nov
50 años sin Clark Gable
El 5 de noviembre de 1960, Clark Gable estaba cambiando un neumático de su jeep cuando sintió una fuerte presión en el pecho. En cierto modo, no le pillaba de sorpresa: diez años atrás tuvo que dejar el coche en la cuneta y arrastrarse por el suelo para superar uno de sus primeros ataques al corazón. Pero el de ahora era bastante más serio. De hecho, Gable tuvo que ser ingresado en un hospital de Los Ángeles, donde murió once días después, el 16 de noviembre, al sufrir otro infarto mientras leía una revista. Este martes se cumplen 50 años de aquella fatídica fecha.
Dicen las malas lenguas que El Rey falleció por culpa de Marilyn Monroe (¡pobre chica!), que le agobió lo indecible durante el rodaje de ‘Vidas rebeldes’ (en el verano de 1960) al ver en él al padre que nunca tuvo. También se rumorea que Gable no estaba conforme con el trabajo de sus dobles y que fue él mismo quien rodó las escenas de riesgo, a pesar de su delicado estado de salud. Pero lo cierto es que su funesto desenlace más bien parece el resultado de su interminable adicción al whisky y al tabaco. Fumaba una media de tres cajetillas diarias, un ritmo demasiado elevado para un hombre que ya tenía 59 años.
No pudo ver el estreno en cines de ‘Vidas rebeldes’, pero hubo algo que le dolió más: perderse el nacimiento de su único hijo, John, nacido en marzo de 1961 y concebido, por tanto, durante el rodaje de la película. Era el fruto de su matrimonio con la actriz Kay Williams, su quinta esposa; la misma que se negó a que el epitafio de Gable fuera “De nuevo al cine mudo”, un guiño que habría quedado genial en su lápida. Por otro lado, seguro que Gable se llevó una alegría al llegar al Más Allá: porque significó el reencuentro con su amada Carole Lombard, la mujer por la que combatió en la Segunda Guerra Mundial. Bueno, esa alegría… y la de poder tomar todos los whiskys y cigarrillos que se le antojaran.
Más información sobre la muerte de Clark Gable, aquí.
Vídeo del funeral, aquí.
ene
‘Últimas sesiones con Marilyn’ (2008)
Una de las agradables sorpresas de la Navidad que acaba de terminar ha sido la emisión por el Canal 33 del documental ‘Últimas sesiones con Marilyn’, dirigido por el francés Patrick Jeudy. No pude verlo en directo pero sí a través de la web de Televisió de Catalunya, que ya lo ha retirado por cuestiones de copyright. Antes de analizarlo, un consejo: no lo veáis si estáis en una época complicada de vuestra vida o sois propensos a la depresión. Es un documental angustioso, que no da respiro ni pone paños calientes a los meses previos a la muerte de Marilyn Monroe.
‘Últimas sesiones con Marilyn’ es la adaptación del libro homónimo escrito por Michael Schneider en 2006 y en el cual se disecciona la cara oscura de la ambición rubia desde una perspectiva psicoanalítica. La base del libro son las grabaciones de las sesiones de terapia que recibió Marilyn por parte del doctor Ralph Greenson entre enero de 1960 y agosto de 1962, que fueron verificadas y publicadas por ‘Los Angeles Times’. Greenson, famoso por su capacidad para mejorar el rendimiento de los actores de Hollywood y ayudarles a superar sus respectivas frustraciones, fracasó en su intento por rescatar a Marilyn de su agujero negro. Al contrario; él mismo llegó a perder la cabeza, devorado por el mito.
