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‘Las estrellas de Hollywood por Peter Bogdanovich’
Peter Bogdanovich es un actor, guionista, productor y director de cine que rozó el Oscar en 1971 con La última película, un drama basado en la novela de Larry McMurtry que protagonizaron Timothy Bottoms, Jeff Bridges, Cybill Shepherd, Ben Johnson, Cloris Leachman y Ellen Burstyn. En otras ocasiones ha tenido la fortuna de dirigir a Barbra Streisand (¿Qué me pasa, doctor?, 1972), Audrey Hepburn y Ben Gazzara (Todos rieron, 1981) o Carol Burnett y Michael Caine (¡Qué ruina de función!, 1992). Recientemente le hemos visto encarnar al doctor Elliot Kupferberg en 15 episodios de Los Soprano.
Pero, además, Peter Bogdanovich es un mitómano… Y un cotilla. Nacido en 1939, llegó a Hollywood justo cuando el sistema de estudios empezaba a resquebrajarse. Asistió al relevo que las hornadas del Actor’s Studio dieron a los intépretes clásicos y se entrevistó y forjó amistades con unos y con otros. Como si de un fan cualquiera se tratara, recopiló autógrafos, fotos, grabaciones, charlas a la hora del té y copas a altas horas de la noche. Y de vez en cuando nos obsequia con esas experiencias a través de libros y documentales. De ahí lo de cotilla… Pero bendito cotilla.
Las estrellas de Hollywood por Peter Bogdanovich ofrece una visión amable, sesgada y a menudo presuntuosa sobre los contactos que el director mantuvo con actores y actrices del periodo clásico, desde Lillian Gish hasta John Wayne, pasando por Jack Lemmon, Dean Martin, Sal Mineo o Marilyn Monroe. Bogdanovich no duda en tirarse flores de vez en cuando y nos pone los dientes largos cada dos párrafos. Pero es eso lo que esperamos encontrar: detalles íntimos de las estrellas que, sin caer en el mal gusto, nos ayuden a comprender que eran de carne y hueso. Y es eso lo que hace al libro tan adictivo.
Saltando de una entrevista a otra, sin necesidad de seguir el orden de los capítulos, podemos meternos en la piel de Bogdanovich y contemplar la entereza con que Humphrey Bogart asumió el fin de sus días; la tristeza de Montgomery Clift cada vez que miraba una de las películas en las que su rostro aún no se había desfigurado por aquel maldito accidente; o la humanidad de James Stewart, plasmada en los titubeos de sus oraciones.
Todo ello gracias a las anécdotas que nos cuenta en plan confidente el cotilla de Bogdanovich. Por ejemplo: que Marlon Brando pisó una mierda de perro justo después de firmarle un autógrafo; la ovación que recibió Boris Karloff tras recitar de memoria un larguísimo monólogo, durante el rodaje de una película; la manera que tenía Stelle Adler de ridiculizar a sus alumnos de interpretación y, a la vez, llevarlos por el camino correcto.
Lo dicho, un libro imprescindible para todos los mitómanos del cine clásico.
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