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Vascos superdotados en ‘El desfiladero de la muerte’ (1958)

Aunque mi admiración por el cine clásico de Hollywood es infinita, a veces no puedo evitar sentir vergüenza ajena cuando me encuentro con cosas como ésta.

Estados Unidos se ha interesado poco o muy poco por la diáspora vasca, excepto alguna referencia de John Steinbeck en ‘Al este del Edén’. Es una lástima, porque fueron muchos los vascos que cruzaron el charco a finales del siglo XIX para establecerse en el Medio Oeste y que sufrieron verdaderas penurias para adaptarse a un nuevo mundo en el que eran considerados inferiores (entre otras cosas porque se empeñaban en pastar con ovejas); ejemplo de ello es el documental ‘Amerikanuak’, que se acaba de estrenar y que espero ver en cuanto lo distribuyan por Barcelona.

Ahora bien, para hacer bodrios tan surrealistas como la película de la que os voy a hablar, mejor no hacer nada. Corría el año 1958 cuando a Russell Rouse, director y guionista que (¡pásmense!) estaba a punto de ganar el Oscar por el libreto de ‘Confidencias a medianoche’, se le ocurrió la genial idea de escribir un western protagonizado por vascos. En su cometido le ayudaron (que quede claro) otros tres hombres: James Hill, Stewart Stern y Guy Tosper, aunque la dirección fue exclusivamente de Rouse. Hasta aquí, nada que objetar. Y menos aún sabiendo que el reparto estaría encabezado por los solventes Jeff Chandler y Susan Hayward, que la Paramount se haría cargo de la distribución o que un maestro como Stanley Cortez ejercería de director de fotografía.

‘Thunder in the Sun’ (rebautizada en España como ‘El desfiladero de la muerte’) trata sobre una caravana de vascos que, huyendo de las guerras napoleónicas, intenta establecerse en los verdes prados de California para dedicarse al tranquilo oficio de la vendimia. Por el camino se encuentran con unos soldados estadounidenses y les ayudan a combatir a los indios… a pesar de que el jefe de la caravana, un tal Pepe (Jacques Bergerac), está celoso de que el teniente Bennett (Chandler) se haya enamorado de su novia, Gabrielle (Hayward). Señoras y señores, el esperpento está servido.

Para empezar, los vascos de ‘El desfiladero de la muerte’ no hablan euskera, ni francés: se comunican entre ellos mediante el irrintzi, un “grito de guerra” que también les sirve para mostrar alegría o para avisar de un peligro, con una precisión en el mensaje que ni el código Morse. Además, estos nobles vascos tienen una elasticidad y una capacidad de salto que para sí hubiera querido el mejor Michael Jordan; bailan sevillanas como si por ellos corriera la sangre andaluza; y convierten un deporte inofensivo como la cesta punta en un entrenamiento militar que les hace ganar todas las batallas.

En el vídeo de arriba se recopilan las mejores escenas de ‘El desfiladero de la muerte’, y también os dejo el enlace a la crítica que publicó Howard Thompson en ‘The New York Times’ el 9 de abril de 1959, es decir, al día siguiente de su estreno. Impagable documento.

Vía | AupaAthletic

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Comentarios

¡Victor, esta película es todo un descubrimiento! No sabes lo que he disfrutado y lo que me reído… con estos vascos geniales. No sé qué me ha gustado más si la pelota vasca como arma de guerra, si esos gritos que ni los de Tarzán o los saltos tipo Matrix. Pero sin duda lo que más me ha emocionado -de saltarseme las lágrimas- es la frase de: no conocéis a los indios. No, los indios no conocen a los vascos. ¡Esta película es todo un documento de lo insensato!y por eso tiene cierto encanto.
Besos y gracias
Hildy

Nunca vi el filme, creo que no hubiera soportado más de una hora esos espantoso gritos, sin embargo el video me resultó divertidísimo. creo que hollywood perdió la oportunidad de haber hecho una versión que se llamara “donde está el vasco” con el gran leslie nielsen, hubiera estado de locura.

A mí me hizo gracia la película tal vez porque no me la tomé en serio.
Lo que ocurre es que la gente de Hollywood son unos paletos ignorantes y no es la única vez que eso ocurre no sólo con España, el País Vasco o Cataluña sino con el resto del mundo. Recuerdo una cosa llamada “The Bobo” con Peter Sellers que pasaba en Barcelona, ambientada como un patio andaluz, y la gente iba por la calle bailando fandangos.
¿Y que me dices de “Noche y dia” con unos sanfermines en Sevilla?
Por cierto, el primer papel de Harpo Marx en una película muda (la única en la que hablaba) “Too many kisses” hacía de vasco… Creo que en mi blog puse fotos.

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