Los primeros minutos del documental suponen una pequeña decepción. Nos damos cuenta de que a Marilyn la vamos a oir más bien poco. Desconozco si es por motivos de propiedad de derechos, por la estética del montaje o por la pobre calidad de las grabaciones; el caso es que la escuchamos siempre de fondo, en un largo lamento interrumpido de vez en cuando por el señor Greenson, y es la voz en off quien explica la historia, quien cita las palabras de la actriz. Aún así, entramos rápidamente en ese oscuro universo gracias a archivos privados, cartas, fotografías y fragmentos de películas que están seleccionados con esmero y que no saturan ni dejan insatisfechos al espectador.
dic
Grace Kelly, el fuego latente de ‘Mogambo’
Dicen que fue John Ford quien posibilitó que Grace Kelly entrara a formar parte del reparto de ‘Mogambo’. La actriz ya había tenido problemas para convencer a los productores de que sería la esposa ideal para Gary Cooper en ‘Solo ante el peligro’, donde en ocasiones era devorada por la impetuosa Katy Jurado. Así que la Metro-Goldwyn-Mayer barajaba otros nombres para su nuevo proyecto, nombres que debían estar a la altura de Ava Gardner y Clark Gable, como Lana Turner, Gene Tierney o Deborah Kerr. Pero a Ford le había gustado aquella rubita de ojos azules. Creía que tenía clase y talento. O a lo mejor le cayó simpática porque tenía apellido irlandés. El caso es que presionó para quedársela y lo consiguió.
El papel de Kelly en ‘Mogambo’ era peligroso. Su personaje, Linda Nordley, era la apocada esposa de un antropólogo británico que había contratado un safari por el corazón de África (en la incestuosa versión española era su hermana). Eso, en principio; porque, al llegar a la selva, Linda se enamora del jefe de la expedición y empieza a sospechar que no podrá mantener la fidelidad a su marido. La misión de Grace era mostrar los remordimientos de su personaje y, a la vez, insinuar el fuego latente que escondía su cuerpo de mujer florero, la pasión que luchaba por salir al exterior cada vez con mayor intensidad. El riesgo era convertirse en una moneda de dos caras, es decir, que la transición fuera demasiado abrupta, demasiado artificial, o que ella misma fuera sepultada por la arrolladora personalidad de Ava. Pero, la hubiera escogido por eso o no, Ford tenía razón: Grace tenía clase y talento. Cumplió con creces y se ganó a pulso la nominación al Oscar, así como el Globo de Oro a la Mejor Actriz de Reparto.
Nada más llegar a su destino, tras un agotador viaje por un río revuelto, el marido de Linda cae enfermo y ella se desvive por cuidarlo, hasta el punto de enfrentarse con el cazador Victor Marswell (Gable), que no parece preocupado. Pero el paciente mejora enseguida y Linda aprovecha la ocasión para salir a dar un paseo. Bajo un cielo cada vez más negro, la joven se pierde intentando encontrar el camino de vuelta y está a punto de convertirse en la cena de una pantera negra, pero Victor aparece de entre los árboles para salvarla y, de paso, metérsela en el bolsillo.
La experiencia ha acelerado el pulso de Linda, enrojeciendo sus mejillas. Regresan a casa. Y cuando Linda está a punto de entrar en su habitación, Victor la asalta por detrás; ella le acaricia el brazo, él le quita con violencia el pañuelo de la cabeza y se lo pone alrededor del cuello. Durante unos segundos solo vemos el rostro agitado de Linda, con la lujuria asomándole por los ojos y la boca; pero consigue domar sus instintos, darse la vuelta y dejar a Victor con la miel en los labios. También hay algo de odio en la mirada de Grace porque sabe que le ocurrirá como a la pantera, que será otra de las exóticas capturas del cazador y no podrá resistirse. Tarde o temprano será suya.
sep
Cooper, Flynn y Gable: Ases en DVD
No hay mejor noticia en la vuelta al rutinario septiembre que la llegada de un extenso número de películas clásicas en DVD. Vaya por delante nuestro agradecimiento a las distribuidoras Warner y Suevia por sacar a la venta un montón de films de Gary Cooper, Errol Flynn y Clark Gable que o bien se habían agotado hacía tiempo, o jamás se habían editado en formato doméstico. ¿La pega? Lo de siempre, que el precio medio está por encima de los 15 euros, pelín caro si tenemos en cuenta que los extras brillan por su ausencia. De todas formas, aquí tenéis un resumen por si os ha sobrado dinero de las vacaciones…
Aunque es recordado sobre todo por su papel de sheriff en Solo ante el peligro, Gary Cooper también hizo de médico en algunas películas. Esta semana nos llegan Por el valle de las sombras (1944) y El árbol del ahorcado (1959). En la primera interpreta a un doctor que se incorpora al ejército durante la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de conocer a una hermosa dama, Madeleine (Laraine Day). En la segunda es el típico médico del Oeste tosco y solitario que salva la vida de sus pacientes para redimirse de un oscuro pasado. Mas no temáis, porque si no os apetece ver a Cooper de bata blanca, siempre os queda la opción de capitán de barco con Almas en el mar (1937), un film sobre el comercio de esclavos que fue nominado a tres Oscars, incluyendo el de Mejor Banda Sonora.
