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‘Picnic’ (1955)
Los que vayáis al cine normalmente habréis visto que, antes de los trailers, Coca-Cola emite un anuncio que empieza como un documental. Se nos dice que, en 1955, un grupo de científicos realizó un experimento de publicidad subliminal al insertar dos fotogramas de este mítico refresco en mitad de una película; dos imágenes que el ojo humano no podía captar, pero sí el cerebro. Por ello, el consumo de Coca-Cola subió ese día del 18 al 51 por ciento.
Tras una pequeña búsqueda por internet, no me ha quedado muy claro si ese experimento se llevó a cabo o fue una mera campaña de marketing de Coca-Cola. Pero sí he encontrado la película a la que hace referencia: Picnic (de hecho, en el anuncio hay un momento en el que se ve la entrada de un cine donde proyectan Nicpic).
Picnic es un melodrama que dio mucho que hablar en su día. Basado en una obra de William Inge (el mismo de Esplendor en la hierba), narra el ‘shock’ que supone para una puritana comunidad de mujeres de Kansas la llegada de Hal Carter (William Holden), un fornido y descamisado vagabundo que viaja en trenes de mercancías. Su llegada coincide con el picnic del Día del Trabajo, que incluye las típicas cestas de emparedados, bandas de música, concursos idiotas y la inevitable elección de la reina del baile.
Hasta aquí, lo único que puede armar revuelo (recuerdo que estamos en 1955) es el torso desnudo de William Holden, que realmente hizo un esfuerzo para convertirse en un ‘beefcake’. Pero esa no es la cuestión, sino su comportamiento y el modo en que trastoca el mundo de las mujeres que le rodean: una anciana que añora las juergas de su juventud; una madre posesiva, convencida de que la vida es sufrimiento; una profesora que esconde su fragilidad tras una fachada de cinismo; una adolescente que se obliga a ser feliz con su futuro marido; y una niña acomplejada por la belleza y las atenciones que recibe su hermana mayor.
¿Y esto es lo que escandalizó en 1955? Sí, eso decían quienes se escandalizaban: que Picnic era una película perversa, con demasiadas referencias sexuales y comportamientos inapropiados (chicas borrachas, niñas que fuman, hombres que engañan). Un mal ejemplo, en definitiva. Hipócritas, les diríamos ahora: el escándalo se produjo porque miles de familias estadounidenses se vieron reflejadas en ella; toda una sociedad conservadora, machista y miedosa que vio cómo su mundo de casas adosadas y coches aparcados en la acera se tambaleaba de repente coincidiendo, además, con el ‘boom’ de James Dean.
Lo mejor: Las mujeres protagonistas (entre ellas, Kim Novak) y su golpe de conciencia.
Lo peor: Algunos excesos de William Holden, que además es un pelín ‘viejo’ para el papel.
La frase: “Estoy harta de que me digan lo guapa que soy” (Madge Owens = Kim Novak).
Calificación: 8
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