Reportajes
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Efemérides de cine clásico en 2011
Recuerdo que, el año pasado por estas fechas, la gente estaba hasta las narices del 2009: crisis económica, catástrofes naturales, paro, etc. El 2010 se presentaba como una oportunidad para pasar página y ser más felices; pero, teniendo en cuenta que se inició con el terremoto de Haití, pronto nos resignamos a la certeza de que el año que ahora termina sería igual o peor que el anterior. Sin embargo, 2011 me da buen rollo. No me digáis por qué. Ya sé que es un número impar y que hay muchos prejuicios contra los números impares por razones que se me escapan. También sé que de esta crisis no nos saca ni el menos corrupto de los políticos. Pero, a mí, 2011 me da buenas vibraciones. Además, lo fácil es apostar a que todo va a seguir igual de mal, ¿no? Pues hala, aquí queda el órdago de Plumas de Caballo: 2011 va a ser un año cojonudo. Y, por supuesto, lleno de efemérides de cine clásico que iremos recordando periódicamente: os hacemos la lista a continuación para que las apuntéis en vuestra agenda.
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Edgar Allan Poe en el cine clásico
Leo en Blogdecine que ya se ha divulgado la primera imagen del biopic de Edgar Allan Poe, que se titula ‘The Raven’ y está dirigido por James McTeigue, un hombre que me maravilló con ‘V de Vendetta’ pero que después ha rodado auténticos bodrios como ‘Invasión’ o ‘Ninja Assassin’. John Cusack, un actor que al que nunca he encontrado el punto, es quien da vida al legendario escritor de cuentos de terror. Y, mientras leía esta noticia, una pregunta se ha formado en mi cabeza: ¿qué actores interpretaron a Edgar Allan Poe en el cine clásico?
Pues, a diferencia de lo que ocurría con Abraham Lincoln, pocos, muy pocos actores se han metido en la piel de Poe en la historia del séptimo arte; no más de 20, la inmensa mayoría a partir de la década de los setenta y ninguno de ellos en películas importantes. Vamos, que ‘The Raven’ puede ser el primer biopic con caché que se ruede sobre Poe.
Un actor absolutamente desconocido llamado Herbert Yost tuvo el honor de ser el primer Poe de la gran pantalla en un cortometraje de seis minutos de duración dirigido por D.W. Griffith y titulado, sin más: ‘Edgar Allan Poe’ (1909). Después llegarían dos adaptaciones de su poema más famoso, el mencionado ‘The Raven’; la primera (1912) estuvo protagonizada por Guy Oliver y la segunda (1915), por Henry B. Walthall. Ahí se abriría un paréntesis de 27 años hasta llegar a ‘Los amores de Edgar Allan Poe’ (1942), un biopic dirigido por Harry Lachman en el que Shepperd Strudwick hacía del escritor y Linda Darnell, de su prima y futura esposa.
Y poco más que rascar en el periodo clásico, con la excepción de ‘Danza macabra’ (1964), una producción italiana en la que el actor Silvano Tranquilli encarnó al atormentado escritor de Boston. Puede que sea simple casualidad o puede que hablar de Poe fuera demasiado siniestro, demasiado oscuro, para aquella época. A ver si la película de Cusack pone su nombre y su obra en el lugar que le corresponde, también, en el mundo del cine.
Vía | Blogdecine
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Vascos superdotados en ‘El desfiladero de la muerte’ (1958)
Aunque mi admiración por el cine clásico de Hollywood es infinita, a veces no puedo evitar sentir vergüenza ajena cuando me encuentro con cosas como ésta.
Estados Unidos se ha interesado poco o muy poco por la diáspora vasca, excepto alguna referencia de John Steinbeck en ‘Al este del Edén’. Es una lástima, porque fueron muchos los vascos que cruzaron el charco a finales del siglo XIX para establecerse en el Medio Oeste y que sufrieron verdaderas penurias para adaptarse a un nuevo mundo en el que eran considerados inferiores (entre otras cosas porque se empeñaban en pastar con ovejas); ejemplo de ello es el documental ‘Amerikanuak’, que se acaba de estrenar y que espero ver en cuanto lo distribuyan por Barcelona.
Ahora bien, para hacer bodrios tan surrealistas como la película de la que os voy a hablar, mejor no hacer nada. Corría el año 1958 cuando a Russell Rouse, director y guionista que (¡pásmense!) estaba a punto de ganar el Oscar por el libreto de ‘Confidencias a medianoche’, se le ocurrió la genial idea de escribir un western protagonizado por vascos. En su cometido le ayudaron (que quede claro) otros tres hombres: James Hill, Stewart Stern y Guy Tosper, aunque la dirección fue exclusivamente de Rouse. Hasta aquí, nada que objetar. Y menos aún sabiendo que el reparto estaría encabezado por los solventes Jeff Chandler y Susan Hayward, que la Paramount se haría cargo de la distribución o que un maestro como Stanley Cortez ejercería de director de fotografía.