jun
‘San Francisco’ (1936)
Aunque nunca hayamos estado allí, todos sabemos lo que pasó en San Francisco el 18 de abril de 1906. A las 5 horas y 12 minutos de la mañana, la ciudad fue arrasada por un escalofriante terremoto que alcanzó los ocho grados en la escala de Richter, acabó con la vida de tres mil personas y dejó sin hogar a casi trescientas mil. Muchas de las víctimas consiguieron sobrevivir al temblor pero no a los incendios y desplomes que se produjeron después.
Una catástrofe de este tipo -y más en Estados Unidos- significaba un claro argumento para rodar una película. Al cumplirse los treinta años de la tragedia, la Metro-Goldwyn-Mayer invirtió más de un millón de dólares en rodar San Francisco, poniendo al frente del reparto a una de sus principales estrellas: Clark Gable, secundado por la soprano Jeanette MacDonald, el ‘padre’ Spencer Tracy y el tío de los hermanos Marx, Al Shean. La dirección corrió a cargo de W. S. Van Dyke, pero dicen que recibió ayudas de D. W. Griffith y Eric von Stroheim. El resultado final me ha decepcionado un poco, bien es verdad que esperaba otro tipo de película.
La historia comienza en la Nochevieja de 1905, cuatro meses antes del terremoto. San Francisco se nos presenta como una ciudad bohemia, depravada, con clubes nocturnos en cada esquina y autoridades corruptas que hacen la vista gorda ante la venta de alcohol o las partidas de póker. Blackie Norton (Clark Gable) es el dueño de uno de los clubs más prósperos, un hombre poderoso pero a la vez solidario con sus vecinos, hasta el punto de contratar a una joven cantante de ópera que se ha quedado en el paro. A priori no es la artista que debería cautivar al público de su local, pero ya se encargará él de cambiarla; lo importante es que tiene buenas piernas.
abr
Michael Caine quiso ser Bogart en ‘El hombre que pudo reinar’
Todas las estrellas de cine tienen sus propios ídolos, salvo casos de egocentrismo agudo, que también los hay, como en todas las profesiones. En este sentido, Michael Caine siempre ha declarado su amor por Humphrey Bogart, el hombre en quien se inspiró para formarse como actor. Y al hilo de esto, el propio Caine acaba de explicar una anécdota.
Corría el año 1975 y el aclamado director John Huston estaba buscando a dos buenos intérpretes para su épica historia de El hombre que pudo reinar. Uno de los elegidos fue Sean Connery. Para el otro, se citó con Caine en París; pero no le hizo falta ser muy convincente. Lo primero que dijo Huston fue: “Bueno, la verdad es que esta película estaba pensada para Clark Gable y Humphrey Bogart, pero ambos pasaron de mí.”
No tuvo que decir nada más. De inmediato, Caine abrió sus ojos azules y exclamó: “Yo lo haré.” Fue una especie de tributo a su “héroe” Bogart, “un personaje fantástico” que sin embargo no le reportó premio alguno, pues de las cuatro nominaciones al Oscar que obtuvo la película, ninguna se destinó al apartado interpretativo.
Vía | IMDb
mar
A bofetada limpia
El cine perdió nueve millones de espectadores en 2008. El cine español, en concreto, casi millón y medio (supongo que a nadie le sorprende). Y es que se pierden las buenas costumbres. Por ejemplo: el noble arte de la bofetada. Ya no hay discusiones de pareja que terminen con una mejilla enrojecida, ni se reta a nadie con un combinado de palma y dorso que deje estupefacto al oponente. [Nota para los inquisidores: hablo de cine, solo de cine y nada más que de cine o ficción. Rihanna somos todos, menos ella misma.] En este vídeo tenéis unos cuantos ejemplos de bofetadas clásicas, a cargo de Joan Crawford, Clark Gable o Humphrey Bogart. Y no todas dramáticas; también hay cachetitos cómicos. Qué manera de armar el brazo en un segundo y qué estoicidad la de quienes encajaban el golpe. Algunas duelen de verdad.
