19
Ene

‘La muchacha de Londres’ (1929)

Anny Ondra en La muchacha de Londres

A finales de los años veinte, los rumores de que el cine estaba a punto de sufrir una revolución habían cruzado el charco. En Estados Unidos habían oído la voz de un cantor de jazz e Inglaterra no quería quedarse atrás, aunque aún existían muchas dudas sobre la viabilidad del sonido. Finalmente, la British International Pictures dio un paso al frente y encargó a uno de sus directores aventajados, un tal Alfred Hitchcock, que insertara fragmentos sonoros en la película que estaba rodando. Se titulaba Blackmail y aquí la conocimos como La muchacha de Londres.

El orondo Hitchcock se tomó la noticia como un desafío. Le encantaba probar nuevas técnicas y el sonido era como un juguete por estrenar. Así que no se limitó a hacer lo que le pidió su productora, sino que fue más allá y creó una auténtica película hablada a partir del material mudo que ya había rodado, e incluso introdujo efectos para distorsionar y doblar las voces de sus protagonistas.

La muchacha de Londres se basaba en una obra teatral de Charles Bennett y tenía doble temática: el encubrimiento de un crimen y la presencia de un falso culpable. Como en futuras películas de Hitchcock, es una mujer quien precipita los hechos: Alice White (Anny Ondra), la novia de un agente de Scotland Yard, sube al apartamento de un pintor con el que empieza a tontear (Donald Calthrop). Cuando a Alice le invanden los remordimientos y decide marcharse, el pintor intenta violarla y ella, en defensa propia, lo mata clavándole un cuchillo. Alice escapa intentando borrar todas las pistas sin saber que su propio novio (John Longden) se hará cargo de la investigación y que un testigo la chantajeará.

A pesar de lo bien que aprovechó Hitchcock las posibilidades del sonido, las mejores secuencias de la película son mudas: se trata de las que protagoniza Anny Ondra en las horas posteriores al crimen, desde que sale de la habitación con el corazón en un puño hasta que llega a su apartamento tras deambular toda la noche por las calles de Londres, pensando en lo que ha hecho. Ondra era una atractiva intéprete checa con amplia experiencia en el cine mudo y que además tenía mucha confianza con Hitchcock, como se aprecia en esta prueba de sonido. Su trabajo en La muchacha de Londres es impecable; clava todos los gestos. Le tuvieron que prestar la voz para disimular su acento, pero eso no mermó en absoluto su papel.

Hay discusiones abiertas sobre si La muchacha de Londres fue el primer film sonoro de la historia del cine británico. Lo seguro es que fue el primero dirigido por Hitchcock, que apenas tenía 30 años pero ya dejaba su marca de fábrica.

Podríamos resaltar la escena del asesinato, en la que una cortina nos impide ver qué sucede, acentuando nuestra curiosidad de ‘voyeurs’, en la misma línea que la del diván, donde por el contrario vemos a Anny Ondra en casi todo su esplendor. Podríamos hablar también de la persecución final en el British Museum, impuesta por Hitchcock para darle al público un poco de acción, de los primeros planos intercalados o de las gotas de patriótico humor negro (ver la frase de más abajo). Podríamos hablar de todo eso y más, pero nos estaríamos perdiendo una gran película. Lo mejor es que la veáis cuanto antes.

Lo mejor: Su atrevimiento técnico y la muda Anny Ondra.
Lo peor: Su indecisión sonora puede resultar extraña.
La frase: “Utilizar un ladrillo me parece una forma muy poco británica de asesinar a alguien.” (Phyllis Konstam, la chismosa)

Plumas de Caballo

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Comentarios

¡Uix! ¡Yo diría que ésta la validé yo! ;P

La pregunta sería: ¿Cuál no has validado?

Me falta visionar gran parte de la época británica del maestro del suspenso. Esta parece ser una buena elección para comenzar a revisar las primeras obras de Hitchcock.

Saludos.

Fantomas, si puedes, tienes que verla. No es perfecta, pero no creo que te decepcione. Un saludo.

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