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ene

‘La noche del demonio’ (1957)

La noche del demonio

La ambigüedad entre lo racional y lo sobrenatural es una constante en el cine de ese fantástico director que fue Jacques Tourneur. Así, gran parte del éxito que tuvieron sus películas de bajo presupuesto consistió en diseñar historias que mantenían al espectador con la duda de saber si realmente había una explicación lógica para los sucesos que vivían los personajes. Valgan como ejemplos la felina interpretación de Simone Simon en ‘La mujer pantera’ (1942) o la magia negra de ‘Yo anduve con un zombie’ (1943). Incluso una obra puramente noir como ‘Retorno al pasado’ (1947) se desarrolla en una bruma soñolienta que deriva en una violenta pesadilla.

Por ello -y porque así lo atestiguan sus biógrafos- es seguro que Tourneur no pudo rodar ‘La noche del demonio’ (1957) como a él le habría gustado. Atado por las imposiciones del productor ejecutivo, Hal E. Chester, el director parisino tuvo que transigir con la inclusión de dos escenas en las que se revela la naturaleza del terror que persigue a los protagonistas. Chester quiso que el público viera lo irreal y con ello se cargó esa reseñada ambigüedad que tanto atractivo daba a los filmes de Tourneur… Por no hablar de que esta decisión ha hecho envejecer la película mucho más rápido y mucho peor que cualquiera de sus predecesoras. Y eso que la historia original, el relato ‘Casting the Runes’ de M.R. James, parecía hecha a medida de Tourneur.

‘La noche del demonio’ tiene como personaje central al doctor John Holden (Dana Andrews), un afamado psiquiatra estadounidense que viaja a Londres para asistir a un congreso en el que se debatirá sobre las sectas que veneran al demonio y que lo invocan mediante ritos ascentrales. El doctor Holden está absolutamente convencido de que los gurús de la magia negra se aprovechan de la credulidad de sus seguidores y de que la ciencia es capaz de tumbar cualquier teoría paranormal. Pero su llegada a Londres coincide con la muerte de otro psiquiatra que tenía su misma opinión; una muerte complicada de explicar, detrás de la cual parece estar un apóstol del diablo llamado Julian Karswell (Niall MacGinnis).


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abr

‘Incidente en Ox-Bow’ (1943)

Incidente en Ox-Bow (1942)

La historia ha demostrado que las leyendas del Lejano Oeste son, casi siempre, falsas. Un mito que el cine se empeñó en expandir durante la primera mitad del siglo XX, creando un género que dio lugar a grandiosas películas, sin que por ello se cimenten en una base real. Basta con revisar las estadísticas de muerte por arma de fuego en la época de los cowboys para comprobar que el Oeste de los Estados Unidos no era tan salvaje como lo pintaban.

Lo que sí estaba más a la orden del día, tanto en las polvorientas calles de Texas como en el corazón de Nueva York, eran los linchamientos. Al hablar de Furia, de Fritz Lang, ya dijimos que entre 1887 y 1936 se produjeron seis mil ataques contra individuos que presuntamente habían cometido un crimen, de los cuales apenas 800 terminaron en juicios contra la vengativa multitud.

Este viejo problema del ojo por ojo motivó al escritor Walter Van Tilburg Clark a publicar una novela titulada Incidente en Ox-Bow. En ella, un grupo de violentos vecinos persigue a los supuestos ladrones de una partida de ganado que, en su huída, habrían asesinado al dueño de las reses. Coroneles resentidos por la reciente Guerra Civil, vaqueros desocupados, mujeres dominantes y hombres pusilánimes emprenden una caza suicida por las frías montañas de Nevada, hasta que topan con tres individuos a los que reconocen inmediatamente como los criminales. Cualquier indicio de culpabilidad, sea o no contrastado, es utilizado en su contra. La cuestión es sentir el placer de tomarse la justicia por su mano.


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ene

Centenario de Dana Andrews

Dana Andrews

En primer lugar, Plumas de Caballo quiere felicitar el nuevo año a todos sus lectores y desear que se cumplan todos vuestros deseos durante el 2009 que acaba de comenzar. Ya sabéis que aquí sois bienvenidos.

En segundo lugar, recordar que el año comienza con una efeméride importante: el centenario del actor Dana Andrews, nacido en Covington County, Mississippi, el 1 de enero de 1909. Nunca fue una estrella de primera fila pero siempre estuvo ahí, protagonizando películas importantes como Los mejores años de nuestra vida (1946); aunque donde estuvo realmente insuperable fue en la mítica Laura (1944), una joya del cine negro que pertenece al reino de los sueños. Directores de la talla de John Ford, Otto Preminger o Fritz Lang contaron con sus servicios. Además, Dana fue un hombre comprometido: presidió la Asociación de Actores entre 1962 y 1965, denunció las humillaciones a las que eran sometidas las aspirantes a actriz y colaboró en campañas para prevenir el alcoholismo.

Y en tercer lugar, avisaros de que Plumas de Caballo se toma unas pequeñas vacaciones coincidiendo con los primeros días del año. Volveremos a estar con vosotros el próximo 7 de enero. Hasta entonces, ¡disfrutad de todo el cine clásico que podáis!

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oct

‘¿Ángel o diablo?’ (1945)

¿Ángel o diablo?

Si hoy fuera el 5 de diciembre de 1945 y estuviésemos en la piel de Dana Andrews, seguramente estaríamos tomando un café bien caliente en el bar de Pop, que nos miraría desde la barra con su habitual cara de preocupación. A nuestra izquierda habría un hombre de mal carácter, un policía obligado a vivir en aquel pueblo de mala muerte para no agravar sus problemas de salud. Al fondo del bar, una jukebox repetiría la misma canción una y otra vez: Slowly, interpretada con voz de barítono por Dick Haymes sobre la música de David Raksin. Y, en cualquier momento, todavía despeinada por el último achuchón de su amante, Stella haría acto de presencia para dejarnos de piedra con su altiva sensualidad.

Tan acogedora resulta la escena que plasmó Otto Preminger en la gran pantalla, que es inevitable empezar esta crítica con ella. Hablamos de la película ¿Ángel o diablo?, un título menor dentro del cine negro americano -también dentro de la filmografía de Preminger- pero rodado con muchísima elegancia y varios puntos de acidez.

La historia arranca con la llegada de Eric Stanton (Dana Andrews) a un pequeño pueblo de la costa Oeste. Arruinado y sin trabajo, utiliza sus dotes de relaciones públicas para ayudar a una pareja de farsantes que engaña al público en una sesión de espiritismo. Cuando éstos se marchan, Stanton decide alargar su estancia en el pueblo. ¿El motivo? La boquita de piñón de Stella (Linda Darnell), camarera del bar de Pop, con la que inicia una relación muy pasional. Pero ella está harta de sus continuos amantes; quiere a alguien que la saque de aquel tugurio, casarse y formar una familia. Stanton pierde la cabeza al saber que, sin dinero, no podrá tenerla; por eso se casa con la hija del ex alcalde y pide un poco de tiempo a Stella.


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