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‘De aquí a la eternidad’ (1953)

Probablemente el momento cumbre de ese excepcional director llamado Fred Zinnemann tuvo lugar a principios de los años cincuenta, cuando encadenó de manera consecutiva los rodajes de ‘Solo ante el peligro’ y ‘De aquí a la eternidad’. Primero se saltó las reglas del western, poniendo en duda la heroicidad de sus protagonistas y haciendo paralelismos entre la caza de brujas que se vivía en Hollywood y la infinita soledad que sentía Gary Cooper cada vez que miraba el reloj. Después se alzaría con el Oscar al Mejor Director por este melodrama bélico protagonizado por Burt Lancaster, Montgomery Clift, Deborah Kerr, Donna Reed y Frank Sinatra.
‘De aquí a la eternidad’ se desarrolla en los cuarteles militares de Hawái durante los meses previos al bombardeo japonés sobre la base de Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941. Pero el guión de Daniel Taradash -a partir de la novela de James Jones- deja el ataque nipón en un tercer plano, como epílogo residual de una historia romántica en la que hay sitio para la pasión, la lealtad, la humillación y la venganza.
Burt Lancaster encarna al sargento Milton Warden, un ex combatiente que disfruta de la tranquila vida de despacho gestionando los asuntos de su superior, el capitán Holmes (Philip Ober). Warden trata con disciplina a sus hombres aunque todos le tienen gran admiración porque es un hombre justo. Pero Warden también tiene sus secretos, y el mayor de todos es que mantiene un affair con Karen (Deborah Kerr), la esposa del capitán. Para la historia del cine ha quedado la bucólica escena del beso en la playa, en la que Lancaster y Kerr son arropados por las olas. Todavía hoy hay quien se queja de Kerr por su poco sex appeal, pero quién mejor que ella habría hecho el papel de mujer altiva, despechada, enroscada en el gigantesco torso de Lancaster. Está fantástica.
Un día llega al cuartel del sargento Warden un joven introvertido que quiere alistarse a toda costa después de abandonar -no se sabe por qué- su cómodo puesto de corneta. Su nombre es Robert E. Lee Prewitt (Montgomery Clift) y poco a poco vamos conociendo los hechos que le llevaron a tomar esa decisión. Prewitt debe aguantar un sinfín de humillaciones consentidas por el capitán Holmes simplemente porque no quiere apuntarse a un campeonato de boxeo. Las tres únicas personas que le comprenden son Warden, el bocazas Angelo Maggio (Frank Sinatra) y la hermosa Lorene (Donna Reed). Clift realiza una de sus habituales interpretaciones de personajes atormentados, llenos de sutilezas, de impulsos que luchan por salir al exterior, además de protagonizar las dos escenas más emotivas de la película: dos solos de corneta que ponen la carne de gallina.
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‘Letters of Note’, la correspondencia de las estrellas
La blogosfera es tan grande que puedes encontrar cualquier cosa. Los internautas están dispuestos a escribir sobre temas de todo tipo o a sacar adelante proyectos aparentemente inviables, pero que luego resultan la mar de interesantes. Sin ir más lejos, ‘El País’ publicaba la semana pasada un reportaje sobre Marlon Brando basándose en unas cartas que el actor había enviado al dramaturgo Tennessee Williams (“El éxito es una verdadera y sutil prostituta”, decía tras el rodaje ‘Un tranvía llamado deseo’). En dicho reportaje se citaba como fuente el blog Letters of Note, de Shaun Usher, y la curiosidad cinéfila me impulsó a buscar más cartas de las estrellas del cine clásico. Por aquí os dejo un resumen, pero os recomiendo que vayáis directamente al blog y los leáis allí, entre otras cosas porque encontraréis los manuscritos escaneados. ¡Que aproveche!
Fred Astaire a la revista ‘Playboy’. 22 de diciembre de 1961. El actor expresa su “sorpresa” por el uso indebido de una fotografía en la que aparece sosteniendo una copa de champagne para brindar por el Año Nuevo. A Fred no le gustaba el champagne ni tenía ninguna otra bebida favorita, de ahí que rechazara en varias ocasiones la utilización de su imagen. Pero parece que en ‘Playboy’ no tuvieron muy en cuenta sus quejas; terminaron publicando una foto promocional de la película ‘The Pleasure of His Company’ sin acordarse de que Astaire sólo sostenía la copa por exigencias del guión.
El teniente Norman Klinker a Donna Reed. 12 de abril de 1943. Durante la Segunda Guerra Mundial, las pin-ups de Hollywood recibían miles de cartas de los soldados que estaban en el frente. Norman Klinker, destinado en el norte de África, tuvo la suerte de que Donna Reed –pareja de James Stewart en ‘¡Qué bello es vivir!’– le respondiera. En agradecimiento, Klinker volvió a escribirle: “Te prometo que la guerra es más dura, sangrienta y sucia que en las películas.” El teniente jamás volvió a ver a Donna Reed en el cine, puesto que cayó en acto de servicio el 6 de enero de 1944.



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