‘Thunder in the Sun’ (rebautizada en España como ‘El desfiladero de la muerte’) trata sobre una caravana de vascos que, huyendo de las guerras napoleónicas, intenta establecerse en los verdes prados de California para dedicarse al tranquilo oficio de la vendimia. Por el camino se encuentran con unos soldados estadounidenses y les ayudan a combatir a los indios… a pesar de que el jefe de la caravana, un tal Pepe (Jacques Bergerac), está celoso de que el teniente Bennett (Chandler) se haya enamorado de su novia, Gabrielle (Hayward). Señoras y señores, el esperpento está servido.
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Abraham Lincoln en el cine clásico
El pasado fin de semana se supo que Daniel Day-Lewis interpretará al ex presidente Abraham Lincoln en una película que dirigirá próximamente Steven Spielberg y que se ambientará en la Guerra Civil estadounidense, entre 1861 y 1865. Suena bien.
A partir de esta noticia, un servidor se ha preguntado cuántas veces ha salido Lincoln en pantalla. Una rápida consulta a IMDb nos saca de dudas: será la 246ª ocasión en la que un actor encarne al político yanqui sumando los datos de cine y televisión. Y debe ser el récord, porque me ha dado por mirar a George Washington y sólo ha aparecido en 127 películas. Si alguien se entretiene en mirar todos los demás hasta llegar a Barack Obama (26 veces), que escriba un e-mail a Plumas de Caballo.
El primer actor que se metió en la piel de Lincoln en el cine fue Charles Brabin en ‘His First Comission’ (1911), pero el que realmente tuvo éxito durante la etapa muda fue Benjamin Chapin, un tipo que guardaba un parecido increíble con el difunto, al que encarnó 14 veces entre 1917 y 1918. Por desgracia, murió joven, a los 45 años. Ralph Ince y Francis Ford le hicieron la competencia.
Walter Huston, uno de los mejores actores secundarios de los años treinta y cuarenta, interpretó a Lincoln en tres películas en momentos diferentes de su carrera: ‘Two Americans’ (1929), ‘Abraham Lincoln’ (1930) y ‘The Battle of China’ (1944). A la gran mayoría también le sonarán John Carradine (‘Of Human Hearts’, 1938) y Raymond Massey (‘Lincoln en Illinois’, 1940; ‘La conquista del oeste’, 1962). Pero quizá el más recordado sea Henry Fonda, que dio vida al ex presidente en ‘El joven Lincoln’ de John Ford (1939).
Estaría bien que Daniel Day-Lewis, aunque tiene mucho talento, repasara todas estas interpretaciones antes de ponerse a las órdenes de Spielberg…
Vía | Yahoo!
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50 años sin Clark Gable
El 5 de noviembre de 1960, Clark Gable estaba cambiando un neumático de su jeep cuando sintió una fuerte presión en el pecho. En cierto modo, no le pillaba de sorpresa: diez años atrás tuvo que dejar el coche en la cuneta y arrastrarse por el suelo para superar uno de sus primeros ataques al corazón. Pero el de ahora era bastante más serio. De hecho, Gable tuvo que ser ingresado en un hospital de Los Ángeles, donde murió once días después, el 16 de noviembre, al sufrir otro infarto mientras leía una revista. Este martes se cumplen 50 años de aquella fatídica fecha.
Dicen las malas lenguas que El Rey falleció por culpa de Marilyn Monroe (¡pobre chica!), que le agobió lo indecible durante el rodaje de ‘Vidas rebeldes’ (en el verano de 1960) al ver en él al padre que nunca tuvo. También se rumorea que Gable no estaba conforme con el trabajo de sus dobles y que fue él mismo quien rodó las escenas de riesgo, a pesar de su delicado estado de salud. Pero lo cierto es que su funesto desenlace más bien parece el resultado de su interminable adicción al whisky y al tabaco. Fumaba una media de tres cajetillas diarias, un ritmo demasiado elevado para un hombre que ya tenía 59 años.
