Sep
‘Río sin retorno’ (1954)
A mitad de camino entre el género de aventuras y el western, Río sin retorno es una de las películas que se rodaron para mayor gloria del CinemaScope, sistema de filmación cuyo objetivo era mostrar imágenes espectaculares que incitaran al público a seguir yendo al cine en lugar de quedarse en casa junto a ese nuevo aparato llamado televisión. La Fox apostó fuerte por el invento y, sin reparar en gastos, envió a Robert Mitchum, Marilyn Monroe y Otto Preminger de excursión a los parques nacionales de Canadá, escenarios del film que nos ocupa.
La historia empieza con el reencuentro entre un padre recién salido de la cárcel (Mitchum) y su hijo de nueve años, que acaba de perder a su madre. Ambos se marchan a vivir a una granja en mitad del bosque, al lado de un caudaloso río, pero su paz es turbada por la explosiva Kay Weston (Monroe), cantante de voz nostálgica, y su novio Harry (Rory Calhoun), el típico vividor que sueña con ganar la partida que le exima para siempre de esa fea costumbre llamada trabajo. Harry huye de la granja en cuanto consigue rapiñar algo de valor; ésto, junto al ataque de unos indios salvajes, obliga a padre, hijo y cantante a navegar río abajo sobre una balsa que a duras penas resiste el envite de las aguas bravas.
Es de agradecer que la Fox no se andara con rodeos a la hora de engatusar al espectador. Nada de embustes en forma de pretendida trascendencia por la mera dirección de Preminger. El objetivo es deleitarse con las imágenes y rentabilizar la inversión realizada en el CinemaScope, ya sea con los espléndidos paisajes de Canadá o las no menos espléndidas vistas de Marilyn, la cual, sea por el ataque de un indio en celo, por contentar a los borrachos del lugar o porque su único equipaje está en remojo, insinúa sus curvas en buena parte del metraje. Mitchum mantiene con ella una relación de amor y odio que desembocará en escenas de tensión animal, mientras el actor se lamenta una y otra vez de la escasez de rifles en los bosques de Alberta.
Entre cascada y cascada, Marilyn entona su repertorio de melancolía y nos deja ver, por momentos, la frágil mujer que se escondía tras sus carnosos labios rojos. Preminger, muy al final, despierta del letargo y dirige una secuencia digna de sus mejores obras ‘noir’, con un sorprendente regusto amargo que reconforta: mereció la pena esperar por ese disparo.
‘RÍO SIN RETORNO’ (1954)
Lo mejor: Cuando Preminger cogió su fusil.
Lo peor: Comprobar que las películas que en su día innovaron a nivel técnico son las que peor han resistido el paso del tiempo.
La frase: “El amor es un dólar brillante” (Kay Weston / Marilyn Monroe).
Calificación: 6
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