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Robert F. Boyle también nos ha dejado

Si hace apenas 24 horas hablábamos de la muerte de la guionista italiana Suso Cecchi d’Amico, ahora tenemos que referirnos al deceso de Robert F. Boyle, uno de los diseñadores de producción más importantes del cine clásico estadounidense. Cumplió 100 años en octubre del año pasado y salió acreditado en más de un centenar de películas desde la década de los cuarenta hasta la de los noventa. Trabajó con directores de la talla de Alfred Hitchcock, Norman Jewison o Don Siegel, y fue nominado a los Oscars por ‘Con la muerte en los talones’ (1959), ‘Gaily, Gaily’ (1969), ‘El violinista en el tejado’ (1971) y ‘El último pistolero’ (1976). En su haber también figuran los diseños de producción de ‘Los pájaros’, ‘Marnie, la ladrona’ o ‘A sangre fría’.

Robert Francis Boyle nació en Los Ángeles en 1909 y se licenció en Arquitectura por la Universidad del Sur de California. Empezó a trabajar en el sector, pero fue una de las millones de víctimas que perdieron su empleo por culpa de la Gran Depresión. Eso le motivó a buscar otros frentes en los que aplicar los conocimientos adquiridos en la facultad. La Paramount le abrió las puertas del cine en 1933 al contratarle como delineante. Allí estuvo siete años montando decorados y ejerciendo de eventual asistente de dirección, hasta que la Universal lo incorporó a su plantilla. Poco a poco fue ganándose un hueco respetable en la industria, llegando al cenit de su carrera a finales de los cincuenta, cuando consolidó su relación profesional con Alfred Hitchcock.

Hace sólo un año y medio que Robert F. Boyle recibió el Oscar Honorífico de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, un merecido aunque tardío reconocimiento. Tenéis toda la secuencia de la entrega del premio en el vídeo de arriba. Nicole Kidman le presenta ante el público y da paso a una recopilación de escenas diseñadas por Boyle, entre las que destaca ese columpio lleno de cuervos que tantas pesadillas nos provoca a quienes tenemos aversión a las palomas (aquí no hay cuervos; si no, también los temería). Después aparece Boyle en el atril, con un aspecto bastante bueno a pesar de los 98 años que tenía entonces (el galardonado de mayor de edad de la historia de los Oscars). En su discurso se acuerda de toda la gente que le ha ayudado en “el gran viaje” que ha sido, para él, la vida. Sus palabras emocionan hoy más que nunca. Descanse en paz.

Vía | IMDb

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