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may

James Mason, otro centenario

James Mason

Mira que nos bombardean con noticias al cabo del día, pero a casi todo el mundo se le ha pasado por alto una efeméride de las gordas: el centenario de James Mason. Así es, el pasado viernes 15 de mayo se cumplieron 100 años desde que la ciudad inglesa de Huddersfield viera nacer a quien se definió a sí mismo como “un actor de carácter bastante atractivo”, lo cual demuestra que o no tenía abuela o gozaba de una confianza a prueba de bombas.

A nadie se le escapa cuáles son las dos películas más famosas de James Mason: Con la muerte en los talones (1959) y Lolita (1962). En la primera encarnó a Phillip Vandamm, uno de los personajes que consigue poner en un brete a Cary Grant, para deleite de Mr. Hitchcock. Pero es en la segunda, en la polémica cinta de Stanley Kubrick, donde más reconocemos a Mason, convertido en un maduro profesor que se ve atraído por una niña de 14 años. Esa mirada a la foto de Sue Lyon mientras está en la cama con la sufridora número 1 de Hollywood (o sea, Shelley Winters), es imposible de obviar.

Ya es curioso que Mason no consiguiera ser nominado al Oscar por estos dos trabajos pero sí por otros más desconocidos para el público generalista: Ha nacido una estrella (1954), La soltera retozona (1966) y Veredicto final (1982). Marlon Brando, Walter Matthau y Louis Gossett Jr. le apartaron sendas veces de la estatuilla dorada. Me quedo con esta frase del Washington Post: “Mason se ganó más respeto por casi lograrlo que muchos otros actores por haber ganado el Oscar contra competidores mediocres o en terrenos dudosos.”

Amante del country y detractor del rock’n'roll, enfrentado con su familia por sus ideas antibelicistas, James Mason falleció en Lausana, Suiza, el 27 de julio de 1984, a los 75 años de edad. Dedicó la última etapa de su vida a la defensa de los animales y apadrinó la carrera de jóvenes actores, entre ellos Sam Neill (el doctor Alan Grant de Parque Jurásico). Sus restos descansan al lado de Charles Chaplin, con el que mantuvo una relación cordial.

Vía | ADN

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Comentarios

En contra de Mason (por el tema premios) tal vez pesó el haber sido objetor de conciencia durante la Segunda Guerra Mundial, lo cual tiene gracia, porque sus detractores ponían como ejemplo contrario a Mason a otros jóvenes actores de uniforme, pero ni de lejos en un campo de batalla: lo gracioso del caso es que tanto Mason como los “heroes de uniforme” hacian cine y teatro para el departamento de entretenimiento de las fuerzas británicas: si su trabajo era el mismo, me pregunto con curiosidad porqué Mason era peor visto que los otros, que puñetas, Mason al menos no era un farsante!

Aunque tal vez es por eso que nunca fué nombrado sir (habiendo sires de mucho menos talento, manda oeufs!)

Pero ahí queda su trabajo, su profesionalidad, talento, clase y magnetismo en pantalla: a las mencionadas añadiría “Pandora y el Holandés Errante”, “Operación Cicerón” (tal vez mi favorita de Mason, con la estupenda Danielle Darrieux)”, “Julio Cesar”, la no muy recordada “Operación Robinsón”, “El prisionero de Zenda”, “Al caer la noche”, “El séptimo velo” o “Rommel, el zorro del desierto” (película que fue mál recibida en Inglaterra por presentar al personaje como, bueno… un ser humano: por supuesto los que te dije aprovecharon para meterse con el bueno de Mason)…. En fín, y las que me dejo, y las que no he visto: mason es siempre una presencia de agradecer hasta en el más mediocre de los filmes.

Escribió una interesante autobiografía “Before I Forget” donde repasa con ironía e inteligencia su carrera, y que además iba acompañado de ilustraciones del propio Mason, que era un notable dibujante. Pero sus observaciones sobre el trabajo de actor (el suyo y el de otros) son realmente interesantes: se nota que Mason era un apasionado de su oficio y sabía analizarlo.

Hay en el libro anécdotas bastante divertidas, como esta

Gracias una vez más por escribir, Gloria. Es curioso, lo de “Before I forget” también lo ha utilizado Kirk Douglas en sus memorias… Falta originalidad en las autobiografías!

Mason tiene muchas y muy buenas películas, pero me quedo con “Lolita”. Jeremy Irons nunca debió atreverse con una versión en la que hacía el papel que parecía fabricado a la medida de Mason.

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