginia Katherine McMath que un buen día se convirtió en Ginger Rogers. Confieso también que no me interesan demasiado sus datos biográficos ni filmográficos. Sí, me gusta el género musical, pero sobre todo aquel que arranca en los 50 con los Gene Kelly, Frank Sinatra y compañía. El de los 30, producido por la RKO para mayor gloria de las piernas de la Rogers, me deja un poco indiferente. Y, sin embargo, es justo dedicarle unas líneas a esta mujer dura, tenaz y conservadora que este sábado habría llegado a los 100 años de existencia.
Nacida en Independence, Missouri, el 16 de julio de 1911, Ginger Rogers ha pasado a la historia del séptimo arte ineludiblemente unida a su compañero de reparto en los mencionados musicales de la RKO: Fred Astaire (igual de buen bailarín y bastante mejor actor). De esa época son ‘La calle 42’ (1933), ‘La alegre divorciada’ (1934) o ‘Sombrero de copa’ (1935). Ginger y Fred, Fred y Ginger, protagonizaron un total de diez musicales: nueve entre 1931 y 1939, y uno más tardío, en 1949: ‘Vuelve a mí’. Pese a las típicas rencillas de dos estrellas de Hollywood, ella siempre le piropeó: “Trabajar con él ha sido lo mejor que me ha pasado nunca”, dijo en 1976.
Ginger también intentó hacer sus pinitos fuera de los musicales para demostrar que era una actriz dotada para la interpretación, no sólo para cantar y bailar. Incluso ganó un Oscar por una película que muy poquitos cinéfilos conocerán: ‘Espejismo de amor’ (Sam Wood, 1940), un melodrama sobre un amor imposible entre dos jóvenes de clases sociales distintas. Ella era la ricachona; él (Dennis Morgan), un pobre desgraciado. No he tenido el placer de ver la película, pero según he leído por ahí, tampoco me pierdo gran cosa. No parece que esté entre las mejores interpretaciones de nuestra homenajeada.
Me vais a perdonar la frivolidad, pero casi encuentro más interesante su vida tras las cámaras que su vida como actriz. Resulta que Ginger Rogers fue una republicana extrema, colaboradora del ejército durante la Segunda Guerra Mundial, y que se manifestó abiertamente a favor de delatar a los comunistas de Hollywood durante la ‘caza de brujas’. Creía en la Cienciología y tuvo una intensa vida amorosa, coleccionando cinco maridos y cinco divorcios entre 1929 y 1969. Además, desde la década de los 40 procuró evitar los focos y se mudó al rancho de Oregón donde falleció el 25 de abril de 1995, a los 83 años.
Vía | IMDb
jul
Vídeo reciente de Olivia de Havilland
La viejecita que veis en pantalla es Olivia de Havilland. El pasado 1 de julio cumplió 95 años, pero su aniversario pasó desapercibido hasta para nosotros. Normal: la única protagonista viva de ‘Lo que el viento se llevó’ (1939) apenas se deja ver en público y concede entrevistas con cuentagotas (la última fue hace dos años a ‘The Telegraph’).
Pero YouTube es mágico y, buscando, buscando, resulta que la guionista y directora Tracey Jackson (responsable de la divertida ‘El gurú del sexo’ y de la mediocre ‘Confesiones de una compradora compulsiva’) pudo entrevistar a De Havilland el pasado mes de abril en París, donde la actriz reside desde los años 50. La verdad es que, periodísticamente, el vídeo es muy decepcionante tanto por su duración como por su contenido… pero resulta curioso para cualquier amante del cine clásico.
En apenas tres minutos, De Havilland responde a unas pocas preguntas acerca de qué es lo más importante en la vida (“la libertad, los amigos, amar y ser amado”) o cuál es el secreto para estar tan guapa a su avanzada edad (“interesarse realmente por todo lo que haces”). La verdad es que De Havilland presenta un aspecto magnífico, con una expresión facial asombrosa (diría, incluso, que un pelín sobreactuada, como si todavía estuviera bajo los focos de Hollywood) y que, salvo por un principio de sordera, nadie diría que está tan cerca de ser centenaria.
