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‘Marty’ (1955)
He de reconocer que tenía un mal presentimiento con Marty. El DVD llevaba varios meses pasando de una estantería a otra, sin que me decidiera a ponerlo. Siempre había otra película clásica que me parecía más interesante por descubrir o por revisar. Pero con 35 grados a la sombra uno quiere algo fresquito y ligero, y si va acompañado de ocho nominaciones al Oscar (con premios a la mejor película, al mejor actor principal y al mejor director), parece que nada puede fallar. El caso es que Marty fue un gran remedio contra el calor porque me dejó… frío.
A lo mejor es que había aborrecido el film antes de verlo por la buena prensa que tiene. Es posible; todas las críticas son subjetivas y el contexto en que ves una película influye más de lo que nos pensamos. Pero por más vueltas que le doy y más méritos que intento encontrarle, no conecté con Marty.
El argumento es de una sencillez aplastante. Marty (Ernest Borgnine) es el patito feo de una familia de raíces italianas afincada en Nueva York. Tiene 34 años, trabaja como carnicero y es el único de seis hermanos que todavía no ha conocido el amor. Cada sábado por la noche intenta ligar con alguna chica, pero todas le rechazan por su falta de atractivo físico.
Marty debe luchar contra su complejo y, además, soportar la presión de quienes le instan a casarse de una vez por todas, empezando por su madre. Hasta que, por fin, le sonríe la fortuna. De forma totalmente casual conoce a Clara Snyder (Betsy Blair), una joven profesora de Brooklyn que se encuentra en una situación parecida: ni viste a la moda, ni tiene un rostro hermoso, ni sabe mover las caderas de manera sensual. Los dos adefesios (como gustan de llamarse) se enamoran a pesar del rechazo que provocan en la hipócrita sociedad que les rodea, incluyendo a amigos y familiares.












