oct
‘Suspense’ (1961)
Esta noche es Halloween, así que vamos a haceros una pequeña recomendación por si os vais a quedar en casa viendo la tele en lugar de salir a la calle disfrazados; una gran película que dirigió Jack Clayton en 1961 bajo el título original de The innocents, basada en una novela de Henry James, con guión adaptado de Truman Capote y con la señora Deborah Kerr al frente del reparto. Por supuesto no es un film de terror al uso, sino más bien de intriga o de suspense, como le gustó decir al traductor español, y está lleno de sutilezas que sí, dan miedo, sobre todo cuando el puzzle encaja su última pieza.
El inicio de la película ya reclama toda nuestra atención. Antes incluso de que salga el logo de la Fox, se proyectan 45 segundos en negro acompañados por una melodía infantil que suena tenebrosa. Poco a poco el negro se va difuminando y aparecen los títulos de crédito, pero nuestros ojos se van a la izquierda de la pantalla, porque allí están las manos suplicantes de Mrs. Kerr, orando, rezando por los inocentes. Fundido en negro. Arranca la historia.
Nos trasladamos al despacho de un aristócrata inglés del siglo XIX que busca a una institutriz que se haga cargo de sus sobrinos huérfanos. Él está muy ocupado con la vida pública y no quiere saber nada de ellos. Los niños viven en el campo, en una impresionante mansión rodeada de bosque, con la única compañía de la criada, la cocinera y el jardinero. La señora Giddens (Kerr) se presenta como candidata para la oferta de trabajo y se hace con el puesto. Inmediatamente, se traslada a la mansión y conoce a los encantadores mocosos Flora y Miles (Pamela Franklin y Martin Stephens).
A los pocos días de llegar, la señora Giddens empieza a tener alucinaciones: ve sombras en la torre principal, fantasmas cruzando los pasillos y oye extraños ruidos nocturnos que proceden del jardín. Para su sorpresa, tanto los niños como el servicio están acostumbrados a estos fenómenos y tratan de darle explicaciones lógicas que no la dejan satisfecha. Flora y Miles también se comportan de manera extraña y, tirando del hilo, Mrs. Giddens se entera de que, mucho antes de su llegada, en la casa tuvieron lugar terribles desgracias.
Sólo al final de la película se puede entender por qué da tanta dentera el angelical y puritano personaje interpretado por Deborah Kerr. Pero, hasta llegar a la conclusión, el film nos ofrece una buena retahíla de situaciones tensas, logradas por supuesto sin sangre ni vísceras esparcidas por el suelo, ni rompiéndonos los tímpanos con efectos de sonido. Nada (repito, nada) es gratuito; todo tiene su sentido y su explicación. Hay que poner los cinco sentidos en cada gesto y en cada palabra, tanto de los niños como de la señora Giddens. Es una película inteligente y atrevida, y en determinados momentos -sin querer quitar mérito a la novela de James, que no he leído- se nota bastante la mano de Capote.
Lo dicho, espero que paséis una feliz noche de Halloween y que os guste la recomendación de Plumas de Caballo. Para que no falte de nada, ya sabéis: sofá, mantita, castañas, panellets, boniatos y una calabaza en el alféizar de la ventana. Y nada de trampas: la luz, apagada. Como en Suspense.
Lo mejor: Los fantasmas (sobre todo ella) y los ataques de histeria infantil.
Lo peor: Que no se entienda la verdadera amenaza de la película.
La frase: Atentos al monólogo del niño Miles frente a una turbada Deborah Kerr.
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