Ni una palabra sobre su hermana, Joan Fontaine, con la que podría aplicarse eso de “amar y ser amado” si tuviéramos un poquito de mala leche. En fin, que nos alegramos de la buena salud que parece tener Olivia de Havilland y le deseamos que disfrute por muchos años de París, en concreto desde su residencia de la calle Benouville. Nosotros, mientras tanto, disfrutaremos de ‘Lo que el viento se llevó’ y las otras grandes películas que componen su filmografía, interrumpida en el cine en 1979 con ‘El quinto mosquetero’.
Vía | YouTube
jun
Centenario de Bernard Herrmann
Este miércoles se cumplen 100 años del nacimiento de Bernard Herrmann, nacido el 29 de junio de 1911 en Nueva York y fallecido el 24 de diciembre de 1975 de un ataque al corazón en North Hollywood, California. Sin duda, uno de los compositores con mayor talento del cine clásico, a pesar de que la Academia sólo le obsequió con un Oscar (el de ‘El hombre que vendió su alma’, dirigida por William Dieterle en 1941). Herrmann, caracterizado por sus acordes ominosos e inquietantes, es el autor de las bandas sonoras de ‘Ciudadano Kane’ (1941), ‘El fantasma y la señora Muir’ (1947) ‘Ultimátum a la Tierra’ (1951) o ‘Taxi Driver’ (1976), pero es recordado sobre todo por sus múltiples y sobresalientes trabajos para Alfred Hitchcock.
Herrmann era un perfeccionista absoluto y seguía sus propios instintos. Pocas veces dejaba que los directores se inmiscuyeran en sus partituras; decía que ese era su territorio y que no necesitaba más instrucciones que el guión de la película. Criticaba a aquellos que tenían su campo de visión “tan estrecho como su corbata” y dejó un legado sonoro tremendo, hasta el punto de ser la referencia número 1 para compositores actuales como Danny Elfman, habitual en las películas de Tim Burton. Pero creo que sería mucho mejor escuchar las bandas sonoras de Herrmann en lugar de seguir leyendo este post. Por eso os he hecho una pequeña selección de cinco temas que han pasado a la posteridad del séptimo arte por méritos propios.
1. ‘El fantasma y la señora Muir’ (Joseph L. Mankiewicz, 1947). La podéis oír en el vídeo que encabeza este post. Decía Herrmann que era su película favorita, y no es para menos. Su melodía es romántica y etérea; parece flotar en el ambiente cuando vemos al rudo capitán encarnado por Rex Harrison y a la hermosa e inconsciente Gene Tierney. Cuando la escuchas sin ver la película, recuerdas cada una de las escenas y te emocionas de la misma manera. En definitiva, una banda sonora absolutamente maravillosa.
may
Vincent Price, el terror elegante
“A veces creo que personifico el inconsciente oscuro de la raza humana. Sé que suena mal… pero me encanta.”
De no haber sido un adicto al tabaco, Vincent Price quizá habría evitado morir de un cáncer de pulmón el 25 de octubre de 1993, a los 82 años. Y, quién sabe, a lo mejor este viernes 27 de mayo de 2011 aún estaría entre nosotros, preparado para cumplir 100 años. Pero, como lamentablemente no es así, tenemos que conformarnos con este post de homenaje a un actor de los denominados ‘de culto’ por su protagonismo en las películas de terror de bajo presupuesto de los años 50, 60 y 70.
La imagen recurrente de Price, cuya figura es habitual en el Festival de Sitges (donde fue premiado en dos ocasiones), es la de un tipo altísimo (1,93 m), de porte severo, vestido con una elegante levita negra. Solía lucir un fino bigotillo por debajo de la nariz y tenía una mirada entre perversa y socarrona. Otra de sus marcas de fábrica era un timbre de voz muy grave, reforzado por la siseante pronunciación de las palabras que salían de su boca y con las que podía meterte el miedo en el cuerpo o, por el contrario, engatusarte con una frase llena de ironía.
Price nació el 27 de mayo de 1911 en San Luis, Missouri, como hijo del presidente de una productora de caramelos (quién sabe si eso influyó en que, al hacerse adulto, desarrollara una increíble pasión por la cocina). Tuvo una educación de primera categoría, ya que estudió Historia del Arte y Bellas Artes en Yale y en Londres. Luego se mudó a Nueva York y, a partir de 1935, empezó a actuar regularmente en Broadway y en las radionovelas.
