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‘Cuando ruge la marabunta’ (1954)
No es la primera ni la segunda vez que os cuento que ‘Cuando ruge la marabunta’ fue una de las películas que más me impactaron cuando era un mocoso (hace cuatro días). Bueno, donde digo “impactaron” quizá sería más correcto decir “acojonaron”, porque esa fue la sensación que tuve cuando la pantalla de mi tele se llenó de millones de hormigas asesinas que parecían dispuestas a invadir mi comedor. Pero también recuerdo que me lo pasé en grande viendo esta película, y ese disfrute se ha mantenido en visionados posteriores. Así que pido perdón de antemano porque estoy absolutamente condicionado a la hora de escribir estas líneas; si las críticas son subjetivas de por sí, ésta lo es más que ninguna de las que hayáis podido leer hasta ahora en Plumas de Caballo.
La Paramount produjo ‘Cuando ruge la marabunta’ a partir de un relato corto de Carl Stephenson que ya se había adaptado a la radio en 1948. La historia, titulada originalmente ‘Leiningen vs. the Ants’, era un caramelo para explotar las virtudes del Technicolor: se ubicaba en la selva del Amazonas, tenía una trama amorosa con macho dominante y hembra rebelde, había pintorescos indígenas que practicaban siniestros rituales y, por supuesto, hormigas; diminutos soldados que arrasaban con todo a su paso y que no provenían del espacio exterior, sino que existían (y existen) en la vida real. En definitiva, una aventura muy del gusto de la época.
El rodaje tuvo lugar en el verano de 1953, según tengo entendido en localizaciones bastante menos exóticas que las descritas (en concreto, en un pueblo del estado de Tennessee). Su director fue Byron Haskin, un especialista del género que ya había dirigido las adaptaciones de ‘La isla del tesoro’ (1950) o ‘La guerra de los mundos’ (1953) y que tenía mucha experiencia como encargado de efectos especiales. Puede que su mayor reto en ‘Cuando ruge la marabunta’ no fuera dirigir a las hormigas, sino conseguir que el improbable romance entre un ser misógino y salvaje como el señor Leiningen (Charlton Heston) y una refinada mujercita de Nueva Orleans (Eleanor Parker) tuviera credibilidad. Y a fe que lo consiguió, con la inestimable ayuda de los guionistas Ranald MacDougall, Ben Madow y Philip Yordan (todos ellos nominados al Oscar en varias ocasiones; Yordan lo ganó en 1955 por el guión de ‘Lanza rota’).
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‘Horizontes de grandeza’ (1958)
Horizontes de grandeza fue uno de los pocos westerns que dirigió William Wyler en toda su carrera. Y como indican tanto su título español como el original -The big country-, lo rodó a lo grande:, con estrellas de primer nivel en el reparto, vistas espectaculares de la desértica Arizona, música épica y un alto componente dramático extraído de la novela de Donald Hamilton.
Como haría poco después en Matar a un ruiseñor, Gregory Peck encarna a un personaje pacifista por naturaleza. En esta ocasión es Jim McKay, un marinero que quiere asentarse definitivamente en tierra y formar una familia con la que vivir el resto de sus días. Siguiendo la pista de una chica con la que tuvo una aventura en Baltimore, Jim llega hasta un pequeño pueblo rural del Oeste para casarse con ella, Patricia Terrill (Carroll Baker).
La llegada de Jim es acogida de buen grado tanto por Julie como por su padre, el major Henry Terrill (Charles Bickford). Sin embargo, el forastero no sabe que su nueva familia está enfrentada a muerte con otra que vive exiliada a pocas millas de allí, comandada por el orondo Rufus Hannassey (Burl Ives) y su hijo Buck (Chuck Connors). Los Terrill presentan a los Hannassey como unos violentos vecinos a los que se debe exterminar, pero Jim se dará cuenta de que las razones de ambos bandos son estúpidas y será cada vez más reticente a casarse con la belicosa Patricia.
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Los que se fueron en 2008
Dicen que 2008 ha sido un año especialmente cruel con las estrellas clásicas de Hollywood. La verdad es que no lo sé. Supongo que es ley de vida; se trata de gente octogenaria, en muchos casos poco preocupada por su salud. Es normal que la lista de bajas -si se me permite la frivolidad- vaya aumentando poco a poco. En total he contado una veintena de personas fallecidas relacionadas con el cine clásico. Nuestro recuerdo para todas ellas; pero, sin menospreciar a ninguna, he aquí las nueve leyendas que se nos fueron en este 2008 al que le quedan pocas horas para echar el telón.
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Estrenos en DVD: ‘El Cid’ y sus extras
El estreno más destacado de la semana en DVD nos transporta hasta la meseta española. Allí se rodó, casi íntegramente, El Cid, uno de tantos personajes heroicos encarnados por Charlton Heston, con Sophia Loren haciendo de Jimena. Una vez más estamos ante una de las películas que se rodaron para potenciar el espectáculo, las imágenes grandiosas en las salas de cine. Dirigida por Anthony Mann, El Cid obtuvo tres nominaciones a los Oscar, una de ellas gracias a la banda sonora de Miklós Rózsa (y eso que la mutilaron sin su consentimiento). El DVD viene en estuche metálico e incluye un documental sobre el rodaje y otro sobre el productor Samuel Bronston. Además, en el film se incluyen los fragmentos musicales de la obertura, el intermedio y el final. Precio razonable: 12 euros.
También cabe destacar el lanzamiento de una edición limitada de Nosferatu, a cargo de Divisa Home Video. Interesante por revisar el clásico de F. W. Murnau y por la cantidad de extras que contiene: galerías de imágenes, documentales, análisis de la novela de Bram Stoker y anécdotas del rodaje. Todo en el interior de un estuche metálico valorado en 20 euros.
Por último, mencionamos el estreno en DVD de dos de las trece películas que rodaron juntos los cómicos Dean Martin y Jerry Lewis, ambas de 1953: ¡Qué par de golfantes! y El jinete loco. Simpáticas caratulas que no incluyen ningún extra digno de consideración y que tampoco son demasiado asequibles (12 euros). Para eso, mejor cabalgamos junto al Cid o bebemos los vientos por doña Jimena…
Vía | ZonaDVD





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