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El cine clásico de ‘Precious’
A estas alturas supongo que muchos de vosotros ya habréis visto ‘Precious’. Si no, deberíais reservar un par de horas el próximo fin de semana. Aunque solo sea por las tremendas interpretaciones de las actrices Mo’Nique y Gabby Sibide, merece la pena. No sé si peca de lacrimógena; los expertos dicen que sí, pero todavía no he leído a ninguno que proponga una solución alternativa para esta durísima historia. Es imperfecta, pero transmite autenticidad. En fin, que si el Oscar recae en alguna de las dos protagonistas o en la categoría de Mejor Guión Adaptado, no seré yo quien levante la mano para protestar (y eso que cualquiera de las otras nominadas -excepto la sobrevalorada ‘In the loop’- sería justa vencedora).
Pero no traemos ‘Precious’ a Plumas de Caballo para romper una lanza a su favor, sino para centrarnos en una escena de la película en la cual el cine clásico es el protagonista. Creo que no os voy a chafar nada relevante pero, por si acaso, os pongo el aviso de SPOILER.
Una noche, en la tétrica y pestilente vivienda donde le ha tocado crecer, Precious se interesa por una película en blanco y negro que dan por la tele (curiosamente, en versión original italiana). Adivinamos los rostros de Sophia Loren y Eleonora Brown en el film de Vittorio de Sica ‘Dos mujeres’ (‘La ciociara’, 1960), que dejó para la historia tres detalles imborrables: el sube y baja del trasero de la Loren, que tropieza con las piedras del camino mientras es jaleada por los pasajeros de un tren en vía muerta; el Oscar que se llevó la propia Loren por encarnar a la inquebrantable Cesira; y la secuencia que Precious ve en su diminuta pantalla: la violación de Rosetta (Eleonora Brown) en una iglesia en ruinas.
Desconozco si esta referencia a ‘Dos mujeres’ aparece en el libro en el que se basa ‘Precious’. Pero, si no es así, es evidente que el director Lee Daniels escogió dicha escena con toda la intención del mundo. Precious ignora que está viendo una obra cumbre del neorrealismo italiano; a sus 17 años, apenas sabe leer y escribir. Sin embargo, se reconoce en el sufrimiento de Rosetta y lo vive como propio, de ahí su interés por el film. Daniels nos deja sin saber qué pasó en los minutos siguientes pero, haciendo un esfuerzo, podemos imaginar que Precious siguió ahí, clavada en el sofá, con el monstruo de su madre roncando, inspirándose en Rosetta para estirar un poco más la esperanza de cambiar de vida.
Sí, definitivamente hay que ver ‘Precious’. Y también ‘Dos mujeres’.












