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may

Películas fantasmas (II): ‘Jirafas en ensalada de lomos de caballo’

Harpo Marx y Salvador Dalí

La segunda película fantasma de los hermanos Marx tenía un título difícil de recordar y aún más difícil de comprender: Jirafas en ensalada de lomos de caballo. A diferencia de Humor Risk, nunca se llegó a rodar, enseguida sabréis por qué; pero al menos existen pruebas (algunas de reciente descubrimiento) que nos permiten afirmar con seguridad que la Metro-Goldwyn-Mayer perdió la ocasión de financiar la película más surrealista de la historia del cine.

Todo arranca en París, en los años treinta, cuando Salvador Dalí asistió a una proyección de El conflicto de los Marx y quedó impresionado “por la locura persuasiva y triunfante” de Harpo, con el que entró en contacto por terceras personas. Para demostrarle su admiración, Dalí le envió un arpa cubierta de cucharillas, con alambres de espino en lugar de cuerdas y envuelta en papel de celofán. Harpo le correspondió con una foto en la que aparecía tocando el arpa con los dedos vendados. Llegado este punto, Groucho afirmaría que Dalí “estaba delicadamente enamorado de mi hermano”.

Esta nueva amistad alimentó la obsesión de Dalí por triunfar en el cine, algo que jamás llegaría a conseguir al cien por cien, pese a colaborar con Buñuel, Disney o Hitchcock. Entusiasmado con la divertida anarquía de los Marx, pero sobre todo con Harpo, el pintor escribió para ellos el guión de Jirafas en ensalada de lomos de caballo (1937), un cortometraje de media hora que según algunas fuentes “fue rechazado de plano” por la Metro (quizás la propuesta se la deberían haber hecho a la Paramount cinco años antes).

En 1998 el profesor Félix Fanés encontró un manuscrito del guión rebuscando entre los papeles de la Fundación Gala-Salvador Dalí. Podéis consultar aquí las investigaciones del señor Fanés, pero se mire por donde se mire, la historia era imposible de llevar a la gran pantalla. La protagonista era una Mujer Surrealista de rostro enigmático que provocaba un cúmulo de sucesos extraños al unirse con un hombre de negocios español exiliado en América. ¿Qué sucesos? Pues barras de pan de 50 pies de largo, una estampida de jirafas incendiadas, una carrera de ciclistas que llevan piedras incrustadas en la cabeza y otras locuras surgidas de la mente de Dalí. También se sabe que Groucho quería cortar un brazo con unas tijeras porque no tenía luz para mirarse las líneas de la mano y que Chico habría instalado un nuevo accesorio en su coche: lluvia interior.

Además del manuscrito de Figueres, existen otros textos inacabados de Dalí para los Marx desperdigados por Francia y Estados Unidos, probablemente todos relacionados con Jirafas en ensalada de lomos de caballo. El proyecto, como es lógico, quedó arrinconado para siempre. Pero Harpo no olvidó el interés y las energías que le dedicó Dalí, y para recordarlo colgó varios dibujos dedicados en el comedor de su casa. Quién sabe, a lo mejor algún día hay una productora lo suficientemente desesperada (¿o cuerda?) como para hacer uso de este disparatado guión. ¿Qué tal en una de Pixar para mayores de 18 años?

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