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feb

‘Johnny Guitar’ (1954)

Johnny Guitar

Fue a principios de 1953 cuando Joan Crawford compró los derechos de la novela de Roy Chanslor ‘Johnny Guitar’. Sabía que en esas páginas había material de primera para rodar una película y que ella sería la protagonista perfecta. Con esta condición cedió los derechos a la Republic Pictures, que otorgó el papel de villana a Mercedes McCambridge; Crawford pataleó como protesta -ella prefería a la dócil Claire Trevor- pero tuvo que conformarse. Nicholas Ray fue elegido director y Sterling Hayden encarnó al hombre de la guitarra. El resultado fue un western atípico, con una trama tan enrevesada y oscura como la de un ‘film noir’ y algunas escenas y diálogos que son puro melodrama.

El excelente guión de Philip Yordan nos pone en situación con una larga y tensa primera secuencia en la que se van poniendo las cartas sobre la mesa, a menudo con insinuaciones y sutilezas muy bien trabajadas. Joan Crawford interpreta a Vienna, una mujer que, después de innumerables sacrificios -más adelante deja claro que ha tenido que abrir sus piernas a medio Far West para ganar el dinero que posee- ha conseguido abrir un casino en una zona desértica, a priori sin futuro alguno; pero Vienna sabe que en pocos meses llegará la vía del ferrocarril y que alrededor de su negocio florecerán miles de hogares. Mientras tanto, sus placeres son escuchar el sonido de la ruleta girando y olfatear los platos que prepara el viejo Tom (John Carradine) en la cocina.

Pero Vienna no es querida en estas tierras. Su presencia se ve como una amenaza para quienes ostentan el poder y, además, es acusada de colaborar con una banda que asalta diligencias cerca de la nueva ruta del ferrocarril. En su contra juega el hecho de que tuvo un romance con uno de los presuntos criminales, Dancin’ Kid (Scott Brady).

No hay pruebas concluyentes que la puedan enviar a la horca, pero tampoco tiene la seguridad de que no se las inventarán (¿otra alegoría de la caza de brujas?). Sabe que necesita protección y por eso se pone en contacto con un hombre recién salido de la cárcel, un tipo introvertido, de pocas palabras, alto como una torre y con una guitarra colgando de sus anchas espaldas. Aunque no lleva ningún arma, Vienna sabe de lo que es capaz. Ninguna mujer le ha conocido tan profundamente como ella.

Johnny Guitar

Vienna domina la situación desde lo alto de la escalera, pistola en ristre, cuando una odiosa vecina llamada Emma Small (Mercedes McCambridge) se presenta en el local acusándola de colaborar en el asesinato de su hermano. Emma arrastra consigo a todo el pueblo, tanto en ésta como en las escenas sucesivas. Impresionan los encuadres de Nicholas Ray, con esa marea negra de cobardes que tanto recuerda a ‘Incidente en Ox-Bow’. El duelo verbal entre las dos enemigas pone los nervios a flor de piel. Es posible que a ello contribuyera el hecho de que McCambridge -como tantas otras actrices- no tragaba a Crawford; claro que la admiración era mutua, pues se dice que Crawford llegó a desperdigar el vestuario de McCambridge por una carretera de Arizona y el resto del equipo tuvo que recuperarlo.

La gran beneficiada de toda esta tensión es, por supuesto, la película. ‘Johnny Guitar’ se ve sin pestañear, tanto por sus logradas escenas de acción -a pesar del bajo presupuesto que le asignó la Republic- como por esos diálogos contundentes. Todo el mundo destaca -y no seré yo quien se salga de esta opinión- el encuentro nocturno entre Vienna y Johnny, dotado de una intensidad melodramática de primer nivel. A ello hay que sumarle una banda sonora extraordinaria compuesta por Victor Young y un puñado de secundarios de lujo como John Carradine, Ward Bond, Ernest Borgnine y Royal Dano tan desarrollados como los personajes principales. No hace falta decir que las interpretaciones de todos ellos son fantásticas, en particular la de una Mercedes McCambridge que demuestra por qué 19 años después sería elegida para poner la voz a la niña poseída de ‘El exorcista’.

En definitiva, un western de cinco estrellas -o de cinco plumas, en este caso- que dejará en tu retina por mucho tiempo las llamas de un incendio recortadas en la noche más negra y dos sogas vacías colgando de una rama.

Lo mejor: La definición de los personajes, el guión y la banda sonora.

Lo peor: La fotografía hace un poco de daño a la vista en determinadas escenas.

La frase: “Ahí abajo vendo whisky y juegos de cartas. Todo lo que podréis comprar aquí arriba es una bala en la cabeza. ¿Qué preferís?” (Vienna = Joan Crawford).

Plumas de Caballo

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