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may

‘El correo del infierno’ (1951)

El correo del infierno

No es Henry Hathaway el primer director que te viene a la cabeza cuando piensas en los westerns del cine clásico. Más allá de Valor de ley, que reportó el Oscar a John Wayne, el resto de su filmografía permanece en un segundo plano. Aquí tenemos un buen ejemplo: El correo del infierno. Una película sobria, llevada a cabo con los recursos justos y algunos atropellos en el guión, pero con la mano firme de quien demuestra llevar el cine en la sangre.

Toda la acción de El correo del infierno se desarrolla en una sola localización: una posta del correo que enlaza las ciudades de San Luis y San Francisco. Allí, en mitad de la nada, las diligencias cambian las mulas y los viajeros estiran las piernas y sacian su apetito. Un lugar desértico que es terreno abonado para los delincuentes. Tom Owens (Tyrone Power) se encarga de proteger a una viajera que se ha quedado en tierra (Susan Hayward) cuando corre la noticia de que unos asesinos andan por allí. Pero Tom es un joven torpe y cobarde, incapaz de dominar el rudo carácter de la mujer… Y tampoco es demasiado útil cuando los asesinos se presentan en la posta.

Aunque la historia empieza con el típico humor del Oeste al estilo John Ford, a los pocos minutos se suceden escenas realmente duras y violentas. Hathaway supo sacar partido de la excelente fotografía de Milton R. Krasner para que la soledad del lugar fuera una metáfora del estado en el que se encuentran los protagonistas, a los cuales hay que sumar, para mayor dramatismo, la presencia de una niña que apenas sabe andar. Y aunque Tyrone Power siempre me ha dado algo de tirria, reconozco que cuadra con el papel, con esa cara de héroe frustrado, un querer y no poder.

Mención aparte para el cuarteto de malhechores y las relaciones de poder que se tejen entre ellos, con un destacado Jack Elam encarnando al desequilibrado Tevis, violador en potencia, borracho, bravucón y feo, muy feo; con todas estas características, es imposible que no te ponga la piel de gallina. Como digo, solamente unos fallos del guión enturbian este humilde pero contundente western en el que la tensión (esos coyotes aullando, ese agujero en la pared, esos disparos al bebé) se corta con un cuchillo.

Lo mejor: El clima general obra de Hathaway y el rol de Jack Elam.
Lo peor: El guión a veces peca de ingenuo y otras, de superfluo.

Plumas de Caballo

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