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Dic

Historia de los Oscars: 1929 (IV)

Emil Jannings

MEJOR ACTOR: EMIL JANNINGS, POR ‘LA ÚLTIMA ORDEN’ Y ‘EL DESTINO DE LA CARNE’

No fue un estadounidense sino un suizo alto y orondo quien se hizo con el primer Oscar al Mejor Actor de la historia. Su nombre era Emil Jannings, y las películas que le valieron el galardón fueron dos: ‘La última orden’ y ‘El destino de la carne’. Sin embargo, en este post solo podremos hacer referencia a la primera, ya que la segunda ha desaparecido del mapa; nadie tiene una copia, ni tampoco el original. Sabemos que Jannings interpretaba a un cabeza de familia que abandona a su mujer y a sus hijos, pero no podemos ver con nuestros propios ojos cómo de bueno fue su trabajo, así que nos limitamos a hacer esta mención antes de centrarnos en ‘La última orden’.

Jannings -cuyo nombre real era Theodor Friedrich Emil Janenz- nació el 23 de julio de 1884 en Rorsachach. Desde principios del siglo XX se labró una importante carrera artística en Alemania. Primero formó parte de la compañía teatral de Max Reinhardt y después trabajó en el cine para directores de la talla de Ernst Lubitsch y F.W. Murnau. Su facilidad para encarnar roles dramáticos y su dominio del lenguaje cinematográfico mudo le permitieron incorporar a su filmografía clásicos de la literatura como ‘Otelo’, ‘Fausto’ y ‘Tartufo’ antes de trasladarse a Estados Unidos en 1926.

Nada más aterrizar en suelo americano, Jannings fue reclutado por la Paramount y puesto a las órdenes de Josef von Sternberg para protagonizar ‘La última orden’. El papel le iba que ni pintado tanto por sus dotes artísticas como por su fisonomía: tenía que encarnar a un ex alto cargo de la Rusia imperial -el Gran Duque Sergius Alexander- que llega a Hollywood despojado de todo su poder por culpa de la revolución bolchevique. En Los Ángeles pasa desapercibido y es objeto de mofa por su aspecto de viejo taciturno. Además, padece un tic nervioso que le hace menear la cabeza continuamente. Tras pelearse con otros cientos de aspirantes, consigue un pequeño papel de General en una película que recrea los episodios que él mismo vivió en primera persona.

En el caso de Jannings -como en el de otros muchos actores- el rostro ya era una ventaja. Solo tenía que presentar una barba dejada para aparentar algunos años más y presentarse como lo que era su personaje: alguien cuyo mundo ha cambiado radicalmente, que ha sido humillado y que no tiene mucho interés en el futuro. En las primeras escenas del film, en las que se demuestra por qué Hollywood tenía y tiene el apelativo de ‘fábrica’, Jannings camina empujado por la muchedumbre que busca trabajo en la Meca del Cine. Cuando le dan el uniforme de General -los productores creen que dará el pego- saca su antigua medalla y se la coloca con nostalgia. Empieza entonces un largo flashback en el que conocemos los acontecimientos que llevaron al Gran Duque a la ruina.

Emil Jannings

Viajamos diez años atrás, hasta 1917. Los revolucionarios tienen cada vez más poder y son una seria amenaza para el zar. El Gran Duque lucha por perpetuar el régimen, interrogando a cualquier sujeto sospechoso y abortando los planes de rebelión. Jannings dota aquí a su personaje de una gran arrogancia; se comporta como un déspota con mano de hierro e incluso obliga a una bolchevique llamada Natalie (Evelyn Brent) a ser su amante. Poco a poco el Gran Duque estará más interesado en ella que en los destinos de la Madre Rusia.

No destripamos nada -basta con saber un poco de Historia- si decimos que la revolución acaba ganando la batalla. En una escena memorable, ambientada en un pueblo de la estepa, el ferrocarril en el que viaja el Gran Duque con su séquito es asaltado por los bolcheviques, que le humillan como venganza y luego le obligan a hacer de maquinista hasta llegar a otro pueblo en el que será ahorcado (como es obvio, escapará de su sentencia). Jannings muestra en los ojos el horror ante lo que él interpreta como el fin de su país y entra en el estado de shock en el cual llegará a Hollywood una década más tarde. Por su parte, Natalie regresa al lado de sus camaradas pero en el fondo de su ser encuentra las razones que le han llevado a querer a ese enorme monstruo que ya está muerto en vida. Desde aquí volvemos al rodaje de la película en la que el Gran Duque ha sido contratado y Von Sternbeg nos obsequia con un clímax apoteósico para que Jannings muestre todo su poderío dramático.

A pesar del Oscar y de las excelentes críticas de la prensa, Jannings tuvo que abandonar Estados Unidos enseguida. La irrupción del sonido le perjudicó muchísimo porque era incapaz de hablar inglés sin acento; así que regresó a Alemania, donde de nuevo brilló para Von Sternberg en ‘El ángel azul’. Pero su carrera siguió en declive y encima tuvo la genial idea de apoyar al partido nazi de Adolf Hitler, lo cual le incapacitó para trabajar cuando terminó la Segunda Guerra Mundial. Murió en Strobl, Austria, el 3 de enero de 1950.

Historia de los Oscars en Plumas de Caballo - Capítulos anteriores:

1929 (III): Mejor Producción Artística: ‘Amanecer’

1929 (II): Mejor Producción: ‘Alas’

1929 (I): Introducción

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Comentarios

Desconocía lo del apoyo al partido nazi. Le resto puntos como persona, pero sin embargo, en el aspecto artístico, estamos ante uno de los mejores y más expresivos actores de la historia del cine. La última orden, El ángel azul, El último, entre otras muchas, le avalan.

Saludos.

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