No pudo ver el estreno en cines de ‘Vidas rebeldes’, pero hubo algo que le dolió más: perderse el nacimiento de su único hijo, John, nacido en marzo de 1961 y concebido, por tanto, durante el rodaje de la película. Era el fruto de su matrimonio con la actriz Kay Williams, su quinta esposa; la misma que se negó a que el epitafio de Gable fuera “De nuevo al cine mudo”, un guiño que habría quedado genial en su lápida. Por otro lado, seguro que Gable se llevó una alegría al llegar al Más Allá: porque significó el reencuentro con su amada Carole Lombard, la mujer por la que combatió en la Segunda Guerra Mundial. Bueno, esa alegría… y la de poder tomar todos los whiskys y cigarrillos que se le antojaran.
Más información sobre la muerte de Clark Gable, aquí.
Vídeo del funeral, aquí.
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Sobre Concha Piquer y el primer filme sonoro de la historia
Andan los medios de comunicación revolucionados por el descubrimiento de un cortometraje de 11 minutos protagonizado por Concha Piquer que, dicen, sería la primera película sonora de la historia del cine. Las fechas hablan por sí solas: el filme de la Piquer se estrenó el 15 de abril de 1923 en el Teatro Rivoli de Nueva York; mientras que ‘El cantor de jazz’, considerado oficialmente como el pionero del cine sonoro, llegó a los cines en 1927. Pero el debate no es tan sencillo, o al menos a mí no me lo parece. Sin ánimo de crear polémica ni de ser puntilloso, me gustaría hacer unas apreciaciones al respecto.
Primero hagamos un poco de contexto histórico. Tras sorprender a los valencianos con su indudable talento para la canción (lo que más tarde sería la copla), Concha Piquer aterriza en Estados Unidos de la mano de un productor y compositor llamado Manuel Penella que iba a estrenar la ópera ‘El gato montés’ en Nueva York. El éxito de la Piquer es tremendo, hasta el punto de que firma un contrato con Columbia para grabar varios discos. Poco después conoce a otro hombre, Lee De Forest, inventor de un primitivo sistema eléctrico que permitía sincronizar la imagen y el sonido: el Phonofilm. Y De Forest decide contratarla para rodar el mencionado corto que ha sido descubierto en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos por el historiador Agustín Tena. Podéis ver fragmentos de la película en el documental que emitió La 2 el pasado jueves.
Así pues, por lo descubierto hasta ahora, parece claro que ‘Conchita Piquer’ fue la primera película sonora de la historia… en español. Y añado lo de “en español” porque no tengo tan claro que sea la primera a nivel global (como titulan algunos). Meses antes de este estreno, Lee De Forest ya había rodado algunos cortos con el sistema Phonofilm, bien es cierto que no de manera oficial. Y, además, ‘Conchita Piquer’ se estrenó en el Rivoli junto con otras 17 grabaciones (números de vodevil, fragmentos de ópera, ballet, etc.), que también tendrían el legítimo derecho de considerarse pioneras. Por último, ‘Conchita Piquer’ tampoco sería la primera película española en utilizar el sonido, sino la primera en la que se oye español, ya que la financiación, la producción, el montaje, etc., correspondían al señor De Forest.
De todas formas, no quiero quitarle ningún mérito al descubrimiento; al contrario, es fascinante que todavía hoy se puedan encontrar filmes olvidados sobre los que hablar y debatir. Y la frescura con la que Concha Piquer se mueve ante la cámara (en un estilo musical que ni entiendo ni me seduce) sigue tan vigente hoy como hace 87 años. La pregunta es: ¿cambiará ésto los libros de historia o seguiremos citando a ‘El cantor de jazz’?
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El cine clásico en la televisión actual
Ver cine clásico en la televisión actual es como encontrarte un billete de 500 euros detrás del sofá. Hay que tener mucha fe para pensar que la caja tonta vaya a obsequiar a sus espectadores con imágenes en blanco y negro, con las estrellas del pasado, cuando pueden tener en primicia a la prima del ex novio de la princesa del pueblo (quien quiera que sea esa señora). Yo, la verdad, sólo enciendo la tele para los informativos, las retransmisiones deportivas y alguna que otra serie. Para las películas ya tengo Internet o mi colección de cine en DVD. Pero me gustaría hacer un repaso de los canales que emiten actualmente cine clásico en España, ya lo hagan por placer o por rellenar sus respectivas parrillas, puesto que dudo que ninguno de ellos lo haga para ganar audiencia.
