jun
Píldoras de cine clásico (III)
1. Si el próximo verano os dejáis caer por la ciudad de Turín, sabed que el Museo Nacional del Cine acoge una exposición de fotografías de los actores Anthony Quinn y Marlon Brando. Son más de cien instantáneas tomadas por el fotógrafo Sam Shaw, la mayoría de ellas inéditas, con las que se pretende dejar constancia del carácter rebelde de ambos actores. La muestra estará abierta al público hasta el 19 de septiembre de 2010. Más información en la web oficial del museo.
2. Os recomendamos el artículo que ha escrito Adrián Massanet en ‘Blogdecine’ sobre la decadencia de dos de los mejores directores de la historia del cine: Alfred Hitchcock y Billy Wilder. El post repasa la exitosa década de los cincuenta, en la que entre ambos dirigieron una decena de obras maestras, para después meterse de lleno en los sesenta. Fue a partir de ‘El apartamento’ y ‘Psicosis’ cuando los dos cineastas experimentaron un fuerte descenso en cuanto a recaudaciones de taquilla, lo cual no quiere decir que dejaran de filmar grandes películas. ¿Infravaloradas, tal vez? En fin, bastante de acuerdo con el artículo pero también con algunos comentarios de los usuarios que escriben debajo.
3. También en ‘Blogdecine’ leo el último disparate que se está cociendo en Hollywood: una nueva versión de ‘Sin novedad en el frente’ que tendrá como protagonista a Daniel Radcliffe, el insulso actor de la no menos insulsa saga del mago Harry Potter (juro que intenté leerme el primer libro, pero en la página 15 estaba roncando y nunca he tenido fuerzas para volver a intentarlo). No será exactamente un remake de la película de 1930 dirigida por Lewis Milestone (ganadora del Oscar a la Mejor Película y al Mejor Director), sino –gracias a Dios– una nueva adaptación de la novela de Erich Maria Remarque. Da igual: es para echarse a temblar. Toquemos madera. Y feliz noche de Sant Joan.
abr
‘Incidente en Ox-Bow’ (1943)
La historia ha demostrado que las leyendas del Lejano Oeste son, casi siempre, falsas. Un mito que el cine se empeñó en expandir durante la primera mitad del siglo XX, creando un género que dio lugar a grandiosas películas, sin que por ello se cimenten en una base real. Basta con revisar las estadísticas de muerte por arma de fuego en la época de los cowboys para comprobar que el Oeste de los Estados Unidos no era tan salvaje como lo pintaban.
Lo que sí estaba más a la orden del día, tanto en las polvorientas calles de Texas como en el corazón de Nueva York, eran los linchamientos. Al hablar de Furia, de Fritz Lang, ya dijimos que entre 1887 y 1936 se produjeron seis mil ataques contra individuos que presuntamente habían cometido un crimen, de los cuales apenas 800 terminaron en juicios contra la vengativa multitud.
Este viejo problema del ojo por ojo motivó al escritor Walter Van Tilburg Clark a publicar una novela titulada Incidente en Ox-Bow. En ella, un grupo de violentos vecinos persigue a los supuestos ladrones de una partida de ganado que, en su huída, habrían asesinado al dueño de las reses. Coroneles resentidos por la reciente Guerra Civil, vaqueros desocupados, mujeres dominantes y hombres pusilánimes emprenden una caza suicida por las frías montañas de Nevada, hasta que topan con tres individuos a los que reconocen inmediatamente como los criminales. Cualquier indicio de culpabilidad, sea o no contrastado, es utilizado en su contra. La cuestión es sentir el placer de tomarse la justicia por su mano.





(1 votos, Promedio: 4 de 5) 







