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‘Doce del patíbulo’ (1967)

Doce del patíbulo

Sé que Quentin Tarantino es un gran amante del cine clásico, sobre todo del que se hizo en los sesenta y setenta, de los spaghetti western de Sergio Leone y del género sexploitation que abanderó Russ Meyer. Y sé que entre sus gustos también hay muchas referencias al cine bélico. Por eso no me sorprendería que ‘Doce del patíbulo’ fuera una de sus películas favoritas; sin ir más lejos, la excelente ‘Malditos bastardos’ recuerda bastante al film de Robert Aldrich, estrenado en Estados Unidos el 15 de junio de 1967.

Lo primero que se debe decir de ‘Doce del patíbulo’ es que su reparto es irrepetible, que se encuentra por derecho propio entre los mejores de la historia del cine. Muy pocas películas pueden presumir de haber contado con cuatro o cinco estrellas de primera categoría y otras cuatro o cinco de nivel escasamente inferior en una producción con tanta fuerza, a las órdenes de un director tan capaz y, por supuesto, con unas interpretaciones magistrales por parte de todos los protagonistas. Ya la secuencia de los títulos de crédito -que no se incluye al inicio del film, sino cuando ya han transcurrido unos minutos- es una gozada. A cada nombre ilustre le sucede uno de rango similar, y cada primer plano de los condenados nos hace tener la certeza de que nos lo vamos a pasar muy bien en las siguientes dos horas y cuarto de cine.

‘Doce del patíbulo’ (‘The Dirty Dozen’, en su versión original), fue la primera novela del todavía activo E. M. Nathanson, que nunca ha vuelto a conseguir un éxito igual. Para la adaptación a la gran pantalla, Aldrich contó con dos valores seguros como Nunnally Johnson y Lukas Heller. Se trataba de narrar la historia de una docena de condenados a muerte -o, en el mejor de los casos, a 30 años de trabajos forzados- que, en mitad de la Segunda Guerra Mundial, reciben una oferta del major Reisman (Lee Marvin), a su vez enviado por el general Worden (enorme Ernest Borgnine). Dicha oferta consiste en participar voluntariamente en una misión secreta que les debe llevar a asaltar una mansión francesa ocupada por los nazis y matar a todos los altos cargos que se encuentran allí. A cambio, estos doce hombres verían conmutadas sus penas; incluso podrían volver a ser libres.

Doce del patíbulo

A pesar de las reticencias iniciales, del desafío a la autoridad representada por el major Reisman, los doce hombres concluyen que no tienen nada que perder, aceptan el trato e inician un duro plan de entrenamiento que les debe convertir en un equipo de mercenarios perfectamente sincronizado. No es tarea fácil. Entre los voluntarios hay un psicópata religioso que odia a las mujeres (Telly Savalas), un chulo que se pasa las normas por sus partes nobles (John Cassavetes, que fue nominado al Oscar al Mejor Actor de Reparto), un hispano cobarde (Trini López) o un joven retrasado (Donald Sutherland). Por eso, el granítico major Reisman, lejos de imponer la ley de la fuerza bruta, arma el equipo a través de la psicología y se gana primero a los más competentes, que serán quienes arrastren a los demás hacia el objetivo común.

Aunque el post quede demasiado sembrado de nombres, no me resisto a añadir a los actores que completan este curioso equipo de combate: Charles Bronson, que encarna a un tipo cínico, de sangre fría, procedente del este de Europa; Jim Brown, alias Robert Jefferson, que añade a sus problemas personales el agravante de ser negro, pero que terminará siendo uno de los líderes; Clint Walker, en el rol de un gigante tímido llamado Samson Posey; y también Milo Vladek, Glenn Gilpin, Roscoe Lever, Tassos Bravos y Seth Sawyer. De todas formas es justo reconocer que, por la dificultad y la importancia de sus personajes, las actuaciones más recordadas son las de Savalas, Cassavetes, Sutherland y Bronson… amén de Lee Marvin y su voz cavernosa.

El humor es uno de los ingredientes fundamentales de ‘Doce del patíbulo’. Así, las situaciones cómicas abundan antes de llegar a la última parte de la película, en la que sí se da rienda suelta al dramatismo propio del cine bélico, a los efectos especiales, a los bombardeos y las soluciones violentas, a la tensión que se ha ido generando durante todo el metraje anterior; todo ello en un clímax fantástico, dirigido con maestría en la filmación y en el montaje de las imágenes. Pero antes nos hemos reído con el aprendizaje forzoso de los doce cadáveres andantes, especialmente de su maña para desarticular al disciplinado ejército del coronel Everett Dasher Breed (Robert Ryan, otro pedazo de actor, espléndido en cada una de sus contrariadas intervenciones). Dicho lo cual, la película alcanza su objetivo principal, que es entretener. Porque ésta -o al menos me lo parece a mí- también es una película de palomitas y Coca-Cola. Voy a decírselo a algunos fans de ‘Crepúsculo’, a ver si les convenzo. Deseadme suerte.

Lo mejor: Los doce, más Ryan, Marvin, Borgnine y Aldrich.

Lo peor: Pequeños detalles que no merecen ni ser comentados.

La frase: “Ya sabéis lo que tenéis que hacer: alimentar a los franceses y disparar a los alemanes” (Major John Reisman = Lee Marvin).

Plumas de Caballo

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Comentarios

hola,

esta pelicual es increible, la historia y los actores, por eso estoy buscnado la novela original, sabe alguien si se edita todavian en españa.

saludos

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