Jul
‘Belinda’ (1948)
Jane Wyman tenía 31 años cuando Belinda le proporcionó el único Oscar de su carrera. Era la segunda vez que estaba nominada y aún lo estaría en otras dos ocasiones. Wyman subió al estrado, recogió la estatuilla y pronunció unas sencillas palabras: “He ganado este premio por mantener la boca cerrada y eso es lo que voy a hacer otra vez.” Acto seguido, volvió rápidamente a su butaca entre los aplausos y las risas del público. La joven con cara de mujer mayor (como la definió Terenci Moix) ya había llegado a la cima del séptimo arte.
El chiste de Wyman venía a cuento porque en Belinda había interpretado a una sordomuda que vivía con su padre (Charles Bickford) y su tía (Agnes Moorehead) en un solitario molino de una isla de Nueva Escocia, Canadá. La precariedad económica y los prejuicios de sus vecinos habían convertido a la familia McDonald en una especie de apestados, mientras Belinda crecía en el más completo analfabetismo y era conocida como la tonta del pueblo, mote por el que también se referían a ella su padre y su tía.
Todo cambia a partir de la llegada del doctor Robert Richardson (Lew Ayres), un hombre que se rige por sus propios principios, que no cree en las supersticiones religiosas del lugar y tiene una mente liberal. Cuando, por casualidad, conoce a Belinda, siente el impulso de ayudar a aquella muchacha a tener una vida mejor. Con el beneplácito del padre, sorprendido de que su hija sea capaz de comunicarse con los demás, le enseña el lenguaje de signos. Los progresos de Belinda son excelentes, pero sufrirá un shock al ser violada por el pendenciero Locky McCormick (Stephen McNally).
Dirigida por Jean Negulesco con guión basado en la obra de teatro de Elmer Harris, Belinda es un melodrama con todas las letras, de los que se ven con el corazón encogido y la emoción a flor de piel. Es una película sentimental, pero aunque cada escena parezca más dramática que la anterior, detrás hay una historia bien trenzada que no busca la lágrima fácil. Además, nos ofrece unas interpretaciones soberbias por parte de todos los protagonistas, con la Wyman a la cabeza. El único pero que le pongo es la escena del juicio, que podría haber sido un poquito más elaborada y tener una conclusión menos evidente.
Mención especial para la banda sonora de Max Steiner. Su composición es sencillamente una obra de arte. La música ayuda al espectador a meterse en la piel de Belinda, a sentir su soledad, sus miedos y su esperanza de encontrar otra vida. No hay palabras para calificar el efecto del violín introducido por Steiner cuando Belinda rechaza la copa de brandy que le ofrece el doctor. Es un pequeño ejemplo del grandísimo talento que poseía el vienés. Y también sería injusto olvidarnos del fotógrafo Ted D. McCord o del director artístico Robert M. Haas, un habitual del cine negro que presta aquí toda su sabiduría visual.
Lo mejor: Jane Wyman y los demás actores. El guión, la banda sonora y el diseño de producción.
Lo peor: Le falta algo de metraje en la escena del juicio.
La frase: “Tu corazón late con fuerza… Una vez atrapé una gaviota en alta mar. Tenía tu misma mirada asustada…” (Locky McCormick = Stephen McNally, antes de violar a Belinda).
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