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‘El embrujo de Shanghái’ (1941)

El embrujo de Shanghái

Inicialmente, El embrujo de Shanghái fue una obra de teatro concebida por el dramaturgo John Colton. Aunque nacido en Minneapolis, Colton pasó la mayor parte de su infancia en Japón y dejó fluir su vertiente asiática en varios de sus libretos, así como un desinhibido interés por las bajas pasiones del ser humano. ‘The Shanghai Gesture’ se estrenó en Broadway el 1 de febrero de 1926, alzó el telón en 206 ocasiones e incluso tuvo un pequeño reestreno dos años después. Sin embargo, tuvieron que pasar más de quince años para que la obra fuera adaptada a la gran pantalla. El motivo: la censura moral del código Hays, un escollo que desanimaba al más osado de los productores.

Lo que más molestaba al señor Hays -y también al consulado chino- es que la obra tenía lugar en un burdel regentado por la imperturbable Madre Goddam, en el cual se traficaba con drogas mientras los clientes adquirían los servicios de prostitutas ninfómanas. Después de leer esta sinopsis, lo normal es que cualquier empleado de Hays tirase el guión a la basura y enviara a su autor al infierno. Pero en Hollywood siempre había quien intentaba sortear los obstáculos de los censores con astucia, talento y un poco de suerte.

En este caso, el valiente fue un hombre que sabía de lo que hablaba: Josef von Sternberg. El propio director se encargó de adaptar el libreto de Colton, concediendo un cambio importante para pasar el filtro: ‘El embrujo de Shanghái’ se desarrollaría en un casino y no en un burdel. Luego, Von Sternberg se ganó la confianza de un productor eslovaco llamado Arnold Pressburger, que financió la película con un millón de dólares.

La nueva sinopsis quedaba pues de la siguiente manera. Estamos en la víspera del Año Nuevo chino en Shanghái, una ciudad que huele a pecado en cada una de sus esquinas. Madre Gin Sling (Ona Munson) dirige uno de los casinos más populares, donde hay tiempo para jugar a la ruleta, al blackjack, al poker y un sinfín de actividades en las que los incautos se dejan el dinero. El ambiente es opresivo, irrespirable, como recrean perfectamente Von Sternberg y el fotógrafo Boris Leven, que obtuvo la nominación al Oscar, al igual que el compositor Richard Hageman por la banda sonora.

El embrujo de Shanghái

Madre Gin Sling recoge sus ganancias al final de la jornada y las reparte entre su gente de confianza, con el doctor Omar (Victor Mature) a la cabeza. Pero un día recibe la pésima noticia de que el casino va a ser demolido en una operación inmobiliaria liderada por Sir Guy Charteris (Walter Huston). Madre Gin Sling se entera enseguida del afán especulativo del señor Charteris y decide hacérselo pagar con aquello que más quiere: su hija, Victoria (Gene Tierney).

Además de la reseñada puesta en escena claustrofóbica, lo que más impacta en esta película es el proceso de degradación al que se ve sometida Victoria -alias ‘Poppy’- por parte de Madre Gin Sling; más aún si tenemos en cuenta que la actriz vilipendiada era uno de los rostros más preciosos de principios de los años cuarenta. Efectivamente, Gene Tierney -una niña mimada de Brooklyn que la Fox todavía no había sido capaz de rentabilizar- cae sin remedio en una espiral de depravación que tiene su punto álgido en la escena del banquete, donde el plan orquestado por Madre Gin Sling es revelado a los comensales… con una doble vuelta de tuerca que sorprenderá al espectador más avispado.

Es difícil saber qué ocurriría en la actualidad con una materia prima como la de ‘El embrujo de Shanghái’. Difícil exponer en la pantalla toda esta perversión con la intensidad y la elegancia de Von Sternberg -algo bueno tenía la censura: estrujaba los cerebros- sin caer en el típico recurso de enseñarlo todo con pelos y señales. Además, con los casinos online fiables que pululan por Internet, quién iba a querer meterse en un tugurio como el de Madre Gin Sling. Bueno, pues a los amantes del cine clásico nos gustaría dar una vuelta y curiosear. Ver a Gene Tierney aporreando una puerta, borracha, llorando de rabia a los pies de Victor Mature, tiene su morbo, para qué nos vamos a engañar.

Lo mejor: La metafórica suciedad de la película.

Lo peor: Opinión personal: hubiera preferido una Madre Gin Sling menos impertérrita.

Plumas de Caballo

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Comentarios

Me gusta esta peli es super

:) buen post :)

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