Su primer papel importante en el cine llegó en 1939 como secundario de Boris Karloff en ‘La torre de Londres’, pero aún tardaría más de una década en afianzarse como un actor válido para el cine fantástico o de terror. Mientras tanto se curtió en melodramas como ‘Laura’ (Otto Preminger, 1944) y ‘Que el cielo la juzgue’ (John M. Stahl, 1945), ambos protagonizados por Gene Tierney. Price volvería a coincidir con esta guapísima actriz en ‘El castillo de Dragonwyck’ (Joseph L. Mankiewicz, 1946), una cinta gótica de poca calidad pero en la que ya dejó patente que lo suyo eran los personajes oscuros, malévolos y atormentados.
may
Centenario de Maureen O’Sullivan
“Cheeta… aquella mona hija de puta.”
Este martes se cumplen 100 años del nacimiento de Maureen O’Sullivan, considerada como la primera gran actriz irlandesa –o, al menos, la que antes llegó al estrellato– y conocida principalmente por haber encarnado a la Jane de ‘Tarzán’ en seis películas. Apuesto lo que queráis a que sus padres, firmes creyentes de la doctrina católica, jamás pensaron que su hija encandilaría a millones de espectadores ligerita de ropa y enroscada al musculoso pecho de Johnny Weissmuller. De hecho, la pequeña Maureen, nacida el 17 de mayo de 1911, pasó su infancia en dos conventos: uno de Dublín y otro de Londres. En éste último se hizo amiga de Vivien Leigh.
¿Cómo llegó entonces Maureen de la conservadora Irlanda a la lujuriosa Los Ángeles? Fue un golpe de suerte, tal cual. El director Frank Borzage se encontraba en Dublín buscando localizaciones para su nueva película: ‘La canción de mi alma’ (en el título original hay un pequeño chiste para irlandeses: ‘Song o’My Heart’). Borzage conoció a Maureen por casualidad, le propuso hacer un test, ella aceptó y el resultado fue más que satisfactorio. Así que Borzage la ‘metió’ en la maleta y se la llevó a Hollywood, ofreciéndole ser la secundaria de John McCormack y Alice Joyce.
Al llegar a Hollywood, Maureen supo que valía la pena quedarse allí e intentar ganarse una carrera como actriz de cine. Y, después de varios papeles poco satisfactorios tanto para ella como para quienes la había contratado, en 1932 fichó por la Metro-Goldwyn-Mayer y se convirtió en la Jane Parker de ‘Tarzán de los monos’. La película tuvo tal éxito que, como hemos dicho, se rodaron cinco secuelas (la última, ‘Tarzán en Nueva York’, en 1942); en todas ellas compartió reparto con el atlético Weissmuller, que también fue su amante esporádico. Maureen acabó un poco harta de tantas aventuras en la selva y, al parecer, en su vejez se refería a Cheeta como “aquella mona hija de puta”. Es normal que no se sientese realizada, pero al menos esas películas le sirvieron para pasar a la posteridad.
feb
Romances clásicos de Hollywood en ‘Life’
La madrugada del domingo al lunes, hora española, se celebra la 83ª edición de los Oscars con diez películas en lucha por la preciada estatuilla. Como sabéis, allá por noviembre se otorgaron los premios honoríficos a tres grandes personalidades del cine clásico, cada uno en su estilo: Francis Ford Coppola, Jean-Luc Godard y Eli Wallach.
Es posible que haya algún recordatorio para los tres durante la gala –lo mismo que para las estrellas que nos dijeron adiós en 2010– pero será muy breve. Así que los fans del Hollywood en blanco y negro tenemos que conformarnos con reportajes como éste que ha preparado la revista ‘Life’: una selección de fotografías de las parejas más dulces, ardientes y polémicas de los años 30, 40 y 50… tanto dentro como fuera de la pantalla.
Entre los fotografiados están Frank Sinatra y Ava Gardner en la etapa más feliz de su relación, poco antes de contraer matrimonio el 7 de noviembre de 1951; matrimonio que sería la comidilla de Hollywood y del mundo entero durante toda la década y que generó una espiral de celos, venganzas, huídas e intentos de suicidio. Dramático. Igual de dramático que el final de la vida de Marilyn Monroe, a quien vemos en estas fotos sonriendo feliz del brazo de Joe DiMaggio. Se casaron el 14 de enero de 1954 y se divorciaron a los diez meses.