La referencia, sin ninguna duda, es el Canal TCM que ofrecen las plataformas Digital+, Orange, Euskaltel, Telecable e Imagenio. Son 24 horas de cine clásico sin interrupción, centrado en las producciones estadounidenses de los años treinta, cuarenta, cincuenta y sesenta. Es un canal de pago y va incluido en los paquetes de cine de las distintas operadoras. Merece mucho la pena porque, además, incorpora la opción de ver las películas en versión original, aunque los subtítulos sólo están disponibles para los abonados de Digital+, Orange y Euskaltel. Para que os hagáis una idea del nivel que exhibe Canal TCM, esta semana se proyectan ‘Lo que el viento se llevó’, ‘La ventana indiscreta’, ‘Un perro andaluz’ o ‘Viridiana’. Hay varios pases de cada una para que podamos elegir el que mejor se adapte a nuestro horario.
Los que vivimos en Catalunya tenemos la opción del canal privado 8tv, propiedad del Grupo Godó (editor de ‘La Vanguardia’ y ‘Mundo Deportivo’). Es gratuito al cien por cien y de vez en cuando proyecta cine clásico en prime time, aunque normalmente lo utiliza para rellenar las horas muertas de su programación. Tampoco es prolija en peliculones, pero por ejemplo esta semana se atreve con ‘Los contrabandistas de Moonfleet’, ‘Grupo salvaje’ y ‘Una mujer bajo la influencia’.
Si no tenéis miedo a sufrir urticaria, el abominable canal Intereconomía TV también reserva tiempo para el cine clásico, sobre todo a la hora de la sobremesa. El problema es que es difícil encontrar algún sitio donde informen de la programación (ni siquiera aparece en su propio site), pero la ventaja es que se puede ver online. Ahora mismo, mientras escribo este post, están emitiendo la soporífera ‘Pandora y el holandés errante’, con Ava Gardner y James Mason. Eso sí, si sintonizáis este canal (aunque sea por error) y os sale cualquier otra cosa que no sea cine clásico, apagadlo inmediatamente o los daños cerebrales serán irreversibles.
ago
Harpo Marx, silencioso ruido
Los periódicos españoles siguen dando espacio al cine clásico en sus suplementos veraniegos. A ver si cuando se vaya el calor siguen acordándose de él. En esta ocasión os traemos el extenso reportaje que Peio H. Riaño ha escrito en el diario ‘Público’ sobre Harpo Marx. Lo he leído con atención, porque Harpo es mi hermano Marx favorito, y tengo que reconocer que le hace bastante justicia. Básicamente es una recopilación de datos extraídos de la autobiografía ‘¡Harpo habla!’ que, según entiendo, va a reeditar Seix Barral el otoño próximo. Yo tengo por las estanterías la edición que sacó Montesinos en 2001. No sé si las historias de Harpo son tan divertidas como las de Groucho, pero seguramente sean más veraces. De todas ellas me quedaría con la tronchante visita a la Unión Soviética.
Hace unos años, un amigo -que ahora mismo está en Islandia- y yo entrevistamos a Félix Fanés, profesor de Historia del Arte y estudioso de la figura de Salvador Dalí (creo que por aquel entonces era el responsable del museo del pintor en Figueres). En la entrevista profundizamos sobre la relación entre Dalí y el cine de Hollywood, haciendo hincapié en la admiración que el pintor sentía hacia los hermanos Marx en general y hacia Harpo en particular. No recuerdo las palabras exactas del señor Fanés, pero vino a decirnos que, para Dalí, Harpo Marx era el paradigma del surrealismo, el alma pura de un niño atrapado en el cuerpo de un hombre y, sobre todo, un personaje incapaz de controlar sus instintos: se tiraba encima de la comida y las mujeres sin pensar en las consecuencias. Habría mucho que discutir aquí puesto que el comportamiento libertario de Harpo solía proceder de guiones que establecían un patrón de conducta ante la cámara; pero es cierto que la idea del personaje en sí -no de la persona- era para Dalí lo mismo que un trozo de queso para un ratón.
Siempre he admirado el cinismo y la ironía de Groucho, el falso encanto de Chico y la entereza con la que Zeppo asumía sus roles secundarios. Pero quien me robó hace tiempo el corazón cinematográfico fue Harpo; sí, por ser ese espíritu burlón, el tipo que hace todo lo que nosotros no podemos hacer porque nos regimos por las normas que nos impone la sociedad. Pero también por una razón mucho más sencilla: porque me hace reír. Uno de los mayores ataques de risa que he tenido nunca lo sufrí en una biblioteca mientras veía la escena de ‘Sopa de ganso’ que encabeza este post. Y es que el hombre que no podía hablar tenía una facilidad innata para emitir todo tipo de sonidos… en los peores momentos.
