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‘La mujer pantera’ (1942)
Este viernes 23 de abril se cumplieron 100 años del nacimiento de Simone Simon, una actriz menor dentro del cine clásico pero rodeada de un halo de misterio que la hacía fascinante. Nació en Béthune, al norte de Francia, pasó su infancia en Marsella y luego recaló en París, donde trabajó como cantante, modelo y diseñadora. No era muy alta (1,57 m.) ni extraordinariamente guapa: su limpio rostro estaba coronado por una nariz de patata. Pero tenía encanto y sabía cómo tratar a los hombres. Nunca se casó. El caballero que conseguía seducirla recibía como premio la llave de su apartamento, sin más. Tuvo romances con el compositor George Gershwin y con el agente doble Dusko Popov, y falleció en París el 22 de febrero de 2005, a los 94 años de edad.
En Plumas de Caballo queremos recordar la figura de Simone Simon con su película más popular: ‘La mujer pantera’. Este era el inicio de la segunda etapa de Simon en Hollywood, adonde había llegado por primera vez en 1937 contratada por la Fox. Luego regresó a París, trabajando para Jean Renoir en ‘La bestia humana’, pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial le obligó a cruzar de nuevo el charco. Esta vez fue la RKO quien se hizo con sus servicios.
‘La mujer pantera’ se enmarca dentro del ciclo de películas producidas por Val Lewton, legendario artífice de éxitos de terror, fantasía y serie B de la RKO, el cual tuvo una colaboración fructífera con Jacques Tourneur. En esta película Simone Simon interpreta a una joven serbia afincada en Nueva York: su nombre es Irena Dubrovna y está convencida de que desciende de un pueblo maldito que en su día hizo un pacto con Satanás. Dice la leyenda que las personas como Irena tienen una conexión muy fuerte con las panteras -animal impuro y feroz, según la Biblia- y que incluso pueden convertirse en ellas para atacar a sus enemigos. Por eso Irena ha renunciado al amor: no quiere entregarse a nadie porque sabe que no podría controlar sus impulsos felinos.
Sin embargo, un hombre logrará conquistarla hasta el punto de casarse con ella: el arquitecto de barcos Oliver Reed (Kent Smith). Oliver no cree en los absurdos cuentos serbios que le explica Irena y lo atribuye al hecho de sentirse sola en una ciudad tan grande como Nueva York, o quizá a algún trauma infantil del que la chica no ha logrado reponerse. Sea como sea, su amor es tan fuerte que no le importan las advertencias de su esposa. Pero el comportamiento de Irena se vuelve cada vez más extraño y adquiere tintes terroríficos cuando Oliver descubre que, en realidad, está enamorado de su compañera de trabajo Alice Moore (Jane Randolph).
Tourneur, a partir de un guión de DeWitt Bordeen, construye un relato en el que el terror se sugiere sin mostrarse. Es un trabajo de matices, de sutilezas. Irena se comporta realmente como una pantera -basta ver cómo se pasea ante las jaulas del zoo, cómo se acurruca frente al fuego, cómo se agarra al sofá cuando se siente traicionada y, claro está, cómo reacciona cuando es presa de los celos- pero la solución al misterio requiere de un posicionamiento por parte del espectador, que se ve inmerso en la permanente ambigüedad de la película.
Los momentos de tensión se consiguen con el fantástico juego de sombras de Nicholas Musuraca y la precisa banda sonora de Roy Webb, pero también con detalles como la repentina desaparición de la estatua del rey George o el escalofriante saludo de la mujer serbia del restaurante. Además, si en ‘Yo anduve con un zombie’ Tourneur nos metía el miedo en el cuerpo con el ruido de tambores lejanos, aquí se vale de los rugidos de las panteras del zoo que llegan a través de la noche, provocando el malestar de los vecinos y la calma de espíritu de Irena.
En fin, es inútil detallar todos los elementos que colocan a ‘La mujer pantera’ como una de las mejores películas de terror clásico de los cuarenta, a pesar de los lastres provocados por su bajo presupuesto: fallos en el montaje, actores de medio pelo -exceptuando a Simon- y una duración demasiado corta (71 minutos). Pero eso es también parte del encanto de un film que, por otro lado, fue un éxito de taquilla al recaudar más de 4 millones de dólares, cuando había costado 134.000. Dicen que hasta los críticos de los principales periódicos estadounidenses tuvieron que ver la película dos veces con el objetivo de rectificar las críticas que habían hecho la primera vez.
Lo mejor: Las escenas de tensión y las sutilezas felinas de Irena.
Lo peor: Los interludios amorosos.
La frase: “Puedes engañar a cualquiera, pero créeme, nunca podrás engañar a un gato. Ellos parecen saber siempre cuándo algo no va bien.” (Miss Plunket, dueña de la tienda de animales = Elizabeth Dunn).
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