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Tony Curtis o cómo vivir al límite y llegar hasta los 85
“Tenía que ir con cuidado allá donde estuviera por tres razones: porque era judío, porque era joven y porque era guapo. Eso me hizo nervioso, errático y paranoico, y aún lo sigo siendo. Siempre en guardia.”
Dice Anabel en el Facebook de Plumas de Caballo que, al enterarse de la muerte de Tony Curtis, ha pensado que esta semana no llegaba a todo. Y no va desencaminada. De hecho, llego con unas cuantas horas de retraso a publicar el post que sin duda merece este actor singular. Lo que no voy a hacer es repetir que la última semana de septiembre se ha cebado con las estrellas del cine clásico, o que las desgracias suelen venir acompañadas de varias amiguitas igual de simpáticas. Dejémoslo ahí porque parece que lo único que hago es llamar al mal tiempo.
A lo que íbamos: ha muerto Tony Curtis. Tenía 85 años. Es un milagro que haya celebrado tantos cumpleaños teniendo en cuenta lo que se ha metido entre pecho y espalda. Pero ahí seguía hace sólo unos meses, pidiendo una oportunidad a los productores para regresar a la gran pantalla. No se la han dado. Cualquiera se la jugaba con Curtis. En Hollywood hay demasiado cobarde, o demasiado dinero en juego. Muchos ni sabrán quién ha sido este hombre, aunque es de agradecer que todos los medios de comunicación le hayan dedicado tiempo en sus informativos. Me quedo con el fantástico retrato que ha hecho el corresponsal de Catalunya Informació en Washington, condensando la vida de Curtis en apenas 60 segundos, con una riqueza de vocabulario y un cariño por el mito espectaculares. Lamento no haber reconocido la voz del periodista.
Tony Curtis no nació como Tony Curtis. Se llamaba Bernard Schwartz. Tampoco fue rico desde la cuna. Sus padres eran emigrantes judíos. (Sobre)vivía en el Bronx de Nueva York junto a su hermano Julius. Tuvo una educación pésima y era constantemente maltratado en casa, por lo que buscaba refugio en los cines. Julius era el único a quien quería de corazón, pero murió en un accidente de tráfico cuando Bernard tenía 13 años. Aquello le golpeó de manera salvaje. Dejó atrás a sus violentos padres, se alejó de la mierda que impregnaba Nueva York y se alistó en los Marines. Cuando volvió, probó suerte en el teatro. Y entonces le sonrió la fortuna: un sobrino de David O. Selznick lo fichó para la Universal. Fue su billete de entrada a Hollywood. Ahora sí. Ahora ya era Tony Curtis.
Rodó más de 130 películas, pero si hay una que perdurará en los libros de historia del cine y, sobre todo, en la memoria de los espectadores, es ‘Con faldas y a lo loco’ (1959), la divertidísima comedia de Billy Wilder en la que compartió reparto con Jack Lemmon y Marilyn Monroe. Bueno, con Marilyn compartió algo más que reparto: un romance que duró varios meses y del que se derivan multitud de rumores sin confirmar. Y no deja de ser curioso que un hombre tan atractivo fuera capaz de liarse con Marilyn Monroe y, a la vez, mostrar en cámara una cuidada ambigüedad sexual. No lo digo tanto por ‘Con faldas y a loco’, sino más bien por el Antoninus de ‘Espartaco’.
Obtuvo su única nominación al Oscar en 1959 por ‘Fugitivos’, de Stanley Kramer. Tanto él como Sidney Poitier compitieron por la estatuilla al Mejor Actor, pero se quedaron sin ella porque ese fue el año de David Niven en ‘Mesas separadas’. Además, entre lo que no hay que perderse de Curtis están ‘Chantaje en Broadway’ (Alexander Mackendrick, 1957), ‘Los vikingos’ (Richard Fleischer, 1958), ‘La carrera del siglo’ (Blake Edwards, 1965) o ‘El estrangulador de Boston’ (Richard Fleischer, 1968). Su último film fue ‘David y Fátima’ (Alain Zaloum, 2008), donde encarnó a un personaje secundario llamado Mr. Schwartz. Recordad cuál era su apellido real. Genial.
A Tony Curtis se le puede adjudicar sin reparos esa frase tan manida de “genio y figura hasta la sepultura”. Todos sus trapos sucios salieron a la luz en la autobiografía ‘American Prince’, donde lo explica todo con pelos y señales: desde su desgraciada infancia hasta sus adicciones a la cocaína y al sexo (además de Marilyn, Natalie Wood o Yvonne De Carlo figuran entre sus conquistas). Estuvo casado seis veces, una de ellas con Janet Leigh, con quien tuvo a Jamie Lee Curtis. Otros cinco hijos llevan su sangre. Actualmente estaba casado con Jill Vandenberg.
Descanse en paz Tony Curtis, el actor que inspiró el tupé de Elvis Presley. O eso dicen. Porque para escribir una biografía de este inmenso vividor (lo digo desde la envidia que algún momento puedes tener por alguien como él), hay que saber separar muy bien el grano de la paja.
Vía | Estamos Rodando
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Comentarios
Ciertamente, ver cualquier imagen del señor Curtis durante las tres últimas décadas daba, como poco, algo de grima. Liberados ya de ese lastre, podemos volver a los trabajos que le hicieron grande en una época donde ese adjetivo significaba algo: “Con faldas y a lo loco”, “Trapecio” y tantas otras entre las que brilla con especial fulgor su interpretación de “El estrangulador de Boston”, la película que demostró que era mucho más que un tipo guapo y gracioso.
Qué buen artículo ! Después de leer decenas de reseñas copiadas referidas a la muerte del Gran Tony , encuentro a alguien que en poco espacio define la carrera de este gran actor, que en buena medida fue desperdiciado por Hollywood y sus ´genios´ . Han otorgado tantos premios inmerecidos a lo largo de setenta y tantos años de Oscars y este hombre fue pasado de largo por la Academia. Como dice el comentario de David, sólo por El Estrangulador de Boston hubiera merecido un Oscar , dado que ahí demostró su enorme versatilidad para afrontar un papel muy dificil que practicamente nadie esperaba que pudiera hacer. Y sin embargo lo aprovechó magistralmente. El elogio de la crítica fue unánime, igual la respuesta del público. Sin embargo , luego de eso no llegaron buenas oportunidades para él . Una pena realmente ….





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Excelente artículo, muy bien escrito. Lamento no haberme interesado más en Tony antes, sólo vi “Some like it hot”, “El gran Houdini” y su aparición en “Paris when it sizzles”. Veamos si ahora me pongo al día.