28
feb

‘Cara de ángel’ (1952)

Cara de ángel

Cuentan que, durante el rodaje de Cara de ángel, Otto Preminger ordenó repetir varias veces una toma en la que Robert Mitchum debía abofetear con fuerza a Jean Simmons. El director creía que Mitchum no se estaba empleando con la suficiente dureza y éste se sentía cada vez más cohibido ante las marcas que sus manos estaban dejando en el rostro de Simmons. Así que al final Mitchum perdió los nervios, cogió a Preminger de la pechera y ¡zas!, le arreó una sonora bofetada seguida de su típico comentario sarcástico: “¿Así le parece bien?”

Por supuesto que Preminger montó en cólera y ordenó a Howard Hugues, mandamás de la RKO, que expulsara a Mitchum del rodaje de manera inmediata. Pero Hugues se puso de parte del actor; le caía bien y creía ver en él una especie de alma gemela. Así que Preminger tuvo que tragar. Por lo demás, la película se llevó a cabo sin mayores contratiempos.

Cara de ángel es una tardía obra de cine negro con algunos ecos de Retorno al pasado. Mitchum es Frank Jessup, un conductor de ambulancias incapaz de sentar la cabeza junto a su adorable novia Mary (Mona Freeman) que conoce y se enreda con una joven de alta sociedad, Diane (Jean Simmons). La chica se comporta de forma egoísta, escudándose en la represión que según ella ejerce su madrastra Catherine (Barbara O’Neil) con su querido padre, Charles (Herbert Marshall). Frank se da cuenta de lo peligroso que resulta estar junto a una niña mimada y paranoica, pero escapar de la telaraña le va a costar más de lo que puede imaginar.

Las aviesas intenciones de Diane quedan reflejadas desde el principio, cuando toca una melodía al piano y atrae los pasos de Frank, igual que las ratas siguieron al flautista de Hamelín. Desde ese momento, sabemos que la chica llevará a Frank por el mal camino. Sin embargo, a diferencia de la despreciable Jane Greer de Retorno al pasado, tengo que romper una lanza en favor de Diane, pues su amor no se basa en lo material, sino en el amor; un amor enfermizo y posesivo, de acuerdo, pero no por ello deja de ser un sentimiento.

Esta intensa relación a dos bandas de Diane (por un lado, protegiendo a su padre de la supuesta tiranía de su madrastra; por el otro, arrebatando a Frank de los brazos de su prometida, dando la cara y sin importarle que se la partan), se ve interrumpida por un episodio judicial que, sin ser perfecto, habría sido del agrado de Fritz Lang. En este paréntesis, crucial para el desarrollo de la historia, se cuestiona la validez del sistema legislativo, los jurados populares y la desmedida ambición de los abogados, mientras los protagonistas ven los toros desde la barrera, dejándose llevar en una especie de hastío prolongado, sensación irremediablemente unida al género del cine negro.

Interpretaciones correctas (mención especial para el agudo y sofisticado Herbert Marshall) para uno de los títulos más rentables de la RKO. En España tuvimos que esperar 30 años para verla porque la censura franquista entendía que Simmons era, cómo decirlo… Demasiado malvada.

Lo mejor: La perversa locura de Diane.
Lo peor: Que recuerde demasiado a otras grandes películas del género.
La frase: “¿Sabes? Eres un gran chico… Para ser una chica.” (Frank Jessup = Robert Mitchum)

Plumas de Caballo

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Comentarios

Chévere, me pareció estupensa. Son los clásicos que no pasan de moda. Actuaciones bastante naturales. felicitaciones por repotaje

Acá una página que habla del cine negro de Robert Mitchum.
Un saludo de Laura y enhorabuena por tus plumas de caballo
http://librosyaguardientes.blogspot.com/2011/01/de-cine-negro-con-robert-mitchum.html

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