Vía | Youtube
mar
Viaja más allá del Missouri en DVD
La frontera es uno de los conceptos históricos de los Estados Unidos. Durante el siglo XIX significó una especie de barrera móvil que los americanos empujaban desde el este para llevarla lo más cerca posible del Pacífico. Las barreras naturales que encontraban por el camino y las encarnizadas luchas con los indios (genocidio, hablando en plata) dieron a la frontera un aura místico que perduró varias generaciones y que, por supuesto, ha sido plasmada en el cine en infinitas ocasiones.
De eso trata el estreno en DVD más destacado de la semana en curso: Más allá del Missouri (1951). Clark Gable encarna a Flint Mitchell, un aventurero que se adentra en los inexplorados territorios de Idaho y Montana y es capturado por los indios Pies Negros, capitaneados por Ironshirt (Ricardo Montalbán). La única posibilidad de supervivencia para Mitchell es casarse con Kamiah (María Elena Marqués), la hija del jefe de la tribu. Y hasta aquí podemos leer.
Sin duda es la presencia de Clark Gable lo que da algo de interés a un western de segunda categoría que fue dirigido por William A. Wellman por imposición del propio actor, al que le había gustado mucho Fuego en la nieve. El rodaje fue muy accidentado. Ricardo Montalbán se fracturó la columna y fue intervenido durante nueve horas y media; pudo seguir trabajando, pero le quedaron secuelas de por vida. Además, el hecho de rodar en Technicolor provocó la incomodidad del equipo técnico y de las pobres mulas que debían cargar con las pesadas cámaras.
En definitiva, un DVD apto sólo para incondicionales del western, de Gable o de Montalbán, al menos hasta que la Warner rebaje el precio (15 euros por unidad y ni un triste contenido extra). Del mismo nivel son otros títulos de estreno en formato doméstico como Dallas, ciudad fronteriza (1950), La última cacería (1956) o Una trompeta lejana (1964).
Vía | ZonaDVD
oct
Centenario de Carole Lombard
Pocos recordarán que Carole Lombard nació un 6 de octubre de 1908 y que hoy, por tanto, es el día de su centenario. Muchos, sin embargo, sabrán que el ‘ángel profano’ falleció en un accidente aéreo el 16 de enero de 1942. Lombard viajaba con su madre y otros veinte pasajeros en un avión de la TWA que había despegado de Fort Wayne, Indiana, donde la actriz había contribuido a la venta de bonos para financiar el despliegue estadounidense en la Segunda Guerra Mundial.
Al despedirse de la multitud, Lombard había pedido una gran ovación por la victoria sobre el nazismo. Sólo unas horas después, su avión se estrellaba en Table Rock Mountain, Nevada. Algunas versiones apuntan que su madre le había pedido no subir al avión porque tenía un mal presentimiento; versión cogida con pinzas si tenemos en cuenta que las leyendas sobre el Hollywood trágico estaban a la orden del día. Por otro lado, sí es cierto que Clark Gable, agarró una depresión de caballo de la que se recuperó alistándose al ejército en homenaje a su esposa.
Jane Alice Peters -así se llamaba la Lombard- murió con 33 años. Ni siquiera pudo asistir al estreno de su última película, que también fue la mejor: Ser o no ser, la comedia bélica de Ernst Lubitsch. Antes, Carole había conseguido una nominación al Oscar por Al servicio de las damas (1936), mostró su belleza e inteligencia en musicales y melodramas, y tuvo tiempo para un breve matrimonio con otro actor en boga: William Powell. Hoy le recordamos por su centenario, pero de nuevo caemos en la desgracia de su pérdida. A ver si un día de estos le hacemos justicia.
Vía | El rayo que no cesa




(3 votos, Promedio: 4.33 de 5) 













