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Oct

‘¿Ángel o diablo?’ (1945)

¿Ángel o diablo?

Si hoy fuera el 5 de diciembre de 1945 y estuviésemos en la piel de Dana Andrews, seguramente estaríamos tomando un café bien caliente en el bar de Pop, que nos miraría desde la barra con su habitual cara de preocupación. A nuestra izquierda habría un hombre de mal carácter, un policía obligado a vivir en aquel pueblo de mala muerte para no agravar sus problemas de salud. Al fondo del bar, una jukebox repetiría la misma canción una y otra vez: Slowly, interpretada con voz de barítono por Dick Haymes sobre la música de David Raksin. Y, en cualquier momento, todavía despeinada por el último achuchón de su amante, Stella haría acto de presencia para dejarnos de piedra con su altiva sensualidad.

Tan acogedora resulta la escena que plasmó Otto Preminger en la gran pantalla, que es inevitable empezar esta crítica con ella. Hablamos de la película ¿Ángel o diablo?, un título menor dentro del cine negro americano -también dentro de la filmografía de Preminger- pero rodado con muchísima elegancia y varios puntos de acidez.

La historia arranca con la llegada de Eric Stanton (Dana Andrews) a un pequeño pueblo de la costa Oeste. Arruinado y sin trabajo, utiliza sus dotes de relaciones públicas para ayudar a una pareja de farsantes que engaña al público en una sesión de espiritismo. Cuando éstos se marchan, Stanton decide alargar su estancia en el pueblo. ¿El motivo? La boquita de piñón de Stella (Linda Darnell), camarera del bar de Pop, con la que inicia una relación muy pasional. Pero ella está harta de sus continuos amantes; quiere a alguien que la saque de aquel tugurio, casarse y formar una familia. Stanton pierde la cabeza al saber que, sin dinero, no podrá tenerla; por eso se casa con la hija del ex alcalde y pide un poco de tiempo a Stella.

Bueno, ésta es una sinopsis breve del film; hay más subtramas, pero somos partidarios de dejaros con la miel en los labios para que os animéis a verlo.

Como decíamos, ¿Ángel o diablo? tiene la marca de fábrica de Preminger, una cuidada puesta en escena donde la fotografía de Joseph LaSelle y la banda sonora de David Raksin tienen mucho que ver. Por encima del solvente Andrews, sobresalen los andares de Darnell, lasciva y respondona. En particular destaca la secuencia del embarcadero, con una gran carga sexual que los dos amantes liberan mediante la agresividad. Mucho ojo también a la estrecha relación de las hermanas Mills y, sobre todo, al celo con que Clara (Anne Revere) trata a June (Alice Faye).

Pero decíamos también que es un título menor en la filmografía de Preminger, y eso es debido, sobre todo, al atropellado final que da toda la impresión de haber sido recortado en la sala de montaje. La resolución del enigma que aquí ni siquiera os hemos planteado (otro motivo para ver la película) no sólo es evidente, sino que además se produce sin la transición necesaria, a diferencia de los elaborados desenlaces de Laura o Cara de ángel. Para hacer la comparación oportuna, habría que leer la novela original, escrita por Marty Holland.

Lo mejor: Linda Darnell, es decir, Stella. O viceversa.
Lo peor: Su apelotonada fase final.
La frase: “Te necesito, Eric”. “Así es, me necesitas”. (Dana Andrews, respondiendo irónicamente a Alice Faye.)
Calificación: 7

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