Otras parejas destacadas del reportaje de ‘Life’ son: Orson Welles y Rita Hayworth (no os perdáis la cara de Welles mientras Hayworth sostiene en brazos su hija Rebecca). También andan por ahí Tony Curtis y Janet Leigh, y la que quizá discutiría el primer puesto en cuanto a polémica a Gardner y Sinatra: los impetuosos Elizabeth Taylor y Ricard Burton. Claro que Laurence Olivier y Vivien Leigh tampoco se quedaban cortos… ¡Y qué decir de Spencer Tracy y Katharine Hepburn! En fin, prefiero no chafaros el reportaje y que seáis vosotros quienes vayáis descubriendo todas las fotos. Dedicadle cinco minutos de tiempo y sentiréis que habéis viajado al pasado… ¡Gracias, ‘Life’!
Vía | Galería de ‘Life’
ene
Todo por el Oscar
Este mediodía -hora peninsular española- se han dado a conocer los nominados a la 83ª edición de los Oscar, que se celebrarán en Hollywood el próximo 27 de febrero. No ha habido sorpresas, aunque pocos esperaban la nominación a Mejor Actor de Javier Bardem por ‘Biutiful’ después de haberse quedado fuera de los Globos de Oro. A nivel general son unas nominaciones lógicas, aunque ‘La red social’ me parece muy superior a ‘El discurso del rey’, por ejemplo. También tengo ganas de ver qué han hecho los hermanos Coen con el remake de ‘Valor de ley’, protagonizada por el genial Jeff Bridges, y si los académicos tendrán bemoles para premiar en el apartado de Mejor Película a ‘Toy Story 3′. Por lo demás, sólo echo de menos algún recuerdo para ‘El escritor’ de Roman Polanski y para la divertidísima ‘Scott Pilgrim contra el mundo’.
El caso es que la web oficial de los Oscar se ha sacado de la manga una curiosa cuenta atrás hasta el 27 de febrero. Consiste en destapar cada día una serie de reportajes que repasan, año tras año, la historia de los premios de cine más importantes del mundo. Ya van por 1978, así que han cubierto sobradamente el periodo correspondiente al cine clásico (el que va, más o menos, de 1929 a finales de los cincuenta). Cada capítulo está encabezado por una fotografía de gran tamaño, seguido de otras imágenes de los premiados, de las efemérides que tuvieron lugar más allá del cine y de los vídeos de las ceremonias que se han conservado en el archivo de la Academia.
Os recomiendo que le echéis un vistazo: encontraréis fotos tan llamativas como ésta de Joan Crawford recibiendo el Oscar a la Mejor Actriz postrada en la cama. Aún hoy flota en el aire la pregunta de si Joan estaba enferma de verdad o si mentía como una bellaca. Era el año 1946 y ella jamás había ganado un premio que ya habían conseguido otras divas como Ingrid Bergman, Jennifer Jones o su eterna rival, Bette Davis. Según algunas fuentes, la Crawford decidió fingir una grave enfermedad dos meses antes de la gala para ablandar al jurado; por si acaso, a dos semanas de la ceremonia anunció que no podría salir de su habitación. Siguió los premios por la radio y, efectivamente, se alzó con la estatuilla por ‘Alma en suplicio’. La prensa irrumpió en su habitación (lo que a ella no le importó en absoluto) y sacó esta imagen. Esa noche Joan durmió literalmente abrazada al Oscar y, pocos días después, se recuperó como por arte de magia…
Vía | Oscars.org
ene
Harpo Marx, el vasco, en ‘Too many kisses’ (1925)
Si hay algo que nos encanta en Plumas de Caballo es que nuestros lectores opinen, comenten y aporten sus conocimientos de cine clásico. Así nos culturizamos entre todos. Y eso que, en este caso, admito que voy a quedar un poco en evidencia.
