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‘Furia’ (1936)
Obsesionado con la idea de poner el concepto de justicia contra la pared -como ya hiciera en M: el vampiro de Düsseldorf con el asesino pederasta interpretado por Peter Lorre- Fritz Lang inició su etapa americana con una película que cuestiona el papel de los inocentes ciudadanos ante delitos presuntamente evidentes. En Furia, Spencer Tracy da vida a Joe Wilson, un tipo honrado que regenta una gasolinera junto a sus hermanos con el objetivo de ganar dinero para casarse con su novia Katherine (Sylvia Sidney), que se ha marchado a la capital por motivos laborales. Tras un año de sacrificios, Joe reúne el dinero suficiente y emprende la marcha sin saber que no llegará a su destino; la policía le confunde con el secuestrador de una niña, le encarcela para dar ejemplo y el pueblo da rienda suelta a su locura quemando la cárcel. A ojos del mundo, Joe Wilson ha fallecido linchado por la multitud; pero la vida le dará la oportunidad de vengarse.
“La diferencia entre un asesino y un inocente es el control de nuestros impulsos”, afirma uno de los personajes de Furia; en otras palabras, para Fritz Lang todos somos asesinos en potencia. Un linchamiento público supone la excusa perfecta para liberar esos impulsos, porque escondemos nuestra cobardía entre la multitud protectora y anónima. Lang incluye en el film un dato escalofriante: entre 1887 y 1936 hubo más de seis mil linchamientos masivos en los Estados Unidos, de los cuales apenas 800 acabaron en juicio… A pesar de que la Constitución los prohibe y avisa de que los participantes pueden correr la misma suerte que el linchado.
El guión de Fritz Lang -basado en una idea de Norman Krasna- no deja títere con cabeza: el pueblo es retratado como una granja de gallinas que cotorrean sin cesar; la policía, un estamento corrupto plagado de indolentes cuyo único fin es contribuir a la victoria en las próximas elecciones; la prensa, el poder que aprovecha su pretendida búsqueda de la objetividad para saciar el apetito propio y el de sus lectores. El auténtico mérito de Furia es que cuestiona a todo el mundo: también al resucitado Joe Wilson y al espectador que, desde fuera, se verá patéticamente reflejado en uno u otro personaje.
Lo mejor: Un guión arriesgado y a prueba de bombas.
Lo peor: Su edulcorado final puede decepcionar al más vengativo.
La frase: “Les daré la oportunidad que ellos no me dieron. Tendrán un juicio legal en una sala legal. Tendrán un juez legal y una defensa legal. Tendrán una sentencia legal… y una muerte legal” (Joe Wilson = Spencer Tracy).
Calificación: 9.
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