13
jun

‘Heaven & Hell to play with’, todos los secretos del cazador

Gracias a Gloria, gran estudiosa de la vida y obra de Charles Laughton, me enteré de la existencia de Heaven & Hell to play with, un libro de Preston Neal Jones que explicaba todos los entresijos de La noche del cazador. Por supuesto no había forma de encontrarlo en España, así que tuve que esperar unas semanas para que cruzara el Atlántico y otras cuantas para poder leerlo; mis profes de Inglés estarían orgullosos. Pero el esfuerzo ha merecido la pena.

Jones escribió el libro en 2002 basándose en entrevistas realizadas al equipo técnico y artístico de la película, pero también ayudándose del material filmado que se quedó en la sala de montaje y que, hasta la fecha, sólo puede verse en la Universidad de California. Ocho horas de tomas, escenas eliminadas, variaciones de diálogos y anécdotas del reparto que podemos reproducir en nuestras cabezas durante 400 páginas, a la espera de que alguna distribuidora las incluya en una edición en DVD que sea como Dios manda (nunca mejor dicho).

Como es lógico, el hilo conductor del relato es Charles Laughton. Es digna de elogio la obstinación de este hombre por llevar adelante su proyecto y, de paso, es aún más digno resaltar la injusticia que se cometió al no dejar que nunca más pudiera dirigir una película. Porque si La noche del cazador ha pasado a la historia del cine y es considerada una obra de culto, es por la mirada de Laughton a través de la cámara. Un hombre de talento que, en contra de la leyenda popular, se portó muy bien con los niños protagonistas (aunque intuyo que la niña no era muy de su gusto) y se dejó aconsejar por fotógrafos, diseñadores de producción y músicos. En este sentido, había algo de inseguridad en el comportamiento de Laughton, y es normal si tenemos en cuenta que era su debut.

Los testimonios se suceden como si estuviéramos viendo el típico documental ‘making-of’. Hay declaraciones de Davis Grubb, el autor de la novela original, en general muy conforme con las ideas de Laughton. Asistimos a la locura de James Agee, que escribió un primer guión tan grueso como las páginas amarillas y acabó sus días aullando a espectros que sólo veía él. Por supuesto está Robert Mitchum, el cazador, satisfecho de la admiración que le profesaba su director y que era del todo recíproca, aunque le costara reconocerlo. Y también Hilyard M. Brown, el genio que diseñó esos escenarios tan mágicos y minimalistas, o Stanley Cortez, el más crítico con los métodos de Laughton, a pesar de lo cual fotografió un increíble universo en blanco y negro.

En fin, son muchas las anécdotas que podríamos enumerar, pero tampoco es plan de destripar el libro. Si acaso, en el futuro, iremos desgranando poco a poco los métodos de trabajo de Laughton, la composición de las escenas, la interpretación de los protagonistas. También lo que vino después, la poca repercusión de su estreno y el posterior (aunque tardío) ascenso a los altares del séptimo arte. De momento, ¿qué tal si os cuento de nuevo la ancestral lucha de la mano derecha y la mano izquierda?

PD. Hace unos días vi el remake de La noche del cazador, una versión televisiva protagonizada por Richard Chamberlain que se estrenó en 1991. Iba a dedicarle un post, pero sería imposible condensar ahí toda mi ira… Así que mantendremos la sangre fría. Sólo diré que Chamberlain no da miedo, da dentera.

En Plumas de Caballo:

- ‘La noche del cazador’: por una edición digna, en DVD o Blu-ray

Tags: , , , , , ,

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

Hola Victor, disculpa el retraso con el que llego a este post. Me alegro de que disfrutaras de la recomendación. Respecto a los niños, es inevitable que Laughton (como cualquier otro director) tuviera más dificultad al dirigir a una niña de cuatro años que a niños y niñas más mayores. Pero de la dificultad en manejar niños, a comérselos crudos como prácticamente asegura la leyenda urbana, hay un mundo. Y los testimonios de la gente presente suelen coincidir en el tacto y la amabilidad con la que Laughton dirigía a la pequeña.

Una de las cosas que más me gustan del libro es esa visión caleidoscópica que ofrecen los diferentes entrevistados, y que pese a no estar de acuerdo con Laughton en puntos concretos (verbigracia el montador R. Golden sobre la inclusión de la escene del linchamiento o D. Grubb sobre la comicidad del predicador-coyote en el sótano) son bastante positivos en general sobre su experiencia en el film y su trabajo junto a Laughton, a quien no santifican pero evidentemente admiran y consideran a uno de los mejores directores con los que han trabajado.

Respecto a los desacuerdos con Cortez, ¿me podrías refrescar las páginas en las que se menciona eso? De mi lectura, recuerdo a Cortez como el más entusiasta de los colaboradores de Laughton, e incluso llega a definir su relación amistosa/profesional como “mental intercourse”

Hola Gloria! Ahora que has mencionado a R. Golden (cosa que yo no hice en el post), quizá lo confundí con Cortez. Tengo el libro prestado, así que cuando lo recupere, volveré a repasarlo. Un saludo.

Victor, si que se trataba de Golden, y no de Cortez. Cortez, no tiene más que buenas palabras para el actpr-director, por quien siente un evidente afecto. Tu fíjate que lo primero que hace Laughton antes de empezar a trabajar en la película es pedirle a Cortez que le de una “clase” sobre su trabajo: tipos de pelícua, cámaras, objetivos, etc… es una manera de A) documentarte para el trabajo que vas a emprender y B) de paso reconocerle al director de fotografía que él es el que conoce su oficio (mejor que el director), y que no es tanto un subordinado como un colaborador.

En este aspecto, el inicialmente refractario Golden también acaba por sucumbir al encanto de Laughton (gracias a una memorable frase del actor). Pese a que Golden discrepe en ciertos aspectos sobre el resultado final del film. Pero como en el caso de Cortez, es obvio que Laughton respeta el trabajo de Golden como montador… Fíjate en la poco usual petición del director de pedirla al montador de estar presente durante el rodaje: norrmalmente el montador no hubiera tenido contacto con el material hasta que la película llegara a su sala de montaje, pero Laughton quería que Golden fuera testigo de la génesis de esos fotogramas que más tarde iba a montar. Creo que es una iniciativa inusual, pero que sin duda a yudaría al montador a tener una mayor visión de conjunto (por no hablar de sentirse como parte de un equipo y no como mero “encargado” de área)

Escribe un comentario

(requerido)

(requerido)