nov
‘Cuando ruge la marabunta’ (1954)
No es la primera ni la segunda vez que os cuento que ‘Cuando ruge la marabunta’ fue una de las películas que más me impactaron cuando era un mocoso (hace cuatro días). Bueno, donde digo “impactaron” quizá sería más correcto decir “acojonaron”, porque esa fue la sensación que tuve cuando la pantalla de mi tele se llenó de millones de hormigas asesinas que parecían dispuestas a invadir mi comedor. Pero también recuerdo que me lo pasé en grande viendo esta película, y ese disfrute se ha mantenido en visionados posteriores. Así que pido perdón de antemano porque estoy absolutamente condicionado a la hora de escribir estas líneas; si las críticas son subjetivas de por sí, ésta lo es más que ninguna de las que hayáis podido leer hasta ahora en Plumas de Caballo.
La Paramount produjo ‘Cuando ruge la marabunta’ a partir de un relato corto de Carl Stephenson que ya se había adaptado a la radio en 1948. La historia, titulada originalmente ‘Leiningen vs. the Ants’, era un caramelo para explotar las virtudes del Technicolor: se ubicaba en la selva del Amazonas, tenía una trama amorosa con macho dominante y hembra rebelde, había pintorescos indígenas que practicaban siniestros rituales y, por supuesto, hormigas; diminutos soldados que arrasaban con todo a su paso y que no provenían del espacio exterior, sino que existían (y existen) en la vida real. En definitiva, una aventura muy del gusto de la época.
El rodaje tuvo lugar en el verano de 1953, según tengo entendido en localizaciones bastante menos exóticas que las descritas (en concreto, en un pueblo del estado de Tennessee). Su director fue Byron Haskin, un especialista del género que ya había dirigido las adaptaciones de ‘La isla del tesoro’ (1950) o ‘La guerra de los mundos’ (1953) y que tenía mucha experiencia como encargado de efectos especiales. Puede que su mayor reto en ‘Cuando ruge la marabunta’ no fuera dirigir a las hormigas, sino conseguir que el improbable romance entre un ser misógino y salvaje como el señor Leiningen (Charlton Heston) y una refinada mujercita de Nueva Orleans (Eleanor Parker) tuviera credibilidad. Y a fe que lo consiguió, con la inestimable ayuda de los guionistas Ranald MacDougall, Ben Madow y Philip Yordan (todos ellos nominados al Oscar en varias ocasiones; Yordan lo ganó en 1955 por el guión de ‘Lanza rota’).
feb
Ciclo Cara de Poker: ‘El hombre del brazo de oro’ (1955)
Abrimos un nuevo ciclo en Plumas de Caballo. Os recuerdo que por ahí anda el especial de Historia de los Oscars, que espero terminar antes de jubilarme (próximamente, el último capítulo de la gala de 1929). Pero aún nos quedan energías para dar el pistoletazo de salida a otra sección, dedicada fundamentalmente a las partidas de poker más interesantes del cine clásico. Bienvenidos pues a nuestro ciclo Cara de Poker.
La primera timba que vamos a desmenuzar es la que protagonizó Frank Sinatra en ‘El hombre del brazo de oro’, película de gran calidad dirigida por Otto Preminger en 1955 y que contó con dos actrices espectaculares en su reparto: Kim Novak y Eleanor Parker, además del entrañable Arnold Stang. Es una cinta sórdida, que trata el infierno de las drogas con la crudeza que permitía la censura de la época y en la que Sinatra encarna a Frankie Machine, un jugador dotado de una habilidad extraordinaria para desplumar a sus rivales, lo que le convierte en el arma favorita de quienes le explotan sin compasión a cambio de una dosis.
El local donde tienen lugar los juegos de poker -justo enfrente de la casa de Machine- es igualmente tétrico. Se accede por una puerta trasera, apenas hay iluminación y el humo de los cigarrillos genera una espesa niebla mientras el sudor empapa las camisas de los jugadores. Frankie, que ejerce de banquero, reta a uno o varios apostantes y les vacía los bolsillos poco a poco, sin prisa pero sin pausa, como si supiera en cada momento qué cartas de la baraja está repartiendo y cuáles tienen cada uno de sus oponentes. Finalmente, cuando a éstos ya no les queda ni el orgullo, la partida se da por acabada y Frankie recibe una pequeña cantidad de dinero por los servicios prestados.
La timba principal de ‘El hombre del brazo de oro’ enfrenta a Frankie con dos mafiosos de altos vuelos que creen que podrán hacer picadillo a ese flacucho banquero por muy bueno que sea manoseando la baraja. Y una vez más, Frankie parece salirse con la suya, venciendo con facilidad las primeras rondas, amasando una verdadera fortuna en un par de horas.