Vía | Público
jul
‘Psicosis’ y ‘Ben-Hur’, dicotomía cromática
Ya he perdido la cuenta de los reportajes, artículos de opinión, críticas y demás piezas periodísticas que se le han dedicado este año a ‘Psicosis’ y ‘Ben-Hur’ por el 50º aniversario de sus respectivos estrenos. En esta ocasión es el diario ‘El País’, a través de su suplemento veraniego ‘Tentaciones’, el que habla de estas dos películas clave del cine clásico, cada una a su estilo y prácticamente en polos opuestos en cuanto al diseño de producción se refiere.
El reportaje, firmado por Fátima Cruz, está salpicado por las breves intervenciones del director Vicente Aranda y del historiador Roman Gubern. Básicamente, pone el acento en el contraste cromático de ambas películas: mientras que ‘Psicosis’ era una pesadilla en blanco y negro, casi minimalista -la casa de Bates recuerda a los establos solitarios de ‘La noche del cazador’-, ‘Ben Hur’ es una aventura épica en un brillante Technicolor que pone a prueba la resistencia de nuestras retinas (es una broma, claro: si superamos las baldosas color amarillo canario de ‘El mago de Oz’, podemos hasta mirar directamente al sol).
Más contrastes: el presupuesto. ‘Psicosis’ se rodó con 800.000 dólares, ya que ninguna productora importante quiso hacerse cargo de una historia tan truculenta. En cambio, William Wyler disfrutó de los 15 millones de dólares que le otorgó la Metro-Goldwyn-Mayer para ‘Ben-Hur’, un dinero invertido en decorados colosales, trepidantes escenas de acción -¡esa carrera de cuadrigas!-, 50.000 extras y una estrella como Charlton Heston al frente del reparto. No es de extrañar que muchos fans de Wyler vieran en ‘Ben-Hur’ “una concesión a la comercialidad y una traición a su trayectoria”, como apunta Gubern.
Y un último contraste: lo más injusto de todo es que ‘Ben-Hur’ se hizo con 11 Oscars, mientras que ‘Psicosis’ perdió en las cuatro categorías a las que fue nominada (Hitchcock dobló la rodilla frente al Billy Wilder de ‘El apartamento’). Pero así es la Academia de Hollywood. Yo, aunque sean dos films antagónicos y que, por tanto, no pueden compararse, me llevaría ‘Psicosis’ a una isla desierta mucho antes que ‘Ben-Hur’. ¿Y vosotros?
jun
Centenario de Paulette Goddard
“Los actores y actrices que dicen que nunca ven sus propias películas están diciendo tonterías. No hace falta ser Freud para saber que la persona más fascinante del mundo eres tú.”
El pasado jueves se cumplieron 100 años del nacimiento de Paulette Goddard, una actriz que ha quedado irremediablemente unida para siempre al nombre de Charles Chaplin. No en vano estuvo casada con él seis años, durante los cuales coprotagonizó ‘Tiempos modernos’ (1936) y ‘El gran dictador’ (1940). Pero Goddard tuvo otra vida antes y después de Chaplin; una vida larga e interesante que vamos a repasar en este reportaje especial de Plumas de Caballo.
Pauline Marion Goddard Levy nació el 3 de junio de 1910 en uno de los ramales cercanos a la vía del ferrocarril de Long Island, Nueva York. Su padre era judío -como atestigua el apellido Levy-, mientras que su madre era una episcopaliana de ascendencia inglesa. Pauline fue hija única y debutó muy pronto en el mundo de la interpretación, ya que sólo tenía 13 años cuando fue contratada para las ‘Ziegfeld Follies’. Era una niña bonita, morena, que dejaba entrever que tendría una espléndida figura en su futuro cuerpo de mujer. De ello se aprovechó un rico empresario llamado Edgar James, que la cortejó y la llevó al altar a la tierna edad de los 16 años. El matrimonio estaba condenado al fracaso y en 1931 se formalizó el divorcio.
Fue entonces cuando Pauline -que en breve cambiaría su nombre a Paulette- se trasladó a Hollywood para probar suerte en el cine. Pero en Los Ángeles las chicas jóvenes, guapas y morenas estaban a la orden del día, así que durante tres años malgastó el tiempo haciendo de extra en comedias como ‘Torero a la fuerza’ (Leo McCarey, 1932), protagonizada por Eddie Cantor. Aunque Paulette estaba contratada por los estudios de Hal Roach, su desesperación por conseguir mejores papeles la llevó a decidirse a invertir el dinero que había ganado en el divorcio. Pero un hombre se dio cuenta de que la estaban engañando: un hombre que la convenció para que rescindiera su contracto con Roach y se mudara a su casa de Beverly Hills. Su nombre -seguro que lo habéis adivinado- era Charles Chaplin.








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