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abr

‘Al este del edén’ (1955)

James Dean

Tenía pendiente ver Al este del edén, la película dirigida por Elia Kazan que supuso la irrupción de James Dean en el cine a raíz de su estreno, el 10 de abril de 1955. Pero antes de lanzarme a por el DVD, quería leer la novela original de John Steinbeck. Y desde las primeras páginas comprobé que aquella historia era demasiado grande para ser llevada con éxito a la gran pantalla. Era imposible abarcarlo todo y por eso me ha parecido buena la solución de Kazan y sus guionistas (de hecho, le pareció buena al propio Steinbeck, así que no tengo derecho a quejarme).

La novela arranca en el valle de Salinas, California, y además de ser una preciosa descripción del lugar, también es una rigurosa narración sobre el proceso de expansión de los americanos hacia el inhóspito territorio del Oeste, con la ironía y autocrítica que Steinbeck ya plasmó en Las uvas de la ira. A finales del siglo XVIII, dos familias conviven en un paraíso rodeado de soledad: los Hamilton y los Trask. Tras varios episodios violentos, cómicos y dramáticos, y algunas reflexiones filosóficas sobre el sentido de la vida y el papel de las religiones, la acción se traslada a la capital.

Es aquí, en la ciudad de Salinas, donde se sitúa la película de Kazan. Por tanto, es lógico que uno se decepcione al ver que han mutilado la primera mitad del libro. Pero, pensandolo fríamente, habría sido un proyecto demasiado arriesgado y desde luego inabordable en una sola película. Así que la solución del director turco me parece acertada: centrarse en la etapa urbanita de los Trask y dar pequeñas pinceladas del pasado que los lectores comprenderán mejor que nadie, pero que cualquier otro espectador podrá seguir sin problema. Al fin y al cabo, una adaptación es eso, una adaptación; las copias literales suelen salir malparadas.

Como decíamos, ésta fue la primera de las tres películas que encumbraron para la eternidad a James Dean. Se necesitaba un alma rebelde y atormentada para encarnar a Cal Trask, el hijo convencido de que el diablo habita dentro suyo igual que habitaba en su madre, Kate (Jo Van Fleet, ganadora del Oscar). Cal toma el protagonismo del film con mucha más claridad que en la novela; asistimos a sus continuos intentos por integrarse en la sociedad hipócrita que le rodea y, sobre todo, por contentar a su decepcionado padre, Adam (Raymond Massey), que siempre ha tenido predilección por el bíblico hijo ‘bueno’: Aron (Richard Davalos).

Los estallidos de furia de Dean son memorables, en particular la secuencia del hielo y la del dinero (sin entrar en detalles, para no chafaros nada). Pero es que Kazan, experto en adaptar la literatura al cine, tenía media faena hecha con las palabras de Steinbeck y su construcción de los personajes. Dean está mucho mejor que en Rebelde sin causa, pese a sus excesos, y uno puede entender la conmoción que debió causar entre las chicas. Pero tampoco Aron es un personaje plano, ni me olvido de esa Julie Harris que encabeza los créditos como la adorable Abra y que tanta importancia tiene en el desarrollo de la película.

Si tenéis dudas, os aconsejo que hagáis lo mismo que yo: libro y película. Si os da pereza el libro, os lo perdéis, pero os emocionaréis igualmente; seguro.

Lo mejor: La dirección de Kazan, el respeto por la obra de Steinbeck y los actores.
Lo peor: Que no salgan dos personajes entrañables de la novela: Samuel y el chino, Lee.
La frase: “Todo hombre tiene una oportunidad. Y es esa oportunidad la que le hace hombre.” (Cal Trask = James Dean).

Plumas de Caballo

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