25
sep

Fumar era un placer

Bogart y Bacall fumando

Qué habría sido del cine sin el tabaco. Era un elemento indispensable en las películas clásicas. Ahora no tanto; incluso hay quien apuesta por eliminarlo para no pervertir a los jóvenes cinéfilos (en cambio, estos membrillos no se preocupan por liquidar ‘grandeshermanos’ ni ‘triunfitos’). El cine negro de los cuarenta olía a tabaco. También el western. Cualquier estrella debía tirar un pitillo con destreza, como lo hacían Bogart, Wayne o Davis, o sujetarlo con la comisura de los labios, igual que Mitchum. Qué de humos había en algunos films de Fritz Lang, véase M, el vampiro de Düsseldorf. Pero está claro que no todo se debía a la magia de la nicotina; detrás, muchas veces, había intereses puramente económicos. Montones de dinero. Un negocio que satisfizo a la industria del cine y a las tabacaleras. Y las estrellas fumaban unas determinadas marcas. Y las anunciaban por la radio. Y, según el estudio que acaba de publicar Tobacco Control, ello repercutió en los pulmones de millones de espectadores embaucados por el influjo del cigarrillo.

Tobacco Control | Signed, sealed and delivered: “big tobacco” in Hollywood, 1927-1951

Vía | El rayo que no cesa

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Comentarios

Habrá dichos intereses pero, ¿te imaginas a Rick chupando un caramelo de menta mientras recuerda el pasado con Iszla?

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