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jun

Llegan las escandalosas y lascivas memorias de Errol Flynn

Errol Flynn

“Vivir he vivido muchísimo, como un glotón comiéndose el mundo, y no creo que sea egolatría sugerir que pocos de los que han vivido en este siglo han tragado más mundo que yo. En el mar, en su fondo, en el aire, en todas las partes de casi todas las tierras, yo no he ido en busca de fama o fortuna, sino de la vindicación del acto de vivir.”

Estas palabras fueron escritas por Errol Flynn en su autobiografía, Aventuras de un vividor, poco antes de morir de un ataque al corazón el 14 de octubre de 1959, con apenas 50 años. Ha tenido que pasar medio siglo para que esas apasionantes memorias lleguen a España, como casi siempre gracias al sello de TB Editores, que la incluye en su valioso catálogo Cinemitos por un precio de 24 euros.

Decir apasionante cuando nos referimos a una estrella del Hollywood clásico puede parecer un simple tópico, pero es que tratándose de Errol Flynn, está plenamente justificado. Nacido en la lejana Tasmania, se buscó la vida como boxeador, buscador de oro, militar y marino mercante, antes de entrar a formar parte de la fábrica de los sueños. Y cuando lo hizo, no se dejó domesticar en sus películas de aventuras, ni permitió que ningún doble se arriesgara por él en las escenas más peligrosas: “Maldita sea, me decía, no quiero ser un farsante.”

El País ha ofrecido este fin de semana un adelanto del libro con un reportaje titulado, de manera acertada, El sexo de Errol Flynn. Porque cualquier aficionado al cine clásico sabe que Flynn tocaba el piano con el pene (o eso dijo Marilyn). Porque sedujo a decenas de mujeres tras las cámaras, una por cada país que visitaba, hasta en España, adonde vino para mostrar su apoyo a la causa republicana, en la primavera de 1937 (no os perdáis el artículo de La Vanguardia). Porque estuvo casado tres veces, porque fue polígamo o porque escondió una serpiente en las bragas de Olivia de Havilland. El caso es que la lascivia siempre fue asociada al apellido Flynn, y él no se arrepintió nunca de seguir sus impulsos.

Murió solo, víctima del alcohol y las drogas, en la ciudad canadiense de Vancouver. Pero le quedaron fuerzas para escribir estas memorias que por fin tenemos la oportunidad de leer al otro lado del charco y que algún día comentaremos con más detalle en Plumas de Caballo.

Vía | El País

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Comentarios

Hola.
Ya era hora que editaran en español este libro del gran Flynn. Espero que reediten el clásico de David Niven pronto, porque la edición antigua era penosa. Traigan los caballos vacíos es uno de los mejores -y más hilarantes- libros sobre y de la fábrica de sueños.
Felicidades por la bitácora.

Semejante vida debe ser bastante entretenida de leer.

Saludos!

Hola,
¿Se trata de “My Wicked, wicked ways”? Si es así, ya se editó hace años (a finales de los 70, creo) en castellano, con el título de “Gallardo y calavera”… Pero las reediciones son siempre bienvenidas.
Flynn ya no estaba físicamente para muchos trotes, así que le contó a Earl Conrad un buen puñado de historias dignas de cualquiera de sus películas (si el Código lo hubiera permitido); algunas de sus peripecias pre Hollywood son bastante dudosas, pero entre lo que cuenta y lo que deja de contar se dibuja perfectamente su carácter.
Saludos

Hola Caveat Emptorium,
Efectivamente, creo que hablamos del mismo libro. Ignoraba que ya se había editado en España, en cualquier caso, como dices, su reedición es una gran noticia.
Saludos!

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