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‘El zurdo’ (1958)
El término infravalorada se utiliza muy a la ligera cuando hablamos de cine clásico, pero a veces viene que ni pintado para calificar a una película que, por diversas razones, defrauda a millones de espectadores y cautiva a unos pocos miles. Un simple paseo por las principales webs de cine de Internet sirve para constatar que ‘El zurdo’ pertenece a esa clase de películas. Y ya en el primer párrafo de esta crítica os adelanto que, quien suscribe, se pone del lado de la minoría, de quienes defienden a capa y espada que este original western de Arthur Penn ha sido denostado de manera injusta desde el mismo día de su estreno en Nueva York: el 7 de mayo de 1958.
Tras foguearse en la recién inventada televisión, Arthur Penn asumió con ‘El zurdo’ la dirección de su primer largometraje. Era una historia que ya se había llevado antes a la gran pantalla, la del mítico forajido Billy El Niño y su polémico asesinato a manos del sheriff Pat Garrett. Para este rodaje Penn iba a contar con la flamante estrella juvenil del séptimo arte, un tal James Dean, pero éste murió cuando ya había aceptado encabezar el reparto. Se recurrió entonces a otro guapo actor, menos afectado a nivel interpretativo pero salido igualmente de las clases de Lee Strasberg: Paul Newman. Años después, Penn declararía que “Lee Strasberg arruinó a una generación entera de actores con su método de mierda”. Pero entonces tuvo que acatar la decisión de los productores.
Acercarse a la leyenda de Billy El Niño con rigurosidad es una empresa harto complicada, por no decir imposible, incluso hoy en día. Los datos de sus crímenes y de sus hazañas se han falseado de tal manera, existe tanta documentación contradictoria sobre uno de los personajes clave del Far West, que uno puede sospechar, en un ataque de negación, que Billy El Niño jamás existió. Es por ello que Penn decidió rodar ‘El zurdo’ con libertad absoluta en el fondo y en la forma, sin ataduras históricas que le sólo le aportarían una fiabilidad relativa. Y creo que acertó de pleno.
Ahora bien, igual que Penn abominaba el método Strasberg, él también debió reconocer que su estilo en la dirección se alejaba bastante de los clásicos como John Ford. La influencia televisiva se dejaba sentir ya en una fecha tan temprana como 1958 y así se refleja en ‘El zurdo’. Hay ejemplos a puñados: la inusitada violencia de algunas escenas, el comportamiento instintivo de los personajes, el ritmo discontinuo de la narración, el empleo del zoom para agudizar el dramatismo, los acusados primeros planos, las estudiadas muertes, el acoso sexual… Sin duda, Penn ya pertenecía a otra época, la de los directores que nacieron con un tubo catódico bajo el brazo.
Por otro lado, los detractores de ‘El zurdo’ arguyen que la interpretación de Paul Newman es histriónica, plagada de los tics del Actor’s Studio, que es poco probable que Billy El Niño se comportara así realmente. Pero ya hemos dicho que la realidad de Billy El Niño hay que cogerla con pinzas. ¿Por qué no dotarle de una personalidad nunca antes plasmada en el cine? ¿Por qué no mostrarle como un niño de 33 años con un evidente desequilibrio emocional que le hace fluctuar de la depresión absoluta a la más inmensa de las euforias en cuestión de minutos? Puede que Newman entorne los ojos más de la cuenta o fuerce su expresión cuando el guión le aconseja serenidad. Pero era muy complicado tejer los matices de este Billy El Niño cocinado por Arthur Penn, y Newman logra que nos lo creamos; es más, convierte en veraces las enseñanzas de Lee Strasberg.
También he leído algunas críticas contra los actores secundarios. Es verdad que a Pat Garrett (John Dehner) le falta un hervor, pero en mi opinión tanto los amigos de Billy como los demás personajes están sensacionales, comportándose frente a la cámara con sorprendente naturalidad. Mención especial para Hurd Hatfield en el papel de Moultrie, ese tipo de ademanes británicos que esconde un puñal tras su sonrisa de estafador. Y también para ese par de viudas enlutadas que bien podrían haber salido de alguna futura película de Sergio Leone. Con ellas se convence uno de que ‘El zurdo’ es diferente, descarnada y brutal. Que es lo mismo que decir que es un peliculón de cinco estrellas… o de cinco Plumas de Caballo.
Lo mejor: El conjunto en sí, obra y gracia de Arthur Penn.
Lo peor: Ok, algún histrionismo de Paul Newman.
La frase: “¡Ellos me han matado con esa amnistía!” (Billy El Niño = Paul Newman).
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No la he podido ver o talvez no la recuerdo.. pero lo que afirmas me parece lo justo y acertado. Personificar este tipo de “delincuentes” es bastante arriesgado porque no siempre se complace al público. Por ejemplo tenemos a Marlon Brando quien también hizo este tipo de personajes… y sin embargo salió airoso, no porque era Brando.. A lo mejor se pensó que si lo hubiera encarnado James Dean habría sido mejor!