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El crack del 29, según Groucho
No entiendo mucho de economía ni sé cómo funciona la bolsa; pero hoy todo Dios anda frenético con los números rojos y me temo que eso repercutirá también en quienes miramos al dinero de soslayo. El colmo es la coincidencia del 24 de octubre con aquel jueves negro de 1929. Groucho Marx fue uno de los muchos de estadounidenses que perdió miles de dólares en acciones, aunque su conocida tacañería y su cordura le evitaron caer en la bancarrota absoluta. Años después, en su libro Groucho y yo, recordó con fina ironía cómo fueron aquellos días. He aquí algunos párrafos; porque más vale prevenir…
“Hacia 1926 descubrí ser un negociante muy astuto. O al menos eso parecía, porque todo lo que compraba inmediatamente aumentaba de valor. ¿Asesor financiero? ¿Quién lo necesitaba? Podías cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto del tablero y tu acción empezaba a subir. Nunca obtuve beneficios. Era absurdo vender una acción cuando se sabía que dentro de un año doblaría o triplicaría su valor.”
“El mercado siguió subiendo y subiendo. El productor teatral Max Gordon me informaba cada día de cómo iban las acciones: siempre “arriba, arriba, arriba”. (…) Un día le pregunté: “Max, ¿cuánto tiempo durará esto?” Utilizando una frase de Al Jolson, Max repuso: “Hermano, ¡todavía no has visto nada!” (…) Pero el mientras el mercado seguía ascendiendo hacia el firmamento, empecé a sentirme cada vez más nervioso. El poco juicio que tenía me aconsejaba vender, pero al igual que el resto de primos, era avaricioso. Entonces empecé a pasarme las mañanas en el despacho de un agente de Broadway, contemplando un gran mural lleno de signos ininteligibles. De vez en cuando el mercado flaqueaba, pero pronto se liberaba de la resistencia de los prudentes y los sensatos, y proseguía su inacabable ascensión.”
“Un día, el mercado vaciló de verdad. Y al empezar el pánico por la catástrofe que se cernía sobre nosotros, todo el mundo quiso vender. Los agentes empezaron a vender acciones a cualquier precio. Yo fui uno de los afectados. Desdichadamente, todavía me quedaba dinero en el banco, así que empecé a firmar cheques de manera febril para cubrir las garantías que estaban desapareciendo.”
“Luego, un martes espectacular, Wall Street tiró la toalla. Se derrumbó. Todo el país lloraba. Algunos conocidos perdieron millones. Yo tuve suerte; sólo perdí 240.000 dólares (lo equivalente a 120 semanas de trabajo con mi sueldo de aquella época). El día del hundimiento, Max Gordon me telefoneó para decirme: “Amigo, ¡la broma ha terminado!” No tuve tiempo de contestar. El teléfono se quedó mudo. Se había suicidado.”
“En toda la bazofia escrita por los analistas del mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el señor Gordon. En aquellas palabras lo dijo todo. Desde luego, la broma había terminado. Creo que el único motivo por el que seguí viviendo fue el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situación (…) El ir al desahucio financiero no constituyó una pérdida total. A cambio de mis doscientos cuarenta mil dólares obtuve un insomnio galopante, y en mi círculo social el desvelamiento empezó a sustituir al mercado de valores como principal tema de conversación.”
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De los post mas estimulantes que se pueden leer en la actualidad.
Sigue asi…….Un saludo