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Centenario de Ginger Rogers
Como diría Hitchcock: “Yo confieso”. Confieso que no sé casi nada de esta actriz y bailarina del cine clásico llamada Virginia Katherine McMath que un buen día se convirtió en Ginger Rogers. Confieso también que no me interesan demasiado sus datos biográficos ni filmográficos. Sí, me gusta el género musical, pero sobre todo aquel que arranca en los 50 con los Gene Kelly, Frank Sinatra y compañía. El de los 30, producido por la RKO para mayor gloria de las piernas de la Rogers, me deja un poco indiferente. Y, sin embargo, es justo dedicarle unas líneas a esta mujer dura, tenaz y conservadora que este sábado habría llegado a los 100 años de existencia.
Nacida en Independence, Missouri, el 16 de julio de 1911, Ginger Rogers ha pasado a la historia del séptimo arte ineludiblemente unida a su compañero de reparto en los mencionados musicales de la RKO: Fred Astaire (igual de buen bailarín y bastante mejor actor). De esa época son ‘La calle 42’ (1933), ‘La alegre divorciada’ (1934) o ‘Sombrero de copa’ (1935). Ginger y Fred, Fred y Ginger, protagonizaron un total de diez musicales: nueve entre 1931 y 1939, y uno más tardío, en 1949: ‘Vuelve a mí’. Pese a las típicas rencillas de dos estrellas de Hollywood, ella siempre le piropeó: “Trabajar con él ha sido lo mejor que me ha pasado nunca”, dijo en 1976.
Ginger también intentó hacer sus pinitos fuera de los musicales para demostrar que era una actriz dotada para la interpretación, no sólo para cantar y bailar. Incluso ganó un Oscar por una película que muy poquitos cinéfilos conocerán: ‘Espejismo de amor’ (Sam Wood, 1940), un melodrama sobre un amor imposible entre dos jóvenes de clases sociales distintas. Ella era la ricachona; él (Dennis Morgan), un pobre desgraciado. No he tenido el placer de ver la película, pero según he leído por ahí, tampoco me pierdo gran cosa. No parece que esté entre las mejores interpretaciones de nuestra homenajeada.
Me vais a perdonar la frivolidad, pero casi encuentro más interesante su vida tras las cámaras que su vida como actriz. Resulta que Ginger Rogers fue una republicana extrema, colaboradora del ejército durante la Segunda Guerra Mundial, y que se manifestó abiertamente a favor de delatar a los comunistas de Hollywood durante la ‘caza de brujas’. Creía en la Cienciología y tuvo una intensa vida amorosa, coleccionando cinco maridos y cinco divorcios entre 1929 y 1969. Además, desde la década de los 40 procuró evitar los focos y se mudó al rancho de Oregón donde falleció el 25 de abril de 1995, a los 83 años.
Vía | IMDb
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Comentarios
Hola David. Tu comentario viene fenomenal, porque así se completa la parte positiva de una actriz que, como he dicho, no es de mis favoritas. Pero quería aclarar que no tengo ningún prejuicio hacia Ginger Rogers por motivos políticos; sería absurdo, porque entonces también tendría que tenerlos contra Elia Kazan, John Wayne, James Stewart, Clint Eastwood y un largo etcétera. Muchas gracias por tus palabras y te devuelvo los saludos plumíferos :)













Hola Víctor.
Vaya por delante que soy un asíduo a “Plumas de caballo” y que celebro que se fomente desde espacios como éste el cine clásico, sobre todo cuando se hace con devoción y cariño, como es el caso. Pero también soy un enemigo acérrimo de los prejuicios, y aunque es verdad que siento antipatía por los conservadores en general y por los republicanos en particular, cierto es que un gran número de estrellas que nos han hecho amar el cine (desde John Wayne hasta Robert Duvall, pasando por Gary Cooper, Clint Eastwood y un largo etcétera) han pecado de “apolillamiento ideológico”, por decirlo alegremente. Y es que, como bien sabía el maestro Wilder, nadie es perfecto.
Aún a riesgo de resultar pesado, aprovecho para hacer una breve alabanza de la gran Ginger Rogers: No sólo fue una estupenda actriz (“El mayor y la menor”, “La muchacha de la 5ª Avenida” y “Ardid femenino” son sólo tres ejemplos entre otros muchos que así lo demuestran), además de una mujer de turbadora e irresistible belleza (lo reconozco, una debilidad entre otras muchas), sino que sobre todo logró la increíble proeza de seguirle los pasos a un genio como Fred Astaire de la manera más digna, más importante: sin convertirse en una diva. Lo de que fuera peor actriz que Astaire me parece bastante discutible, en cualquier caso los dos consiguieron formar una pareja mágica e imperecedera. Hasta aquí mi pequeño homenaje a la actriz, que no a la mujer, cuyos vicios y virtudes me interesan bastante poco. Un saludo sincero y mis más plumíferas felicitaciones.