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‘La mujer del cuadro’ (1944)
Teníamos pendiente un post sobre ‘La mujer del cuadro’ para cerrar el recuerdo a la actriz Joan Bennett con motivo de su centenario, así que vamos a saldar esa deuda cuanto antes. Estamos ante una de las mejores películas de Bennett; sin embargo, pongo en duda que también lo sea de su director, Fritz Lang. Creo que el vienés cuenta en su filmografía con obras más notables que ‘La mujer del cuadro’, donde recoge de manera soberbia los principales ingredientes de la atmósfera ‘noir’ pero donde también descuida el guión hasta convertirlo en un simple -aunque agradable- pasatiempo. Por eso me parece más interesante la película que cierra esta especie de díptico sobre las ‘femme fatales’, rodada al año siguiente bajo el título de ‘Perversidad’, en la que aparecen prácticamente los mismos actores y actrices protagonistas.
La sinopsis de ‘La mujer del cuadro’ nos traslada hasta una zona acomodada de Nueva York en la que los hombres de bien pegan una patada a sus esposas e hijos en cuanto se les presenta la oportunidad y se reúnen en clubes nocturnos para beber, fumar y charlar de lo divino y de lo humano. Esa es la principal afición del señor Richard Wanley (Edward G. Robinson), un almidonado profesor universitario que hace tiempo que ni siente ni padece, acostumbrado a una vida cómoda, sin sobresaltos pero, lógicamente, sin emoción alguna.
Una noche, al entrar al club, el señor Wanley se queda prendado de la mujer que aparece en el solitario cuadro de un escaparate. Se pregunta quién será la modelo y pierde la noción del tiempo, para mofa de sus colegas. Al cabo de unas horas, abandona el local con el sueño en el cuerpo -y unas cuantas copas- y decide echar un último vistazo a la mujer del cuadro. Mientras lo observa de nuevo con la boca abierta, la modelo real aparece a su lado. Resulta ser una chica ligera de cascos (Joan Bennett) que le convence para seguir la velada en casa. Lo que Wanley no sabe es que la chica tiene un amante que se presentará sin avisar e intentará estrangularle y que no tendrá más remedio que matarlo clavándole unas tijeras.
Como en otras películas como la impresionante ‘Furia’ (1936), Fritz Lang juega con la idea de un sujeto que siempre se ha regido según la ley pero que, en contra de su voluntad, se ve obligado a engañar a las autoridades para salvar su honor. Y como sucede habitualmente en el género negro, es una mujer quien arrastra al hombre honesto por la calle de la amargura, si bien la Joan Bennett de ‘La mujer del cuadro’ demuestra tener bastante más corazón que la manipuladora sin escrúpulos de ‘Perversidad’.
La investigación policial que rodea al crimen cometido por el señor Wanley consigue implicar al espectador en tanto que sabemos que el asesinato ha sido en defensa propia y eso nos despierta ciertas simpatías hacia él. Es probable que, si explicara lo ocurrido, y tratándose de un tipo sin antecedentes y de buena condición social, la condena no sería la silla eléctrica, ni mucho menos. Pero para Wanley hay algo peor y es que le acusen de adulterio, de que en el momento del crimen se encontrara en casa de esa vulgar desconocida. Por eso decide escurrir el bulto bajo la alfombra. En cualquier caso, su agónica situación transmite un desasosiego que crea esa sensación de malestar tan típica del cine negro, agraviada por la magistral banda sonora de Arthur Lange y los misteriosos juegos de sombras del fotógrafo Milton Krasner.
Entonces, ¿dónde se están los presuntos fallos de ‘La mujer del cuadro’, por qué no termina de convencernos? La respuesta es que, quizá, resulta demasiado obvia; sobre todo si descubrimos rápidamente la trampa que nos tiende Lang al empezar. Además, la investigación en sí esta llena de detalles tan lógicos que parece complicado que se le puedan escapar a un hombre tan inteligente como Wanley. Pero también tengo que decir que no me atrevo a criticar un guión firmado Nunnally Johnson y, sobre todo, que nunca he matado a nadie, así que no sé si podría reaccionar con esa torpeza o si todo me parecería tan obvio.
En fin, que por mucho que se quede un escalón por debajo de otras películas de Lang, ‘La mujer del cuadro’ es un manual de cine negro en toda regla: académica, angustiosa e, incluso, moralizadora. A ver si después de verla seguís echando en falta un poquito más de acción en vuestras vidas.
Lo mejor: Su brillante atmósfera fatalista.
Lo peor: Quizá -solo quizá- esos reseñados momentos obvios.
La frase: “Las calles se habían oscurecido con algo más que la noche” (Profesor Richard Wanley = Edward G. Robinson).
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Realmente es dificil elegir entre ambas películas. Tal vez me quedaría con Perversidad por esa escena donde la Bennett escondiendo el rostro en la cama, rie pareciendo que llora. Joan Bennett era una actriz realmente atractiva, muy apropiada como femme fatale, pero algo limitada artísticamente. De cualquier modo, La mujer del cuadro y Perversidad están como bien dices entre sus mejores trabajos. Su presencia siempre se agradece.
Saludos