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La última casa a la izquierda (1972)

La última casa a la izquierda (1972)

El pasado fin de semana llegó a las carteleras el remake de La última casa a la izquierda. Tanto el género como la época de la película original se desvían un poco de la tónica general del blog, pero coincidiremos en que el film de Wes Craven se ha convertido en un clásico del terror, así que por qué no vamos a dedicarle una pequeña crítica; la cual, por cierto, no será positiva, al menos por la opinión de quien suscribe.

La última casa a la izquierda fue la primera cinta escrita y dirigida por Wes Craven, que hizo una adaptación muy libre de El manantial de la doncella, de Ingmar Bergman. Fue la película que le lanzó a la fama, al menos dentro del sector de espectadores que disfrutaban con la mezcla de sexo y gore en la gran pantalla. La prueba es que, a pesar de los problemas que tuvo para distribuirla (en Australia estuvo prohibida durante 32 años y en otros países fue amputada sin miramientos), los 90.000 dólares de inversión se transformaron en 10 millones de beneficios tras su primer año de exhibición. Quizá el secreto de su éxito fue la estética amateur del film, grabado con pocos recursos técnicos y con actores tan jóvenes como desconocidos.

El guión original difería del que se ha escrito para el remake. La protagonista era una chica muy guapa llamada Mari Collingwood (Sandra Cassel), que salía a celebrar su 17º cumpleaños junto a su amiga Phyllis Stone (Lucy Grantham). De camino al concierto donde planeaban desfasarse, se detenían en una casa en la que les habían asegurado que les darían marihuana. Pero al entrar en la casa, se encontraban con un grupo de psicópatas dopados hasta las cejas, que no dudaban en encerrarlas y abusar de ellas.

Desde ese momento vemos que el único interés de la película es el morbo; saber hasta dónde va a llegar el director para mostrarnos las vejaciones a las que son sometidas las dos adolescentes. Hay desnudos, violaciones en el bosque, escatología, intentos de huída y mucha sangre derramada. Por fin, Mari consigue escapar y regresar a casa (la última a la izquierda, por supuesto). Pero allí le espera una desagradable sorpresa: sus padres han acogido como huéspedes a sus torturadores pensando que se trataban de pacíficos excursionistas. Es entonces cuando los Collingwood cogen el toro por los cuernos y planean una venganza sin piedad.

No recomiendo que la veáis si sois de estómago débil o si buscáis una película clásica de terror con interpretaciones sublimes y un guión redondo y sutil. Pero si tenéis ganas de marcha y no hay programado ningún concierto de rock en vuestra ciudad, ésta puede ser una alternativa para soltar adrenalina y, de paso, satisfacer al morboso que todos llevamos dentro. Eso sí, quedáos con la versión original; por lo que he leído y por lo que me cuentan, el remake de La última casa a la izquierda es para tirarlo por la taza del váter.

Lo mejor: Su irresistible morbosidad.
Lo peor: Tiene menos contenido que una caja de serrín.
La frase: “Debes pensar que somos estúpidos, ¿verdad? No, no somos estúpidos. Puede que seamos unos viejos cerdos cachondos, pero no somos estúpidos” (Krug Stillo = David A. Hess).

Plumas de Caballo

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Comentarios

La original es de lo mejor de Craven, en cuanto al remake, por lo que he leído no es tan mala como comentas. Habrá que verla para poder juzgarla.

Saludos

Yo la he visto y siendo ojbetiva desde el punto de vista de alguien que conoce el cine, Las tomas es´tan mal, los planos no son correctos, la música es de lo peor y probablemente lo que más chafe el filme, y las actuaciones son antinaturalistas por completo. Nadie se traga que unos padres destrozados tras haber encontrado el cadáver de su hija apuñalada, tiroteada y violada, tengan la cabeza tan fría como para idear un plan de contraataque como si de Macaulay Culkin en “Solo en Casa” se tratase. La tomas de violencia quedan antinaturales, aunque lo que sería violencia explícita es suprimido por completo de la grabación.

Realmente en su época “alomejor” se podría considerar un descubrimiento. Para los ojos de un experto se podría haber hecho algo mucho mejor.

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