En este post sobre los vascos superdotados de ‘El desfiladero de la muerte’, Salvador Sáinz apuntaba que Harpo Marx, en su primer papel en el cine, encarnó precisamente a un vasco. Yo sabía que Harpo había debutado en el séptimo arte antes que sus hermanos -tras el fiasco de ‘Humor Risk’- y que lo había hecho con ‘Too many kisses’, una comedia dirigida por Paul Sloane en la que hacía un papel secundario y en la que tenía dos líneas de diálogo… dos líneas escritas en la pantalla porque, irónicamente, aún no se había implantado el sonido en la industria de Hollywood. Incluso había visto las imágenes de Harpo dándole un puñetazo al villano de la película tras preguntarle, con sorna, si estaba seguro de que no podía moverse. Pero lo que no sabía es que la boina que llevaba Harpo era, para ser exactos, una txapela; ni tampoco que la trama se ubicaba en el País Vasco.
Tras bucear por la red sin hallar este preciado tesoro cinematográfico, he intentado contrastar las diferentes sinopsis de ‘Too many kisses’ que se han publicado. Todas coinciden en lo básico: el protagonista es Richard Gaylord Jr. (Richard Dix), el hijo de un importante empresario de Nueva York. Richard se pasa el día persiguiendo a las chicas, así que su padre le envía a un pequeño pueblo del País Vasco con la excusa de buscar un mineral de incalculable valor (en lo que no se ponen de acuerdo las sinopsis es si hablamos del País Vasco bajo dominio español o francés). Richard llega a este inhóspito lugar con la intención de ligar con las vascas… pero su padre está la mar de tranquilo porque (atención): ¡las vascas sólo aceptan retozar con los vascos!
Os dejo con el vídeo de la escena que os comentaba de Harpo Marx; ahora veo con otros ojos la ambientación, el vestuario y hasta el porrón del que echa mano nuestro actor fetiche. Y también os dejo por aquí la crítica escrita por Mordaunt Hall para ‘The New York Times’ el 3 de marzo de 1925. Según Hall, ‘Too many kisses’ es “un divertido entretenimiento que te hace olvidar el viento frío y los cambios meteorológicos”. Ni una palabra sobre Harpo. Se lo perdonamos.
Vía | Españoladas y olé
dic
Los que se fueron en 2010
Como marca la tradición, el último post del año en Plumas de Caballo está reservado al recuerdo de las estrellas del cine clásico que nos dejaron -muy a nuestro pesar- durante los últimos 365 días. Cada vez quedan menos actores, actrices y directores de la época dorada de los grandes estudios hollywoodienses, pero todavía resiste gente como Kirk Douglas, Ernest Borgnine, Joan Fontaine, Olivia de Havilland, Eleanor Parker o Lauren Bacall. Larga vida a todos ellos y también a los que nos dijeron adiós en 2010; repasamos la lista a continuación al tiempo que os deseamos un 2011 lleno de paz, amor, salud, dinero y mucho cine al que hincar el diente. Sed felices y gracias por vuestras lecturas, críticas y comentarios, sin los cuales éste blog no tendría sentido.
Eric Rohmer (07/01/2010) – 89 años
El primero en irse fue uno de los grandes directores de la Nouvelle Vague y del cine de autor europeo, aunque a un servidor le siguen sin convencer películas como ‘La rodilla de Claire’ o ‘Pauline en la playa’. La Academia de Hollywood le nominó al Oscar al Mejor Guión Original por ‘Mi noche con Maud’. Gran admirador de Hitchcock, falleció en París en silencio y con solemnidad.
Jean Simmons (23/01/2010) – 80 años
Ya fuera la Ofelia de ‘Hamlet’, la Varinia de ‘Espartaco’, la monja de ‘Narciso negro’, la ranchera de ‘Horizontes de grandeza’ o la arpía de ‘Cara de ángel’, Jean Simmons demostró siempre que era una actriz como la copa de un pino, aunque no ganara ninguno de los dos Oscars a los que estuvo nominada. Un cáncer de pulmón se la llevó al Olimpo del cine una semana antes de cumplir los 81.
Kathryn Grayson (17/02/2010) – 88 años
Iba para cantante de ópera, pero la Metro-Goldwyn-Mayer cortó su progresión y la convirtió en actriz para algunos de sus musicales, como ‘Levando anclas’. En los cincuenta rodó ‘Magnolia’, pero fue eclipsada por Ava Gardner y su carrera empezó la cuesta abajo. Vivió sus últimos 30 años en el más estricto anonimato, salvo alguna aparición esporádica en televisión, y se dedicó a dar clases particulares de canto hasta que llegó el día de su muerte.










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