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nov

‘Retorno al pasado’ (1947)

Robert Mitchum y Jane Greer

Aunque para muchos la cara de Robert Mitchum decía más bien poco y se le solía criticar por su escasa gestualidad, en realidad estaba llena de matices y resultaba perfecta para dos tipos de personajes: aquellos a los que les importaba un comino lo que tuvieras que decirles y aquellos que parecían condenados de antemano a un funesto final. En este segundo grupo se encuadra el rol que encarnó en Retorno al pasado (1947), una película absolutamente infravalorada dirigida por Jacques Tourner que, pasados los años, ha sido reconocida como lo que es: una de las cumbres del cine negro americano. Pero, ¿por qué? He aquí los motivos:

1. Por un guión elaborado que no deja cabos sueltos. El autor de la novela original, Daniel Mainwaring, fue también quien escribió la mayor parte del guión. La historia es compleja, incluye un largo flashback y puede ser complicada de seguir durante los primeros minutos, como ocurre con muchos films ‘noir’ de la época. Pero, poco a poco, todo va encajando como si fuera un perfecto rompecabezas, al que no le sobra ni le falta ninguna pieza. Todos (y digo bien, todos) los personajes que aparecen en Retorno al pasado juegan un papel decisivo en el desarrollo de la trama, aunque a veces puedan confundirnos como los McGuffin de Hitchcock. Se dice que Humphrey Bogart luchó por estar en el film, pero la Warner lo desestimó en beneficio de la RKO.

2. Por su inteligente uso de la fotografía. Todo el mérito para el italiano Nicholas Musuraca, que ideó un juego de luces y sombras tan atractivo que llega a formar parte del guión, representando, incluso, los estados de ánimo y la psicología de los protagonistas. Así, en una escena en la que Mitchum explica a su novia por qué le amarga tanto el pasado, él está en una penumbra fantasmal mientras ella, símbolo de la pureza y la honradez que ansía Mitchum, está bañada por una luz tan potente que casi la calificaríamos de celestial. Otro ejemplo sería la escena en que Mitchum besa a Jane Greer; el sol del amanecer se refleja en el mar y crea una atmósfera de ensueño que es una metáfora de su enamoramiento.

3. Por la maestría de Jane Greer como ‘femme fatale’. Hay una escena en la que Mitchum tiene una pelea con uno de los esbirros de Kirk Douglas. Lejos de intervenir, Greer se mantiene al margen con una mirada de placer y los labios entreabiertos: sabe que están peleando por ella y eso la excita. Greer encarna a una mujer sin escrúpulos capaz de llevar a la perdición a todos los hombres que se cruzan en su camino, de los que se sirve cuando lo necesita. En su comportamiento siempre hay una doble intención que te hace estar ojo avizor. Aunque creas tenerla dominada, sabrá cómo escabullirse porque no le importan las consecuencias con tal de salir adelante. Cuanto más acorralada, más peligrosa. De cada diez palabras que pronuncia, nueve son mentira. Y además, es hermosa.

4. Por su irresistible fragancia ‘noir’. Puede parecer una razón demasiado subjetiva, pero como exponente del cine negro que es, Retorno al pasado desprende los tópicos que hicieron irrepetible al género en los años cuarenta: diálogos lacónicos y afilados, violencia latente, muerte tras muerte, contrastes entre la inocencia del mundo rural (de nuevo personificada en la novia de Mitchum) y la diabólica ciudad, que corrompe a los personajes hasta hacerles cometer todo tipo de actos abominables. Como dice José Antonio Hurtado en el libro Gun Crazy (T&B Editores, 2005), la película provoca un “malestar general” difícil de expresar con palabras. A fin de cuentas, el gran cine es sentimiento.

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