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‘Horizontes de grandeza’ (1958)
Horizontes de grandeza fue uno de los pocos westerns que dirigió William Wyler en toda su carrera. Y como indican tanto su título español como el original -The big country-, lo rodó a lo grande:, con estrellas de primer nivel en el reparto, vistas espectaculares de la desértica Arizona, música épica y un alto componente dramático extraído de la novela de Donald Hamilton.
Como haría poco después en Matar a un ruiseñor, Gregory Peck encarna a un personaje pacifista por naturaleza. En esta ocasión es Jim McKay, un marinero que quiere asentarse definitivamente en tierra y formar una familia con la que vivir el resto de sus días. Siguiendo la pista de una chica con la que tuvo una aventura en Baltimore, Jim llega hasta un pequeño pueblo rural del Oeste para casarse con ella, Patricia Terrill (Carroll Baker).
La llegada de Jim es acogida de buen grado tanto por Julie como por su padre, el major Henry Terrill (Charles Bickford). Sin embargo, el forastero no sabe que su nueva familia está enfrentada a muerte con otra que vive exiliada a pocas millas de allí, comandada por el orondo Rufus Hannassey (Burl Ives) y su hijo Buck (Chuck Connors). Los Terrill presentan a los Hannassey como unos violentos vecinos a los que se debe exterminar, pero Jim se dará cuenta de que las razones de ambos bandos son estúpidas y será cada vez más reticente a casarse con la belicosa Patricia.
Para redondear un guión perfecto, hay que añadir la presencia de Charlton Heston como Steve Leech, mano derecha del major Terrill, que está enamorado de Patricia y por ello considera a Jim un enemigo tan despreciable como los Hannassey, además de apocado. Y también a Jean Simmons en el papel de Julie Maragon, la maestra del pueblo que vive con los Terrill y se convierte, poco a poco, en la confidente de Jim. Julie es propietaria de unas tierras codiciadas por las dos familias, ya que posee una de las pocas reservas de agua que hay en la región.
En definitiva, un culebrón. Pero un culebrón muy interesante, dirigido con tacto y paciencia, a pesar de los continuos enfrentamientos que mantuvieron Wyler y Peck durante el rodaje, que llevaron al director a declarar ante la prensa: “Jamás volveré a rodar con Greg. Pueden citarme.” Horizontes de grandeza es un western para ver tranquilamente, para recrearse en los paisajes y en la profundidad de los personajes, y para susurrar al tiempo que Peck: “Y bien, ¿qué hemos demostrado?”
Lo mejor: La dirección de Wyler y el guión, por encima de otras muchas virtudes.
Lo peor: Puede hacerse pesada.
La frase: “Patricia, ¿cuántas veces tiene que conquistarte un hombre?” (Julie Maragon = Jean Simmons)
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Me gusta la escena en la que preguntan a Gregory Peck que si había visto algo tan grande como las tierras que le está mostrando y él contesta: “Soy marino”. Aunque sospecho que no llega a comprenderle.